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Historia del Movimiento Obrero Nacional e Internacional - Resúmenes - Unidad 3 - Parte 1

UNIDAD 3 PARTE 1

ISIDORO CHERESSKY. “Sindicatos y fuerzas políticas en la Argentina preperonista, 1930-1943”

Las características del período son aparentemente contradictorias: por una parte se consolida una organización sindical como la Asociación de los Trabajadores en función de la defensa de sus salarios y condiciones de trabajo y por otra parte la relación del sindicato con el Estado y los políticos toma  un peso decisivo.
La idea gremial del sindicalismo toma vigencia en la constitución de la C.G.T. porque se fusionan la COA y la USA  poco tiempo después del golpe de Estado que lleva al gobierno al Gral. Uriburu.
En la primera fase (1930/1935), una mayoría de sindicalistas promueve la no politización de los sindicatos y ser neutrales frente al Gobierno.
En la segunda fase (1936/1943), hay una hegemonía al menos formal, de adherentes y simpatizantes al Partido Socialista. Esta predominancia se debe a la persistencia del control de la Unión Ferroviaria.

PERÍODO 1930-1935

La C.G.T. se constituye formalmente el 27/09/30. Su objetivo  era lograr la unión de fuerzas sobre una base puramente gremial, independiente de partidos políticos y agrupaciones ideológicas.
En este periodo impera la ley marcial y el Estado de Sitio. Miles de trabajadores son detenidos, algunos de ellos confinados y decenas de los mismos son expulsados del país por la aplicación de la Ley de Residencia (Ley 4144). El Comité Pro Presos que crea la CGT y la inclusión de reivindicaciones antirepresivas en los programas sindicales no alcanzan a contrarrestar la imagen de pasividad que se desprende de sus primeros años de existencia.
En la actividad puramente sindical la acción de la C.G.T. no fue exitosa: busca participar en organismos estatales y luchar en su seno a la influencia de las organizaciones patronales. Dos obstáculos mayores se oponen al éxito de esta línea: en primer lugar la coyuntura de crisis con efectos desmovilizadores sobre los trabajadores y en segundo lugar la ausencia de una disposición gubernamental a realizar una política social para negociar con los sindicatos. Pese a que el inicio de los treinta marca una extensión del área estatal, expresión de los cual son las juntas y comisiones de las que participa la CGT, se mantienen a la vez una política liberal y autoritaria hacia el movimiento obrero. 
Pese a la represión e indiferencia ante la cuestión social, el Estado parece aceptar la inclusión de los sindicatos: por ejemplo, la C.G.T. y la U.F. disponen de espacios radiofónicos por los que se dirigen a sus adherentes. La naciente institucionalización no trajo mejoras generales, por el contrario, la situación de la clase obrera empeoró en los primeros años de la década. Y tuvo como consecuencia recesión económica con un elevado índice de desocupación en la industria y en otras actividades.
Esta presión de la oferta en el mercado de trabajo y el debilitamiento de los sindicatos fue aprovechado por la burguesía para rebajar los salarios y, con ayuda del Gobierno, para ignorar la leyes ya existentes. Los sectores que se movilizan lo hacen al margen de la CGT, esta separación entre movilizados y federados se produce también en los años subsiguientes.
La frustración del activismo obrero incidirá en el cambio de orientación y dirección en el movimiento obrero, que se producirá a mediados de la década. El momento culminante de la crisis de la corriente sindicalista se produce cuando la critica de la minoría socialista alcanza su bastión de entonces, la Unión Ferroviaria.
Los que opinan sobre la no politización se ven desacreditados ya que la exigencia de un papel político de la C.G.T. en alianza con los partidos democráticos se ve justificada.
Las luchas entre socialistas y sindicalistas van a lo largo de los años '34 y '35 finalizando en diciembre del '35 con la ocupación por la fuerza del local confederal y la destitución de la Comisión Directiva por  los sindicatos más importantes.
Crece la presencia socialista en el escenario gremial. En los años treinta se reactiva la Comisión Socialista de Información Gremial (CSIG). Se comienzan a reunir regularmente los socialistas miembros de la Comisión Administrativa (CA) de los Sindicatos, para coordinar su acción. Se publican periódicos específicos en algunos gremios.
El Partidos Socialista debilitado por la escisión “de derecha” de 1928, se beneficia luego con el golpe. En las elecciones legislativas de 1931 los socialistas ganan la mayoría en la Capital Federal y la minoría en la provincia de Buenos Aires, transformándose en los líderes de la oposición. En el ínterin, la masa de adherentes se duplica. Pero luego la expansión partidaria se detiene, porque aparece otra política sindical. Esta nueva alternativa satisface la presión de la minoría clasista que critica el parlamentarismo y aspira a transformar la organización en un partido obrero y ofensivo.
Los desacuerdos entre el Partido Socialista y los líderes sindicales comienzan a tomar estado público en 1932. El PS propone a la CGT una coordinación de actividades “en Pro de las libertades y derechos populares”. La CGT aparentemente acepta la propuesta pero en realidad la revierte.
A mediados de 1933, la Fraternidad ingresa a la CGT reforzándose así las posiciones socialistas.
Por parte del socialista se denuncia la existencia de proyectos fascistas en la propia Confederación.
Finalmente, en un clima exasperado se reúne, el Comité Confederal; se efectuaran varias sesiones para tratar el tema. El debate concluye, en el Comité Federal con una declaración en que se ratifican las posiciones mayoritarias: autonomía de la organización sindical, rechazo de las alianzas políticas, definición de la CGT como institución de “índole esencialmente económica”, y coincidentemente con esa definición, aconseja evitar el fascismo (que es designado alusivamente como una de las formas de reacción capitalista) atacando sus causa, que en esta perspectiva no puede ser otra que económica, es decir, suscitando un vasto movimiento para superar la desocupación.
Los sindicalistas se presentan como una alternativa más revolucionaria y más eficaz frente al fascismo. Durante 1934, los dirigentes confederales procuran retomar la iniciativa. Para descalificar la acusación de pasividad y canalizar la reactivación del movimiento obrero, que se produce en ese año, lanzan el Plan de Emergencia, acompañado de un programa de actos públicos y giras al interior del país. Pero la disputa por el poder desencadenada en la central sindical, transita en parte por vías burocráticas.
A lo largo del enfrentamiento entre socialistas y sindicalistas, las posiciones antagónicas cristalizan en el Comité Confederal en beneficio de la corriente sindicalista que cuenta con una amplia mayoría. Varios afiliados socialistas reniegan de su identidad política para apoyar las posiciones mayoritarias.
Pese a la ficción de democracia formar de la “década infame”, los socialistas habían logrado, entre 1932 y 1936, sancionar por vía legislativa o municipal disposiciones jurídicas favorables a algunos sindicatos, los logros de los empleados de comercio habían sido particularmente resonantes.
En 1935, a medida que los socialistas se consolidan en los sindicatos, la posición sindicalista se hace más rígida. Los sindicalistas intentaban mantener su control en la cúspide, ero poco después fueron desalojados por la fuerza, acusado de procedimientos antidemocráticos contra los sindicatos mayoritarios.
La dirección sindicalista de la CGT, desprestigiada en razón de las orientaciones por momentos obsecuentes frente a los Gobiernos de Uriburu y Justo, se habían aislado de los soportes más amplios a los que su posición doctrinaria podía aspirar. Por ello, las posiciones sindicalistas persistían y reaparecerán más allá de la derrota de su expresión circunstancial.
Para los socialistas, lo decisivo a mediados de la década es el éxito relativo de la táctica parlamentaria, pero esta disminuirá luego.
A fines de 1935 hay formalmente 2 CGT, pero la sindicalista, minoritaria, retomará en ocasión de su congreso de 1937 la denominación USA.

