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Lacan - "La Instancia de la letra en el inconsciente o la razón desde Freud" - Comunicación III - Cátedra: Caletti

LACAN: LA INSTANCIA DE LA LETRA EN EL INCONCIENTE O LA RAZÓN DESDE FREUD

Es toda la estructura del lenguaje lo que la experiencia psicoanalítica descubre en el inconsciente.

El inconsciente es la sede de los sentidos.

Letra = soporte material que el discurso concreto toma del lenguaje.

El lenguaje, con su estructura pre-existe a la entrada que hace en el cada sujeto en un momento de su desarrollo mental.

El algoritmo Significante sobre Significado funda la disciplina lingüística. El sobre responde a la barra que separa sus dos etapas. Saussure.

No hay ninguna significación que se sostenga si no es por la referencia a otra significación.

La constitución del objeto solo se encuentra al nivel el concepto, muy diferente de cualquier nominativo. La cosa, se reduce al nombre.

No se dejará de fracasar hasta que no nos desprendamos de la ilusión de que el significante responde a la función de representar el significado, que el significante deba responder de su existencia a título de una significación cualquiera. Este error conduce al lógico-positivismo en la búsqueda del sentido del sentido.

El significante entra en el significado bajo una forma que, no siendo inmaterial, plantea la cuestión de su lugar en la realidad; el lugar respectivo del significante y del significado y no seguir hasta el centro radiante desde donde el primero viene a reflejar su luz en la tiniebla de las significaciones inacabadas.

El algoritmo es pura función del significante que revela una estructura de significante articulado. Esto quiere decir que sus unidades están sometidas a la doble condición de reducirse a elementos diferenciales últimos y de componerlos según las leyes de un orden cerrado.

Estos elementos, descubrimiento decisivo de la lingüística, son los fonemas, en los que no hay que buscar ninguna constancia fonética en la variabilidad modulatoria, sino el sistema sincrónico de los acoplamientos diferenciales que presentifican válidamente lo que llamamos letra = la estructura esencialmente localizada del significante.

Con la segunda propiedad del significante de componerse según las leyes de un orden cerrado, se afirma la necesidad del sustrato topológico del que da una aproximación el término de cadena significante.

Tales son las condiciones que determinan el orden de las imbricaciones constituyentes del significante hasta la unidad inmediatamente superior a la frase, como el léxico, hasta la locución verbal.

Las correlaciones del significante al significante dan el patrón de toda búsqueda de significación.

El significante anticipa siempre el sentido desplegando en cierto modo ante el mismo su dimensión.

Es en la cadena del significante donde el sentido insiste, pero ninguno de los elementos de la cadena consiste en la significación de la que es capaz en el momento mismo.

Se impone la noción de un deslizamiento incesante del significado bajo el significante.

La linealidad que Saussure considera como constituyente de la cadena del discurso no es suficiente.

El significante no puede operar si no es estando presente en el sujeto. Ha pasado al nivel del significado.

La función propiamente significante es la metonimia = sentido figurado, la parte tomada por el todo.

La otra vertiente del campo efectivo que constituye el significante, para que el sentido tome su lugar, es la metáfora.

Toda conjunción de dos significantes sería equivalente para constituir una metáfora. La chispa creadora de la metáfora brota entre dos significantes de los cuales uno se ha sustituido al otro tomando su lugar en la cadena significante, mientras el significante oculto sigue presente por su conexión (metonímica) con el resto de la cadena.

Una palabra por otra, tal es la fórmula de la metáfora.

La metáfora se coloca en el punto preciso donde el sentido se produce en el sinsentido.

Freud tuvo la revelación de que las pretensiones del espíritu permanecerían irreductibles si la letra no hubiese dado pruebas de que produce todos sus efectos de verdad en el hombre, sin que el espíritu intervenga en ello lo más mínimo. A su descubrimiento, Freud, lo llamó el inconsciente.

La letra en el inconsciente
El sueño es un jeroglífico, acertijo, que hay que entender al pie de la letra. En él se articula y se analiza el significante en el discurso. Las imágenes del sueño no han de retenerse si no es por su valor de significante. La estructura de lenguaje que hace posible la operación de la lectura, está en el principio de la significancia del sueño.

Freud explica que ese valor de significante de la imagen, no tiene nada que ver con su significación.

La transposición, en la que Freud muestra la precondición general de la función del sueño, es lo que se ha designado con Saussure como el deslizamiento del significado bajo el significante, siempre en acción (inconsciente) en el discurso.

La condensación es la estructura de sobreimposición de los significantes donde toma su campo la metáfora.
El desplazamiento, ese viraje de la significación que la metonimia demuestra, se presenta como el medio del inconsciente, más apropiado, para burlar a la censura.

El sueño es semejante a ese juego de salón en el que hay que hacer adivinar a los espectadores un enunciado conocido o su variante por medio únicamente de una puesta en escena muda.

El sueño sigue las leyes del significante. El resto de la elaboración es designado por Freud como secundario. Su rasgo distintivo, dado que estas fantasías pueden permanecer inconscientes, es efectivamente su significación. De estos, Freud nos dice que su lugar en el sueño consiste en ser tomados en él, como elementos significantes para el enunciado del pensamiento inconsciente.

Si los psicoanalistas se vieron exclusivamente fascinados por las significaciones detectadas en el inconsciente, es porque sacaban su atractivo más secreto de la dialéctica que parecía serles inmanente.
El análisis toma hoy sus puntos de referencia en esas formas imaginarias, mezclándolas en la interpretación del sueño con la liberación visionaria de la pajarera jeroglífica, una especie de scanning de esas formas allí donde aparezcan, con la idea de que estas son testimonio del agotamiento de las regresiones tanto como del remodelado de la relación de objeto en que se supone que el sujeto se tipifica.

En el análisis del sueño, Freud no pretende darnos otra cosa que las leyes del inconsciente en su extensión más general.

La eficiencia del inconsciente no se detiene al despertar. La experiencia psicoanalítica consiste en establecer que el inconsciente no deja ninguna de nuestras acciones fuera de su campo. La motivación inconsciente se manifiesta tanto por efectos psíquicos conscientes como por efectos psíquicos inconscientes.

La tópica que define el inconsciente es la misma que define el algoritmo antes mencionado. De la incidencia del significante sobre el significado se muestran los efectos repartidos según dos estructuras fundamentales: la metonimia y la metáfora. La primer indica que es la conexión del significante con el significante la que permite la elisión por la cual el significante instala la carencia de ser en la relación de objeto. La barra sobre marca la irreductibilidad en que se constituye en las relaciones del significante con el significado la resistencia de la significación. La estructura metafórica indica que es en la sustitución del significante por el significante donde se produce un efecto de significación.

La noción de sujeto es indispensable para el manejo de una ciencia como la estrategia en el sentido moderno. No se trata de saber si hablo de mí mismo de manera conforme con lo que soy, sino si cuando hablo de mí, soy el mismo que aquel del que hablo. El pensamiento consiste, según Freud en aquellos mecanismos significantes que entran en juego en el inconsciente.

El juego significante de la metonimia y la metáfora se juega hasta que termine la partida, en su inexorable finura, allí donde no soy porque no puedo situarme.

Todo realismo en la creación toma su virtud de la metonimia, así como a ese otro de que el sentido solo entrega su acceso al doble codo de la metáfora, cuando se tiene su clave única: la significación y el significante del algoritmo saussureano no están en el mismo plano, y el hombre se engañaba creyéndose colocado en su eje común que no está en ninguna parte.

Para interpretar el inconsciente como Freud habría que ser como él, una enciclopedia de las artes y de las musas.

El inconsciente no es lo primordial, ni lo instintual, y lo único elemental que conoce son los elementos del significante.


La letra y el otro

La finalidad que propone al hombre el descubrimiento de Freud fue definida por el en el apogeo de su pensamiento: Donde estuvo (fue) ello, tengo que advenir yo.

Si se desconoce la excentricidad radical de si a si mismo con la que se enfrenta el hombre, dicho de otra manera, la verdad descubierta por Freud, se hallará en cuanto al orden y las vias de la mediación pscicoanalitica.

¿Cuál es ese otro con el cual estoy más ligado que conmigo mismo, puesto que en el seno de mi identidad es el quién me agita?

El inconsciente es el discurso del otro, donde se anuda el reconocimiento del deseo con el deseo de reconocimiento.

Con la aparicion del lenguaje emerge la dimension de la verdad.

La relación del hombre con el significante cambia el curso de la historia modificando las amarras de su ser. Es por esto qe el freudismo es capaz de entrever los cambios que hemos vivido en nuestra propia vida como constituyendo una revolucion inasible pero radical.
Freud, mediante su descubrimiento, hizo entrar dentro del círculo de la ciencia esa frontera entre el objeto y el ser que parecía señalar su límite.