PERÍODO 1936-1943

A lo largo de este período el papel político de la C.G.T. y del sindicalismo en general se acrecienta. El nuevo lugar que ocupa en la escena política está posibilitado por la crisis del sistema político, lo que invita a formar alternativas en las que un movimiento obrero en proceso de institucionalización podría jugar un papel. Sin embargo los factores de debilidad ya estaban presentes y hacia el final, en 1943 se manifestaron al apurar la división de la CGT.

El papel Político de la CGT
Hay un gran crecimiento industrial con menos adherentes y la diferencia entre sindicalizados y no sindicalizados crece. La constitución de la C.G.T. en el Congreso realizado en marzo del  '36 se hace sobre bases que atribuyen un papel político al sindicalismo.
El acto de celebración del 1º de Mayo del '36 es ilustrativo de la nueva fase. Es la primera vez en la década que la fecha se celebra con un acto de masas y es la 1º vez en la historia del sindicalismo argentino que se asocian en la convocatoria junto a la C.G.T., los gremios autónomos, los partidos políticos democráticos y las asociaciones estudiantiles.
En 1938 el Comité Central Confederal de la CGT promueve un boicot al consumo de productos provenientes de países totalitarios. Si bien la eficacia de tal medida debe haber sido limitada, su adopción indica una fuerte identificación con las democracias occidentales.
La celebración del 1º de mayo de 1938 con un gran acto de masas se hace con el mismo espíritu internacionalista combinado con una reorientación de los objetivos politos nacionales, se trata ahora de alentar la democratización, objetivo que se atribuye al gobierno de R. Ortiz triunfante en las elecciones presidenciales de 1937, quien por entonces parece dispuesto a romper con el continuismo fraudulento.
En abril de 1939, cuando el presidente de la Nación decide investigar la infiltración nazi en el país, la CA reacciona expresando públicamente “su simpatía y solidaridad al señor presidente Ortiz, por su actuación”, y propone al CCC la realización de una gran manifestación de argentinidad: la realización un paro general para esta ocasión. El PE prohibió el acto y consideró que esas circunstancias el paro se hacía innecesario; la CGT por su parte se limitó a acatar la decisión gubernamental.
Los socialistas, siendo en general partidarios de una acción legal y ordenada habían adoptado desde el inicio de la década una posición de colaboración crítica y apoyaron las iniciativas antifascistas y democratizantes de Ortiz.
Los comunistas en cambio, habían llegado a posiciones democratizantes luego de haber sufrido un cambio importante de su línea en Argentina, como en todo el mundo, inspirado por las resoluciones del 7mo. Congreso de la Tercera Internacional.
El Partido Comunista Argentino habiendo partido de una línea de frente popular promotora de movilizaciones, como las que se practicaron en ocasión de la primera huelga de la construcción y del paro de solidaridad de enero del '36, evoluciona hacia posiciones democráticas liberales. El acercamiento de los comunistas al socialismo, al sistema político y finalmente al Gobierno, tiene su relación con el movimiento obrero. A inicios de 1936 se disuelve el Comité de la Unidad Sindical clasista y los sindicatos que lo integran se adhieren a la CGT.
El comunismo es una fuerza institucional en ascenso. La firma del pacto entre la URSS y Alemania en agosto del '39, conmueve las bases de la unidad sindical y política en el país. El Partido Comunista abandona sus posiciones democrático liberales y califica a la guerra que se inicia pocas semanas después de interimperialista, propiciando actitudes neutrales en el movimiento obrero y en el país. Esta posición influye sobre la C.G.T. que, en su declaración del 1º de mayo de 1940, adoptó una posición pacifista y anticapitalista. Pero el 16 de Mayo, el Comité Central Confederal  se reunió para rectificar esa línea y por lo tanto el enfrentamiento entre comunistas y no comunistas se acentuó paralizando el funcionamiento del Comité Central Confederal (C.C.C.) por un largo período.
El 1º de Mayo de 1941 la C.G.T. postuló por primera vez un verdadero programa político nacional "tendiente a combatir la desocupación obrera y la carestía de la vida", pero los temas antifascistas han desaparecido.
La ideología socialista y la perspectiva social demócrata en la Argentina entró en crisis. Esta división entre socialistas es el primer acto del liderazgo sindical; después del golpe de junio del '43 muchos dirigentes de corrientes políticas existentes se convertirán al peronismo, y hasta cierto punto lo crearán. Se produce una crisis de la ideología socialista en el liderazgo sindical que abarca grandes dimensiones: en primer lugar la perspectiva global para el movimiento obrero y el papel que se atribuye la propia organización partidaria; en segundo lugar, la subordinación del movimiento obrero y el papel secundario de los líderes sindicales ahora insostenible.
A los socialistas argentinos, a diferencia de la social democracia clásica, les desagradaba la aparición diferenciada de la clase obrera. Se buscaba transformar las bases del sindicalismo, incorporando a los profesionales a la C.G.T., creando una amalgama que se esperaba fuese más propicia a su influencia.
En octubre del '42 se reúne el C.C.C.; la división entre los socialistas se hizo pública, aunque no fue definitiva. El grupo leal a la dirección partidaria se une a los comunistas para derrotar al núcleo gremialista. Como resultado de la alianza socialista-comunista ahora mayoritaria, el C.C.C. compromete nuevamente a la C.G.T. en iniciativas político nacionales. Cuando el C.C.C. se reúne en el '43 para elegir a la Comisión Administrativa, la delegación ferroviaria votando en bloque y sumados todos los sufragios de sus aliados, intentan imponer nuevamente su dominio con una lista encabezada por Domenech. Los miembros del Confederal se oponen a esta solución y dan por electa a su propia lista que consagra en la Secretaría a Angel Borlenghi. Ambas fracciones solicitan su reconocimiento respondiendo respectivamente a las designaciones de C.G.T. Nº 1 y C.G.T. Nº 2.