Resumen 2:

El sentido de la letra: es toda la estructura del lenguaje lo que la experiencia psicoanalítica descubre en el inconsciente. Llamamos letra el soporte material que el discurso concreto toma del lenguaje. Esto supone que el lenguaje no se confunde con las diversas funciones somáticas y psíquicas que le estorban en el sujeto hablante. Por la razón primera de que el lenguaje con su estructura pre-existe a la entrada que hace en él cada sujeto en un momento de su desarrollo mental.

El lenguaje conquistó allí efectivamente en la experiencia su estatuto de objeto científico. Este es el hecho por el cual la lingüística se presenta encabezando una nueva clasificación de las ciencias que marca una revolución del conocimiento: las necesidades de la comunicación. Para nosotros la lingüística es el estudio de las lenguas existentes en su estructura y en las leyes que en ella se revelan, esto deja afuera la teoría de los códigos abstractos impropiamente colocada bajo la rúbrica de la teoría de la comunicación, la teoría de la información, incluso toda semiología más o menos generalizada. Para señalar la emergencia de la disciplina lingüística en el momento constituyente de un algoritmo que la funda: S/s. Esto se lee así: significante sobre significado, el signo así descripto es atribuido a Saussure. La temática de la lingüística queda suspendida desde ese momento de la posición primordial del significante y de la amplitud de su función en la génesis del significado. No hay ninguna significación que se sostenga si no es por la referencia a otra significación: llegando a tocar en caso extremo la observación de que no hay lengua existente para la cual se plantee la cuestión de su insuficiencia para cubrir el campo del significado ya que es un efecto de su existencia de lengua el que responda a todas las necesidades.

Con la superación del Edipo se da un corte con la primer etapa que nunca cierra totalmente, esta fase queda latente y reaparece en lo inconsciente. Esta es la relación entre el imaginario y lo simbólico. Debemos desprendernos de la ilusión de que el significante responde a la función de representar al significado, que el significante deba responder de su existencia a título de una significación cualquiera. Esta falacia conduce al lógico-positivismo en la búsqueda del sentido del sentido. Para captar la función del algoritmo presentado empezaré por producir la ilustración errónea con la cual se introduce su uso en forma clásica:

- Arbol (dibujo de un árbol). Acá se ve cómo se favorece la dirección errónea antes indicada. La sustituiré por otra que se puede considerar como más correcta entendiéndola como una exageración en la dimensión incongruente a la que el psicoanalista no ha renunciado todavía del todo:

- Caballeros/Damas (dibujo de una puerta dibujo de una puerta). Acá se ve sin extender demasiado el alcance del significante interesado en la experiencia o sea redoblando únicamente la especie nominal sólo por la yuxtaposición (juntar) de dos términos cuyo sentido complementario parece deber consolidarse por ella. Se produce la sorpresa de una precipitación del sentido inesperada: en la imagen de las dos puertas gemelas que simbolizan los baños. Este ejemplo desarma el modelo nominalista y muestra como el significante entra de hecho en el significado bajo una forma material que plantea la cuestión de su lugar en la realidad. Queda por definir que debe atravesar el significante que es aquí visible en los plurales. La estructura del significante es, como se dice del lenguaje, que sea articulado. Esto quiere decir que sus unidades están sometidas a la doble condición de reducirse a elementos diferenciales últimos y de componerlos según las leyes de un orden cerrado.

Con la segunda propiedad del significante de componerse según las leyes de un orden cerrado se afirma la necesidad del sustrato topológico del que da una aproximación el término de cadena significante que yo utilizo ordinariamente: anillos cuyo collar se sella en el anillo de otro collar hecho también de anillos. Tales son las condiciones de estructura que determinan como gramática el orden de las imbricaciones constituyentes del significante hasta la unidad inmediatamente superior a la frase; como léxico, el orden de los englobamientos constituyentes del significante hasta la locución verbal.
Es fácil en los límites en que se detienen estas dos empresas de aprehensión del uso de una lengua, darse cuenta de que sólo las correlaciones del significante al significante dan en ellas el patrón de toda búsqueda de significación. El significante por su naturaleza anticipa siempre el sentido desplegado en cierto modo ante él mismo su dimensión. Es en la cadena del significante donde el sentido insiste pero ninguno de los elementos de la cadena consiste en la significación de la que es capaz el momento mismo. La noción de deslizamiento incesante del significado bajo el significante se impone.