HIROSHI MATSUSHITA. “Movimiento obrero argentino 1930-1945”

INTRODUCCIÓN
Se puede afirmar que el Peronismo que llegó al poder en 1946 era un movimiento con bases populares muy amplias, que se apoyaba en diversos sectores sociales desde niveles altos hasta los más bajos de la sociedad, y también tenía una orientación mas marcadamente nacionalista que los gobiernos anteriores. Perón sube a la presidencia en el '46 y según Germani el movimiento obrero en la década del '30 estaba compuesto por obreros viejos calificados y con fuerte conocimiento sindical y obreros nuevos no calificados y con bases sindicales los cuales eran muy manipulables, además de traer los valores "criollos" del campo.
Esta forma de ver las cosas dio lugar a 2 tendencias:

1. La interpretación ortodoxa: decía que las causas de que Perón haya ganado eran por cierta participación de los obreros tradicionales y por el éxodo de los obreros del campo que venían a la ciudad a causa de que en la misma estaban las industrias; sostiene el protagonismo de los "nuevos" obreros en la formación del movimiento peronista. “Enfatiza la industrialización y el consiguiente traslado de masas rurales a la ciudad, considera un carácter manipulativo de Perón hacia esta masa migrante disponible.”

2. La interpretación revisionista: las causas fueron por cierta participación de los obreros nuevos y además porque la masa obrera estaba en estado miserable tanto política como económicamente. Le da particular importancia a la participación de los obreros tradicionales en la formación del movimiento peronista.

“Pone el acento en la condición objetiva deplorable de los obreros, y una decisión autónoma de estos en la adhesión al peronismo.”
Según Smith: trataba de medir la correlación estadística entre el factor migrante y el voto peronista, llego a la conclusión de que Perón consiguió el apoyo electoral de la clase obrera vieja y no de los migrantes recientes del campo ala ciudad.
La adhesión de los obreros fue por la miseria económica que estaban atravesando.
Según Portantiero: entre el 43 y el 46, los obreros tradicionales jugaron un rol importante en la formación del peronismo. Había un grupo de obreros con cierta experiencia sindical que apoyaban a Perón. Las industrias avanzaban y los obreros eran explotados, sin estar acompañados de una política social adecuada, consideran la adhesión al peronismo como una reacción a su situación.
Las diferencias entre las posiciones ortodoxas y revisionistas no eran tan grandes como parecen, ya que los ortodoxos reconocen cierta participación de los obreros tradicionales, mientras los revisionistas admiten también la participación de los obreros nuevos.
Es un hacho innegable que una gran parte de los obreros tantos viejos como nuevos apoyaba a Perón en 1945.
La adhesión al peronismo puede considerarse como actitud oportunista por parte de los dirigentes obreros, ya que durante dicho periodo se notaba una creciente conciencia nacional en la clase obrera, con lo cual podría haber preparado el terreno para participar en el movimiento con carácter nacionalista.

Capítulo IX: “Perón y las organizaciones obreras 1943-45”

Las Relaciones entre el Gobierno militar y el Movimiento Obrero en el período inicial 


En el movimiento obrero tuvo más repercusión la Revolución del '43 que la del '30. Tanto la CGT Nº 1 como la CGT Nº 2 recibieron con agrado la Revolución.
A la CGT Nº 1 le interesaba la relación interamericana y a la C.G.T. Nº 2 le interesaba la Revolución porque estaba en desacuerdo con el gobierno de Castillo, el fraude electoral y que no hacía nada por la carestía de vida que imperaba en ese momento.
Pero la alegría de la CGT 2 duró muy poco, puesto que el gobierno comenzó a arrestar a todos los dirigentes comunistas y sindicalistas, mostrando así el anticomunismo del GOU, en el '43, el año en que asume la revolución se deshace la CGT 2, a pesar de sus intentos por acercarse al gobierno. Estos proponían una adhesión “franca y leal”, esto constituye una prueba del avance de la “politización” del movimiento obrero.
Como la CGT 1 se llevaba mejor con el Gobierno, ya que comparten el anticomunismo. Éste le pide que reorganice al movimiento obrero (unidad obrera) a lo que la central obrera contestó que lo haría pero que si tenía que permitir el ingreso a comunistas preferiría no hacerlo, pero sin embargo, se insistió en la necesidad de una unidad obrera, expresando de que ninguna manera la unidad serviría para hacer crecer a los comunistas puesto que el Gobierno estaba empeñado en destruir sus organizaciones. Luego aceptó la propuesta. Se dictaron cláusulas como por ejemplo que los que había sido líderes en la CGT 2 debían dejar sus cargos para pasar a formar parte de la CGT 1. La CGT 1 trato de hacer la unidad quitando la fuerza de los elementos comunistas.
Las buenas relaciones de la CGT 1 y el Gobierno tampoco duraron mucho, ya que  el gobierno acentuaba cada vez más su control sobre el movimiento obrero. Uno de los problemas fue la promulgación del decreto de Asociaciones Profesionales que contenía cláusulas restrictivas al movimiento obrero, tal como la exclusión de todo postulado o ideología contraria a nuestra nacionalidad, prohibición de participación en la acción política, prohibición de agremiación de menores de 18 años y la restricción de los extranjeros en los cargos directivos en el gremio. El otro problema fue la intervención de la Unión Ferroviaria y de La Fraternidad, la conducción de Domenech y González fue cuestionada por el interventor, por irregularidades en la administración. Los integrantes de la Unión terminaron renunciando a la CGT.
En una reunión en la que se decidía si la Comisión Administrativa seguía o no, algunos miembros decían que debía renunciar. Entonces dicha Comisión llevó su central a la Tranviaria y al día siguiente votaría que debía seguir pero eligieron a Ramón Seijas como Secretario General. Esto provocó que la CGT estuviera en una actitud más crítica al gobierno.
Había una creciente inquietud, la política del gobierno de controlar el movimiento obrero y conseguir su apoyo a través de medidas restrictivas y algunas políticas tendientes a favorecer a los obreros no daban fruto. El gobierno necesitaba un cambio en este campo y el que se encargo de esta tarea fue Perón.

Perón y su concepto de armonía de clases
Perón era una de las figuras principales de la GOU, inmediatamente después de la revolución ocupo el cargo de jefe de Secretaria del Ministerio de Guerra. Allí se relacionó con Mercante (Ministro de guerra) quien mantenía estrechas relaciones con los dirigentes obreros de La Fraternidad y de la Unión Ferroviaria (UF) comenzando así su conexión con los dirigentes obreros. En octubre del ’43 asume la presidencia del  Dpto. Nacional del Trabajo. Para Perón la lucha política era lo mismo que la lucha militar, económica, etc. y el poderío militar de un país no sólo depende de su fuerza militar sino de la suma de todas sus fuerzas. Perón no ocultó sus odios contra los partidos de izquierda. Hacia 1932 ya se veía en germen el anticomunismo de Perón en la década del 40`, y su exaltación de la unión del pueblo era un paso hacia el concepto de la armonía de clases, ya que tal concepto era una de las medidas que aseguraría la unión del pueblo en el terreno social, en franco contraste con la teoría de la lucha de clases. Buscó suprimir la lucha de clases y suplantarla por un acuerdo entre obreros y patrones, al amparo de la justicia que emana del Estado.
Su concepto de armonía de clases se adecuaba como teoría social al concepto de Unión del Pueblo en que hacía hincapié la teoría de la nación en armas.
Perón hizo varias concesiones a los obreros, aparte de su ambición política esto se debió a tres causas:
  • Perón era partidario de dar importancia al apoyo de las masas a la revolución de junio;
  • Perón consideraba que para frenar el avance del comunismo era necesario suprimir sus causas, es decir el capitalismo salvaje, tales como el privilegio y la injusticia social. Él sintió la necesidad de hacer mas concesiones a los obreros para que “no haya hombre excesivamente ricos ni hombres excesivamente pobres”.
  • Una política de rígido control sobre el movimiento obrero había resultado ineficaz. Perón pudo realizar una política más a favor de los obreros.
La asunción e Perón a la presidencia del Departamento Nacional del Trabajo, significaba un cambio en la política laboral del gobierno y la aparición de una nueva orientación mas dispuesta a escuchar los reclamos obreros como medio de conseguir su apoyo.

Acercamiento de Perón a la Unión Ferroviaria

La Unión Ferroviaria, intervenida por el Cnel. Mercante, era uno de los gremios más grandes. Por lo tanto, conseguir su apoyo para el gobierno tenia mucha importancia para tratar con el resto del movimiento obrero. El gremio no estaba influido tanto ideológicamente como los gremios comunistas y en parte los socialistas. Estaba poco “politizado” pero mucho menos “ideologizado”, y en el seno del mismo pronto apareció un grupo dispuesto a colaborar con el gobierno. Además sus reclamos eran más moderados, pedían aumento de sueldos, vivienda digna, libertad de afiliación y creación de un Ministerio de Trabajo.
Perón y Mercante buscaban destruir la desconfianza de los obreros hacia la política del Gobierno. La designación de Mercante como interventor de la U.F. y la Fraternidad, constituía una medida encaminada a tal propósito.
Con respecto a la CGT, Mercante permite la reincorporación de la UF, la CGT acepta a los delegados ferroviarios y designa una comisión Pro - Unidad Sindical compuesta por 6 ferroviarios y 6 de la CGT. La CGT vuelva a funcionar bajo el liderazgo de la UF y un mes después Mercante permite la reintegración de La Fraternidad a la CGT.
El 27 de noviembre de 1943 se crea la Secretaría de Trabajo y Previsión, Perón asume en diciembre. Una de las primeras medidas fue la suspensión de los efectos del decreto 2.669 de Asociaciones Profesionales.
Todo esto estimuló a los ferroviarios quienes hicieron una asamblea en Rosario para homenajear a Perón quien acudió a la reunión junto a Mercante, Seijas y el secretariado de la CGT y en donde fue proclamado por Domenech como "El 1er. Trabajador".

Conflicto dentro de la C.G.T. en Mayo de 1944  
Después de la reincorporación de la UF y La Fraternidad a la CGT, la posición de la central se hizo más sólida y acentuó su postura democrática. El 3/3/44 la CGT decidió presentar una nota al Presidente de la República, en la cual solicitaba el cese de la intervención a la UF y a La Fraternidad, y abogaba por un movimiento obrero independiente y libre de todo tutela, y exigía la libertad de los presos sociales y reapertura de los locales obreros clausurados. Creció la tensión entre el Gobierno y la CGT. El 28/4 Mercante retira a los representantes de la UF de la CGT. La CGT quedó muy reducida y dependiendo de la Unión de tranviarios.

La mayor parte de los dirigentes obreros seguían siendo hostiles a Perón para mayo de 1944, de ahí el intento de festejar el 1º de Mayo con el nombre de “Desfile de la libertad”, en cooperación de la USA, la CGT y algunos miembros autónomos, era una prueba elocuente de la oposición obrera contra la política de Perón. Sus lemas eran: "Por la democracia, por la solidaridad americana y por la unidad obrera", pero este plan no se concretó por la prohibición policial.

El gobierno invitó a la CGT a participar en el acto para el 24 de mayo de 1944. El propósito del gobierno era evidente, pues con la adhesión a ese acto quería darle una impresión de apoyo popular. La invitación causó polémica dentro de la CA de la CGT. El conflicto se manifestaba entre el grupo que quería mantener el principio tradicional de independencia del movimiento obrero y el grupo que aceptaba la participación de la central. Finalmente se decidió la concurrencia. Jacinto Oddone señala que a partir de ese momento "terminaba el movimiento libre y auténtico". Estaba formándose una nueva relación entre el gobierno y el movimiento obrero con carácter más político y con la adhesión de este último al primero.

Lo que los obreros buscaban con la participación política antes de 1943 no era un gobierno militar, sino que esperaban realizar la democracia del país y también lograr la cooperación interamericana, es especial con Norteamérica. Sin embargo, el gobierno de Farrel constituido en febrero de 1944 con una actitud más neutralista frente a la 2GM, fue enfrentado por EEUU, se retiraron embajadores; ante esto la CGT reaccionó declarando su oposición a toda presión ejercida desde el exterior contra la voluntad nacional.

 

Rasgos principales de la política de Perón en 1944

Debido a la oposición que tenía dentro del movimiento obrero, Perón tuvo que apelar a una política de concesión de beneficios, pero al mismo tiempo aplicó una política represiva y así lo demuestra la intervención de la UOM en junio de 1944 y la persecución a los comunistas desde 1943. Las líneas que acentuaban la politización del movimiento obrero con ideología (comunismo o socialismo) fueron aplastadas. Dentro de esta política de concesiones se encontraban:
  1. Aumento de salarios y fijación de salarios mínimos.
  2. Mejoramiento de las condiciones de trabajo (jubilación, previsión social, jornada de trabajo).
  3. Participación obrera en la Secretaría de Trabajo.
  4. Estatuto del Peón (1944)
  5. Creación de tribunales de trabajo (participación obrera en la oficina de problemas laborales).
Los principales beneficiados de la política laboral de Perón entre 1943/1945 fueron los obreros organizados. Gino Germani, opina que si bien en el sector no agremiado la participación sindical era inexistente, bajo el sistema de previsión social de Perón, los obreros podían recibir los mismos beneficios aunque no estuviesen agremiados. Doyon, critica la interpretación de Germani, señalando que las concesiones  más importantes tantos económicas como profesionales, las obtuvieron aquellos sectores que ya estaban organizados.
Aunque es difícil precisar hasta que clase de obreros alcanzaban los beneficios de la política laboral de Perón, de 1943 a 1945 parece evidente que los principales beneficiados fueron los obreros organizados. En primer lugar, porque el método de Perón era escuchar y satisfacer reclamos presentados por los gremios organizados. En segundo lugar, esta preferencia favoreció el incremento en el número de afiliados a los gremios preexistentes y también el crecimiento de los sindicatos.
Perón sabía la importancia de las organizaciones obreras y por eso se esforzaba tanto por conseguir el apoyo de los dirigentes de las mismas.