Lo que descubre esta estructura de la cadena significante es la posibilidad que tengo, por la característica de la lengua ser común a todos los sujetos, de usarla para significar otra cosa que lo que ella dice. Esta función es más digna de subrayarse en la palabra que la de disfrazar el pensamiento del sujeto: es a saber la de indicar el lugar de ese sujeto en la búsqueda de lo verdadero. La función propiamente significante que se describe así en el lenguaje tiene un nombre que es metonimia. La parte tomada por el todo, la metonimia se apoya en la conexión palabra a palabra. Con ella designamos la primera vertiente del campo efectivo que constituye el significante: para que el sentido tome allí su lugar. La segunda vertiente es la metáfora: su chispa no brota por poner en presencia dos significantes igualmente actualizados sino que se produce entre dos significantes de los cuales uno se ha sustituido al otro tomando su lugar en la cadena significante mientras que el significante oculto sigue presente por su conexión metonímica con el resto de la cadena. Una palabra por otra es la fórmula de la metáfora.

La letra en el inconsciente: Las dos vertientes de la incidencia del significante sobre el significado vuelven a encontrarse allí: la Verdichtung o condensación es la estructura de sobre-imposición de los significantes donde toma su campo la metáfora y cuyo nombre indica la connaturalidad del mecanismo a la poesía hasta el punto de que envuelve la función propiamente tradicional de esta. La Verschiebung o desplazamiento es ese viraje de la significación que la metonimia demuestra y que desde su aparición en Freud se presenta como el medio del inconsciente más apropiado para burlar a la censura. Lo que distingue a estos dos mecanismos es una condición impuesta al material significante que puede llamarse deferencia a los medios de la puesta en escena.

Metonimia: es la conexión del significante con el significante la que permite la elisión por la cual el significante instala la carencia de ser en la relación de objeto, utilizando el valor de remisión de la significación para llenarlo con el deseo vivo que apunta hacia esa carencia a la que sostiene. El signo – situado entre ( ) manifiesta aquí el mantenimiento de la barra – que en el primer algoritmo marca la irreductibilidad en que se constituye en las relaciones del significante con el significado, la resistencia de la significación.

Metáfora: la estructura metafórica, indicando que es en la sustitución del significante por el significante donde se produce un efecto de significación que es de poesía o de creación, dicho de otra manera de advenimiento de la significación en cuestión. Podemos suponer ahora que la inclinación del espejo plano está dirigida por la voz del otro. Esto no existe a nivel del estadio del espejo sino que se ha realizado posteriormente en nuestra relación con el otro en su conjunto: la relación simbólica. Pueden comprender entonces que la regulación de lo imaginario depende de algo que está situado de modo trascendente en esta ocasión es el vínculo simbólico entre los seres humanos.

Vínculo simbólico: Socialmente nos definimos por intermedio de una ley. Situamos a través del intercambio de símbolos, nuestros diferentes yos los unos respecto de los otros. Estamos en determinada relación simbólica que es compleja según los diferentes planos en que nos coloquemos. La relación simbólica define la posición del sujeto como vidente. La palabra, la función simbólica, define el mayor o menor grado de perfección, de completitud, de aproximación de lo imaginario. La distinción se efectúa en esta representación entre el ideal-ich y el ich-ideal, entre yo ideal e ideal del yo. El ideal del yo dirige el juego de relaciones de las que depende toda relación con el otro, y de esta relación con el otro depende el carácter más o menos satisfactorio de la estructuración imaginaria. Semejante esquema ilustra que lo imaginario y lo real actúan al mismo nivel.


¿Cuál es mi deseo? ¿Cuál es mi posición en la estructuración imaginaria? Esta posición sólo puede concebirse en la medida en que haya un guía que esté más allá de lo imaginario a nivel del plano simbólico, del intercambio legal, que sólo puede encarnarse a través del intercambio verbal entre los seres humanos. Ese guía que dirige al sujeto es el ideal del yo. La distinción es absolutamente esencial y nos permite concebir lo que ocurre en el análisis en el plano imaginario y que se llama transferencia. El amor es un fenómeno que ocurre a nivel de lo imaginario y que provoca una verdadera subducción de lo simbólico, como una anulación, una perturbación de la función del ideal del yo. El ich-ideal, el ideal del yo, es el otro en tanto hablante, el otro en tanto tiene conmigo una relación simbólica, sublimada, que en nuestro manejo dinámico es a la vez semejante y diferente a la libido imaginaria. El intercambio simbólico es lo que vincula entre sí a los seres humanos, o sea la palabra, y en tanto tal permite identificar al sujeto. No hay aquí metáfora: el símbolo da lugar a seres inteligentes, como dice Hegel. El ich-ideal en tanto hablante puede llegar a situarse en el mundo de los objetos a nivel del ideal-ich o sea en el nivel donde puede producirse esa captación narcisística con que Freud nos machaca los oídos en su texto.

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