Aumento del apoyo obrero a Perón
A medida que Perón intensificaba su campaña pro-trabajadores en la segunda mitad del '44, poco a poco aumentaba el número de sindicatos que expresaban su apoyo al Gobierno. La excepción era la Confederación General de Empleados de Comercio que ocupaba el tercer lugar en cuanto a su importancia (1º la UF, 2º FONC), por eso es que Perón intentó conseguir el apoyo de Borlenghi quien estaba relacionado con  el Partido Socialista. A cambio del decreto de jubilación para los empleados de comercio Borlenghi aceptó manifestarse a favor del gobierno. Perón consiguió otro apoyo importante en las filas de la U.S.A. el apoyo brindado por Luis Gay (ex secretario general de la U.S.A. y de la F.O.E.T.)
Además de este anhelo de participación política, a medida que crecía el apoyo obrero a lo largo de 1944, los obreros llegaron a aceptar ciertos criterios de Perón en cuanto a armonía de clases y su actitud nacionalista.
A través de la política social de Perón se habían dado las condiciones adecuadas para la alianza de las fuerzas del capital y las fuerzas del trabajo.
El nacionalismo propugnado por Perón era muy moderado, esto se ve en su concepto de capital y capital extranjero, uno que seria de instrumento de dominación económica y el otro útil y beneficioso. Tal criterio era casi idéntico al de los socialistas que no se oponían a la entrada de capitales extranjeros, pero si a su abuso. El nacionalismo que propugnaba Perón no era una novedad para los obreros, sino que coincidía con la conciencia nacional que los obreros habían ido adquiriendo.
Parece evidente que el deseo de participación política de los obreros y la conciencia nacional registrada antes de 1943 sirvieron para facilitar el establecimiento de las relaciones entre Perón y los obreros, que implicaba una participación política de obreros en forma de franco apoyo al gobierno.

La relación con lo obreros y los Partidos Socialistas y Comunistas
El PS, ni el PC pudieron ofrecer resistencia a las políticas sociales de Perón. En el caso del PS, el problema radicaba en su debilidad estructural con respecto al movimiento obrero. El Partido, de acuerdo con el principio de la independencia entre lo gremial y lo político, dejaba a los obreros socialistas actuar libremente en el campo sindical. Entonces, los líderes socialistas carecían de autoridad para hacer objetar a sus afiliados las mejoras ofrecidas por Perón.
En cuanto al PC, que consideraban que lo gremial debía estar al servicio de lo político, su debilidad estuvo en su incapacidad organizativa (excepto la FONC, no lograron organizar gremios que abarcaran una parte considerable de obreros en una rama de la industria) provocada, en parte, por la persecución gubernamental y por la alta movilidad social.
La cusa del fracaso de ambos partidos, en evitar la adhesión obrera a Perón, debe encontrarse mas que en  factores circunstanciales que atribuyen a la prioridad concedida al esfuerzo de la guerra  y debido a este el consiguiente abandono de la lucha por las reivindicaciones obreras, debe atribuirse a la debilidad estructural y organizativa de ambos partidos, debilidad condicionada, en cierta medida, por la alta movilidad social que caracterizaba a Argentina.

La CGT frente al "Manifiesto del Comercio y la Industria"

A medida que Perón conseguía el apoyo obrero, fue incrementándose la oposición patronal a su política (es espacial la UIA). La discrepancia entre Perón y los industriales se origina en las diferencias respecto al conocimiento del peligro comunista. Los industriales no veían el peligro comunista del que hablaba Perón. Desde el punto de vista patronal, no había motivos suficientes para aceptar la política de pro - laboral de Perón. En especial, al entrar el año 1945, la actitud de los patrones se hizo cada vez más intransigente.
Un despido masivo en unos frigoríficos de La Plata y Rosario, provocó el levantamiento de la clase obrera, evidenciando la creciente tensión entre el capital y el trabajo.
En todos los diarios el 16-6-44 se publicó el manifiesto del Comercio y la Industria en donde firmaron 300 entidades en repudio al Depto. Nacional del Trabajo como causante de la "agitación social". Los gremios se lo tomaron a mal. El 2-7-44 la CGT formó una comisión administrativa Provisoria incorporando a los grandes gremios.  Además el 12/7 la comisión de unidad sindical de la CGT organizó un mitin "contra la reacción capitalista" "por la participación activa y directa de los trabajadores en la solución de los problemas sociales, económicos y políticos del país". La CGT acentuaba su ataque contra los capitalistas, en vez de propugnar la armonía de clases. Perón también acentuaba más que antes su tendencia pro - laboral.
Esta aspiración de los obreros de participación política fue aprovechada por Perón para tener su propio partido para postularse en 1946 con el partido laborista quien recabo a los obreros su participación política.
La CGT reivindicaba el derecho de ser presencia en la solución política, económica y social del país.

 

Las Organizaciones obreras en los sucesos de octubre de 1945

Con respecto a las jornadas del 9 al 17 de Octubre de 1945, hay dos versiones marcadamente opuestas:
  1. Acentúa la espontaneidad del movimiento obrero en especial del 17 de octubre, y por lo tanto se niega a adjudicarle importancia a la CGT y los sindicatos viejos. Germani el vocero más representativo. En esta versión se acentúa la participación de los obreros “nuevos” o “migrantes” como protagonistas de la jornada, no se les adjudica mucha importancia a los dirigentes y sindicatos viejos.
  2. Enfatiza el carácter organizativo de la jornada del 17 de octubre. Juan Carlos Torre fue uno de los voceros. En esta versión debido al carácter organizativo de la jornada, se acentúa la participación de los dirigentes y sindicatos viejos y tradicionales.
Estas diferencias de interpretación están relacionadas con el problema de cuales obreros apoyaban a Perón.
La concentración masiva en la Plaza de Mayo y la amenaza de la huelga general al día siguiente impactó a los opositores a Perón en la esfera gubernamental, provocando la renuncia de Avalos. Un poco antes de medianoche Perón, ya liberado, saludaba a la muchedumbre desde los balcones de la Casa Rosada. Al día siguiente se cumplió la orden de huelga general decretada por la CGT en todo el país. Evidentemente las organizaciones obreras cumplían un rol mucho más importante que lo que suponía Germani.
Se podría considerar que la jornada de Octubre no fue solamente una manifestación espontánea de los nuevos obreros, sino el resultado de la participación activa de los obreros y de los dirigentes tradicionales.
La CGT ha conquistado su triunfo más rotundo desde que existe como central de los trabajadores del país. No se puede negar cierta espontaneidad en la clase obrera, pero es evidente que la CGT respondía a esa espontaneidad y la canalizaba hacia una acción coordinada.

Creación del Partido Laborista y el Nacionalismo Obrero  - Elecciones Febrero 1946

Los seguidores de Perón tuvieron la necesidad de crear un partido y es así como nace el Partido Laborista en donde tuvieron mayor participación los viejos dirigentes. Luis Gay como Presidente, Luis Monsalvo como secretario, Luis Gonzales de la UF tesorero, Montiel como secretario de organización del interior.
Lo que realmente favoreció al Partido Laborista fue la magnitud de la movilización del 17 de Octubre que originó que la oposición fuera  una pequeña minoría compuesta por  un grupo reducido de sindicalistas, socialistas y comunistas. Con respecto a estos opositores por sus intereses comunes en la oposición a Perón, el grupo sindicalista tradicional se fue acercando al grupo comunista.
En la década del 30 el sindicalismo y el comunismo eran enemigos mortales, de donde es necesario buscar razones de este acercamiento. Es una consecuencia de la politización del movimiento obrero que rehuía un compromiso ideológico. El sindicalismo tradicional se opuso a la politización del movimiento y los comunistas, por otra parte, debido a su fuerte ideologización también negaban su adhesión a Perón. Sin embargo, además de la debilidad de los comunistas y los socialistas, el sindicalismo tradicional perdía su fuerza. En esta situación, el laborismo logro desarrollar su actividad proselitista con éxito, y contribuyo ampliamente al triunfo electoral de Perón en febrero de 1946.
Dentro de los aspectos no ideológicos de la adhesión de los obreros a Perón encontramos la idea del nacionalismo, el cual fue exaltado por la política de norteamericana (intervención de Bramen), recuperar la economía nacional, nacionalización del Banco Central, de los servicios públicos, fuentes minerales, independencia económica, oposición al imperialismo.
El movimiento obrero experimentaba la participación política, al tiempo que se identificaba cada vez más con la idea de independencia económica y política del país.
El triunfo de Perón significaba el de la línea que acentuaba la participación política con su sentimiento nacional. Lo importante es que tal deseo de participación y el sentimiento nacional no fueron impuestos por Perón, sino que ya existían en el movimiento obrero anterior a  1943.
Los dirigentes obreros que apoyaron desde el primer momento a Perón, debido a su experiencia sindical, no estaban libres de la ética de la independencia del movimiento obrero de la década del 30 y es por esto cuando Perón fue definiendo su carácter dictatorial necesitaba nuevos dirigentes o nuevos obreros que estaban ya libres de esa ética, y así dio comienzo el proceso de sustitución de los viejos dirigentes y obreros por los nuevos, producto de la migración.

Conclusiones
Los cambios en la orientación de los dirigentes obreros en los años 1930-1945, en especial su politización (deseo de participar políticamente) y su creciente conciencia social.
Se distinguen dos tipos de politización: a) uno fue motivado por las ideologías y por los intereses partidistas de los comunistas y una parte de los socialistas quienes intentaban vincular el movimiento obrero con el movimiento de los partidos políticos; b) era la motivada por la defensa de los intereses económicos de los obreros más que por su ideología o afiliación política, esta se dio por la situación agobiante económica de los obreros provocadas por la guerra, impulsaba a los dirigentes obreros a una participación más activa en política, como un medio de solucionar los problemas económicos. Buena parte de los socialistas apoyaban este tipo de politización.


LOUISE DOYON. La Organización del Movimiento Sindical Peronista (1946-1955)”

Estructura del sindicalismo peronista 
El modelo pre-peronista estableció el patrón para el sindicalismo luego de la llegada de Perón. Desde que surge en 1857 hasta el fin de la 1ra. Guerra Mundial, el movimiento obrero argentino se constituía por pequeños sindicatos de oficio, de poco poder económico; con bases locales y agrupando a los obreros artesanales como por ejemplo los carpinteros, imprenteros, zapateros, etc. Después de 1890 se formaron confederaciones regionales, pero los logros fueron individuales y muy esporádicos. La clase obrera no lograba insertarse en una sociedad dominada por intereses rurales.
A partir de 1920 estos sindicatos de oficio fueron gradualmente desplazados por sindicatos que agruparon trabajadores de transportes, comercio y servicios públicos los que adoptaron un sistema sindical industrial (por rama de actividad, independientemente del oficio, esta representada por un sindicato nacional único) para ser fuertes como la Unión Ferroviaria, ATE, Asociación Bancaria.  
La evolución estructural se vio también impulsada por la reorientación ideológica experimentada por los militantes obreros, resultado del desplazamiento gradual del liderazgo anarquista por líderes socialistas o sindicalistas. A pesar de agudas diferencias con respecto al papel político de los sindicatos (socialistas a favor de la participación en actividades partidarias y parlamentarias, sindicalistas opuestos a esto), estas dos corrientes coincidían en la necesidad de un movimiento Obrero unificado, apoyado en sólidas organizaciones nacionales. Fue bajo la creciente influencia de los militantes socialista que en 1930 se logro agrupar a los principales sindicatos en la CGT.
En la reestructuración del movimiento Sindical fue acelerándose en la década del 30 por la influencia ejercida por los militantes comunistas. Pieza central de la estrategia comunista es la creación de un partido político obrero fuerte, era la creencia de establecer sindicatos centralizados que constituyeron su principal apoyo.
Hacia 1940 el movimiento obrero esta dominado por numerosos sindicatos de tipo industrial, la mayoría los cuales se reagrupaban en una única confederación obrera.
Esta tradición de lucha por la consolidación de un movimiento obrero fue reforzada como consecuencia del régimen militar del 43.
En el año '43 con gobierno militar y con continuas peleas entre comunistas y socialistas, se paralizó el movimiento sindical  no pudiendo luchar contra la disolución de los sindicatos comunistas decidido por el régimen militar.
Dado que los sindicatos estaban divididos, con el apoyo de la Secretaria de Trabajo liderada por Perón  el movimiento obrero se comenzó a reunificar. Esto hizo que parte del liderazgo pre - peronista mantuviera el control en la organización de sindicatos.
Perón creía que si el Estado controlaba y satisfacía las necesidades de los obreros a corto plazo, a largo plazo las industrias iban a crecer conformando también a los capitalistas y que a corto plazo el mismo  Perón iba a  tener más apoyo de los obreros si satisfacía sus demandas. La creación de sindicatos fuertes y de nivel nacional bajo control político del gobierno, lograría la satisfacción de demandas obreras y a largo plazo las necesidades de un desarrollo económico capitalista.
Los líderes de la Secretaría de Trabajo eran muy pragmáticos y se apartaban de planes a largo plazo (a Perón no le gustaban los planes a largo plazo), y se opusieron a la sanción  de un conjunto  de principios que era impredecible en sus consecuencias. Perón creía que lo importante era dedicarse al problema de reconocimiento legal de los sindicatos pero sin embargo la presión de la oposición al régimen militar obligó a la Secretaría de Trabajo a aceptar las demandas laborales para asegurar su apoyo político.
El Decreto 23.852/45 de Asociaciones Profesionales de octubre del '45 fue testimonio del compromiso existente entre estos dos actores sociales pues aseguraba la rápida consolidación de sindicatos, dándoles  un rol importante en el mercado de trabajo. La centralización también ayudó para controlar a los sindicatos que a su vez tenían un papel político importante. Perón se respaldó en  los sindicatos que con este decreto pudieron formar un sindicato propio. Hacia mediados del '48 la mayoría de las organizaciones se reunían en una Confederación nacional única y a su vez los sindicatos industriales lograron consolidar posiciones entre los sectores obreros. El desarrollo tardío del desarrollo manufacturero permitió la adopción de técnicas mecánicas de producción que requería mano de obra no especializada o semi-especializada. Estas características de la industria argentina impidieron el desarrollo de una conciencia obrera de raíces artesanales y la emergencia de organizaciones centradas en la defensa del oficio profesional.
Esto no fue posible en la industria de la alimentación porque estaba conformada por una variedad muy grande de rubros (panaderos, carne, fideeros, vitivinícola, etc.) y sus actividades estaban dispersas en el país, tratando la C.G.T. de racionalizar la estructura de algunos sectores en el '49 pero no pudo.
Bajo el régimen peronista, aunque había excepciones, se puede decir que el movimiento obrero estuvo organizado por sindicatos industriales, logrando insertarse en las plantas industriales a través de comisiones internas. Estas comisiones eran una garantía para la implementación de la legislación laboral y de la comunicación entre el sindicato y los afiliados. Dado el grado de afiliación al sindicato, estas comisiones lograron un importante rol cuando surgía una huelga o trabajo a reglamento siendo un logro directamente ganado por las presiones ejercidas por los obreros y sus organizaciones.
Los patrones se opinan tenazmente al establecimiento de estas comisiones sindicales porque sabían muy bien que significaba el fin del control unilateral que ejercían sobre la vida laboral de la empresa.
En el '47 las comisiones lograron su legalidad aún con la fuerte oposición de los patrones aunque sin embargo no recibieron completa legalidad especificación  de sus acciones. No fueron incluidas en la Ley de Convenciones Colectivas de 1953 y fueron duramente atacadas en 1955 por la patronal en el Congreso de la Productividad.

La distribución del poder dentro del movimiento sindical 
Los sindicatos durante la época de Perón adoptaron una forma centralizada de conducción de los asuntos internos; las seccionales locales no tenían poder y la CGT controlaba a los sindicatos nacionales.
Durante los años 20 y 30 los sindicatos más importantes comenzaron a adoptar el modelo industrial de organización y crearon una forma centralizada de gobierno que despojaba a las secciones locales de las principales funciones sindicales, incluido el derecho de declarar la huelga y el de negociar acuerdos colectivos. A pesar de ello se respeto la integridad de la sección local como un cuerpo semiautónomo, lo que obligo a los lideres nacionales a mantener un dialogo constante con las seccionales, con vista a lograr consenso  en torno de las políticas a adoptar. La fortaleza de las organizaciones sindicales, obligadas a actuar en un ambiente hostil en el que representaban solo a una fracción de los obreros ocupados en una determinada actividad, dependía de la participación constante de los militantes sindicales sociales. La única excepción a esta regla fue la Unión Ferroviaria, el sindicato mas poderos del periodo peronista.
Bajo el régimen peronista, el limitado dialogo existente entre los lideres nacionales y locales se debilitó aun mas, tanto en los viejos sindicatos donde dicho intercambio había la norma, como en los nuevos. El reordenamiento de las relaciones en los sindicatos centralizados constituyó un cambio significativo.
El principal elemento que permitió a la dirección sindical central asegurarse el dominio sobre las seccionales locales fue el control de los fondos y el poder de intervención. La seccional dependía completamente del organismo nacional en cuanto a recursos financieros.
Bajo el régimen peronista, esta forma de control se vio fortalecida por el recurso frecuente al poder de destitución de los líderes locales.
El contexto político proporcionó un estímulo adicional para la centralización del poder sindical. La rápida incorporación de importantes sectores de trabajadores movilizados más el apoyo recibido por el estado, dieron por resultado la pronta consolidación de sindicatos nacionales y su institucionalización como representantes autorizados de los obreros en el sistema de producción. Las seccionales locales, al respaldarse casi por completo en la dirigencia nacional para la asistencia política y técnica en sus luchas contra la patronal, terminaron necesariamente aceptando su tutela.
Si bien pude afirmarse que la centralización operada en los sindicatos después de 1947 representó en cierta medida la aceleración de una tendencia preexistente, la nueva relación entre los sindicatos nacionales y la CGT constituyó una dramática ruptura de la tradición organizativa anterior. Durante el período pre – peronista los sindicatos, locales o nacionales, eran los principales centros de decisión. Su soberanía incluía el derecho a asociarse con otros sindicatos y la libertad de formar políticas que consideraran para la defensa de los obreros que representaban. Para 1947 se logró la unidad del movimiento, pero se mantuvo a costa de la autonomía de sus miembros. Ya en 1950 se podía afirmar que la C.G.T. representaba a la totalidad del movimiento obrero.
Bajo el régimen peronista el papel del la CGT ya no se limitó a coordinar las políticas de sus miembros, como lo había hecho hasta 1943. Desde un principio, asumió la función de mediadora entre los sindicatos y el Estado. Al sucumbir bajo el control de régimen, aquella función fue sustituyéndose pero nunca eliminada por un nuevo y mas represivo rol: el de ejecutar las políticas gubernamentales en el movimiento sindical.
En la CGT, después de 1946 la asignación de funciones se convirtió en una cuestión que respondía a las preferencias y necesidades del gobierno. El gradual distanciamiento de la dirigencia sindical de la realidad era cada vez mayor.
El viejo estatuto de 1935 no contemplaba la posibilidad de que la CGT interviniera a uno de sus miembros y entonces se hizo uno nuevo en 1950 que incluyó el poder de asumir la dirección de un sindicato por 90 días. Ningún sindicato puso oposición a esta cláusula porque eran concientes que la CGT actuaba como un agente estatal. Sin embargo, las discusiones mantenidas a propósito de la reforma estatutaria de 1950 revelaron el fuerte resentimiento de los dirigentes frente al uso de dicha sanción.
Los sindicatos y el movimiento obrero estaban ligados con el gobierno de Perón; muchos no creían que podía ser de otra manera y sin embargo algunos líderes sabían que pagaban un alto costo por esta alianza con Perón porque había muchas limitaciones en términos de integridad y seguridad, pero no se animaban a decirlo o admitirlo abiertamente.   

La burocratización de las organizaciones sindicales
La burocracia sindical es atribuida a la creciente rigidez de subordinación de los sindicatos después del '46 a las necesidades políticas del régimen, y su pasividad se debió a la cada vez mayor penetración del Estado en su vida política interna.
Bajo el régimen de Perón, el movimiento obrero argentino se convirtió en un movimiento de masas. Esta afiliación masiva, iniciada en 1946, engrosó a los sindicatos.
Después de 1950, cuando el proceso de sindicalización llega a su máximo, el movimiento obrero se encuentra ya dominado por organizaciones masivas que representaban a más de la mitad de los obreros organizados.
La creación de un gran número de sindicatos de masa, provoco una importante expansión de la burocratización sindical. El tamaño de los sindicatos hizo que los miembros no tuvieran una participación directa como lo tenían anteriormente. Esto dio lugar al desarrollo de una clase profesional de líderes sindicales, dedicados exclusivamente a la implementación de metas fijadas y a la creación de cargos administrativos no electivos.
Después de 1945 los sindicatos se transformaron en organizaciones multifuncionales que se ocupaban de una amplia gama de actividades vinculadas a la vida de los obreros. Las nuevas funciones requerían, el desarrollo de una gran variedad de habilidades por parte de los líderes obreros y la formación de un cuerpo subordinado por expertos técnicos y legales.
Los sindicatos para 1948 negociaban convenios complejos que también regulaban las condiciones de trabajo. También se establecieron las comisiones paritarias y los tribunales laborales. El aspecto social también creció y se prestaban servicios de alimentos baratos y servicios turísticos.
Dos características de una organización altamente burocrática son: la poca participación de los miembros y la formación de una élite sólidamente atrincherada. La afiliación masiva ocurrió en los primeros años, después como se lograron la mayoría de las demandas laborales se produjo una baja en la movilización.
Al asumir el régimen peronista se efectuó una estrategia de desmovilización de los obreros; solamente se sancionaban demandas que no fueran del derecho sindical y algunas medidas socioeconómicas. La acción colectiva que usó el régimen era a su vez una forma de desmovilizar pues el movimiento no tenía porqué movilizarse; no había motivos claros una vez logrados los objetivos. Apoyando al sector de trabajo pero no permitiendo cambios de estructuras se suprimía el impulso movilizador.
La recesión de 1952, que amenazó con las conquistas económicas de los trabajadores, contribuyó a neutralizar los factores de desmovilización; sin embargo, la rigidez de los sindicatos, a esa altura ya largamente centralizados, desalentó a los altos niveles de movilización de 1946/47.
El proceso de renovación de líderes sindicales puede dividirse en dos períodos:
  • 1946-1950 que los sindicatos experimentaron la remoción de sus líderes más militante.
  • 1950-1955 líderes más predispuestos al compromiso. Si bien después de 1950 el nivel de confrontación directa entre los sindicatos y Estado cayó, el alto nivel de rotación del liderazgo se mantuvo hasta la caída del régimen.
Recién en 1954 los dirigentes sindicales estuvieron momentáneamente en condiciones de reasumir su liderazgo, debido a la mejora económica y a la presión de las bases para recuperar las conquistas logradas en los primeros años del régimen. Los niveles de descontento crecieron amenazando con desencadenar en huelgas que dañarían la política de Perón. Este, dándose cuenta de la situación, consintió a las demandas de los líderes sindicales.
Fue sumamente difícil centralizar el control de los delegados de fábrica que estaban diariamente expuestos a las presiones de sus pares. El régimen, era conciente de que no estaba en peligro solamente la confianza de su principal base política de apoyo, también los sindicatos estaban en peligro de desacreditarse a los ojos de sus miembros.
Después de 1949, la falta de apoyo de las bases a los líderes nacionales hizo posible que sugieran grupos de líderes rivales. Cuando había elecciones en los sindicatos, los líderes nacionales si tenían el respaldo del Ministerio de Trabajo aseguraban la victoria por el apoyo económico que se daba. El alto nivel de rotación existente en el régimen peronista fue en perjuicio de una administración eficiente de las organizaciones laborales contribuyendo a explicar la cantidad de corrupción que se instaló en varios sindicatos.
El continuo cambio de líderes se hacía para quitarle poder a los sindicatos y en el sindicalismo peronista, los primeros líderes fueron inmediatamente reemplazados para destacar la figura de Perón. No existieron en esta época grandes dirigentes sindicales, existiendo sólo Perón para marcar esta época del movimiento obrero. Después del derrocamiento, los únicos dirigentes sindicales que quedaron fueron los que tenían mayor flexibilidad y legitimidad.  La falta de estabilidad en el liderazgo sindical fue en gran parte el resultado del fracaso del movimiento obrero en mantener su autonomía respecto del régimen, lo que se tradujo en un fortalecimiento de la influencia del Estado sobre las organizaciones gremiales.

Conclusiones
Los principales inspiradores  de la estructura organizativa adoptada por el sindicalismo fueron los viejos dirigentes gremiales pre-peronistas.
El papel del estado durante el periodo se limito a proveer un apoyo político y legal a la aplicación de dicho modelo en nuevos sectores del mercado del trabajo.
La intervención del Estado fue, en cambio, más decisiva en lo referente a la implantación del sindicato único por actividad. Garantizando el monopolio de la representación a un solo sindicato por sector, bloqueando la formación de sindicatos rivales.
El desarrollo de las comisiones internas fue una innovación institucional y se multiplicaron  impulsadas por el alto grado de movilización de los trabajadores después de 1945. Constituyeron un elemento de renovación dentro de una estructura sindical que, durante el peronismo se transformo en una estructura altamente centralizada.
En efecto, la autonomía que tenia en el pasado las seccionales locales fue progresivamente anulada por los sindicatos nacionales y estos, a su vez, actuaron dentro de la orbita de la CGT. El recurso a la intervención de las organizaciones obreras fue una práctica corriente, destinada a colocarlas en el marco de las políticas del régimen peronista. Las funciones del control no fueron directamente ejercidas por el estado: este las transfirió a la central obrera y a los niveles intermedios, que actuaron como agentes de un sindicalismo de Estado.
Después de la remoción indiscriminada de militantes obreros entre 1948 y 1950, el régimen dio signos de preocupación, en cuanto al mantenimiento mínimo de legitimidad en el funcionamiento de organizaciones que canalizaban su principal apoyo político. El ministerio de trabajo cómenos a ofrecer respaldo a dirigentes capaces de demostrar que contaban con un cierto grado de control sobre las bases, fueron estos dirigentes oficiales o lideres opositores peronistas apoyados en las comisiones internas. Esto se tradujo en el desplazamiento de un cierto número de dirigentes oportunista, que devolvió al movimiento sindical una mayor flexibilidad y legitimidad. En estas condiciones, el movimiento sindical pudo afrontar la movilización obrera de 1954 y sobrevivir incluso al derrocamiento del régimen.






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