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Trabajadores de la pluma - Historia de los Medios - Cátedra Varela

“Trabajadores de la pluma” Periodistas, propietarios y Estado en la transformación de la prensa argentina, 1935-1945 JAMES CANE


Los estudios que se realizaron sobre la transformación de los medios de comunicación en la primera etapa del movimiento peronista no tuvieron en cuenta que se trataba de un aparato mediático ya establecido, solo presentaron el proceso de creación del mismo como una manifestación de las ondas expansivas de un autoritarismo que fue en aumento hacia fines de la década de 1940. Las transformaciones de la época fueron vistas como intromisiones autoritarias en el desarrollo progresivo de una prensa que, en su conjunto, había mantenido su autonomía del Estado nacional.

Análisis no sólo como consecuencia del movimiento peronista:
Las transformaciones de la prensa comercial entre 1946 y 1955 fueron también el resultado de las tensiones crecientes que previamente existían dentro de toda la red de relaciones que la constituía. Analizamos esa historia no sólo como consecuencia del surgimiento del movimiento peronista sino también como el desenlace de un conjunto de crisis originadas en el interior de los medios gráficos, que se venía gestando más de una década antes de la llegada de Perón a la escena política.

Estado (peronista): Defensor de los trabajadores frente a los dueños de diarios.
Debido a los múltiples conflictos que giraban en el interior y en torno de una prensa industrial que se hallaba en medio de importantes cambios estructurales, jurídicos e ideológicos, con gran facilidad, el líder y sus seguidores pudieron insertarse en los espacios creados por las complejas fisuras institucionales e ideológicas que habían comenzado a generarse en el campo de la prensa comercial al menos desde los años 1930s. Así, el peronismo logró articular un discurso que proponía al Estado no como la perpetua amenaza a su buen funcionamiento (concepción del liberalismo tradicional), sino como su defensor de los trabajadores frente a los dueños de diarios; de los órganos periodísticos más débiles frente a los más poderosos; de la opinión pública frente a los efectos distorsionantes de los intereses comerciales y de la entera industria de la prensa frente a los impactos económicos internos y externos que la aquejaban.


La transformación estructural de la prensa argentina

El peronismo surgió en un momento en que el consenso general en torno de las concepciones descriptivas y normativas de “la prensa” ya estaba en crisis. Una de las polémicas era la referida a las bases ideológicas de las prácticas del periodismo argentino o la del valor mismo de los fundamentos liberales del Estado argentino que, a partir del golpe de septiembre de 1930 ocupaba el centro de las disputas político-ideológicas del país. Pero la crisis de la prensa también estaba impulsada por conflictos que venían desarrollándose en el interior de los diarios mismos, como consecuencia de su espectacular desarrollo como entidades económicas a comienzos de la década de 1910. Esta transformación había convertido a la capital argentina en el mercado periodístico más grande de América Latina.  

Prensa facciosa reemplazada por empresarios del periodismo:
Hacia 1920 la prensa no sólo requería un nivel de capitalización cada vez más alto para las compras de factores de producción importados sino que la transformación comercial también exigía un cambio sustancial en las relaciones de producción. En esa época los propietarios de la prensa facciosa del siglo XIX, que la pensaban para la defensa de intereses políticos y económicos particulares, habían sido reemplazados como grupo social por los empresarios del periodismo, cuyos principales intereses económicos radicaban en los diarios mismos.

Otro de los cambios fue la expansión del número de empleados asalariados especializados en distintos aspectos de su composición, producción y distribución. La prensa facciosa de producción artesana no había desaparecido del escenario, pero ya a principios del siglo XX existía más bien a la sombra de la prensa capitalista de producción industrial.


Periodistas y trabajadores

En el momento del quiebre institucional de 1930, aún la prensa se concebía exclusivamente como vehículos político-culturales. Para esta legislación enraizada en el liberalismo decimonónico, los aspectos económicos (es decir el funcionamiento como empresa) de los diarios y periódicos sencillamente carecían de importancia. Sólo eran factores que, a lo sumo, permitían el triunfo de las ideas. Era una actividad que por razones ideológicas se ubicaba fuera del alcance del Código de Comercio.

Comienzo de la tensión: reconocimiento legal de los periodistas.
La tensión se comenzó a manifestar por el creciente empeño de los periodistas en conseguir su reconocimiento legal como trabajadores asalariados. Los tipógrafos y canillitas ya estaban sindicalizados pero la situación de los periodistas era ambigua. En 1919 el intento liderado por Octavio Palazzolo y José Gabriel, de formar un sindicato fue prematuro y llevó a la derrota inequívoca de los huelguistas. Palazzolo ubicaría la causa de esa derrota precisamente en la falta de consenso dentro de la profesión acerca de sus propios alcances: algunos continuaban pensándose como sujetos para la difusión de ideas y otros veían a esto como un pretexto para pagar sueldos bajos.

Propietarios: comienzan a ser cuestionados.
Los huelguistas proclamaban la naturaleza capitalista de los grandes diarios (escondida detrás de considerar a la práctica como meramente “cultural”). Los propietarios rechazaban que la prensa hubiese llegado a asemejarse a un conjunto de empresas comerciales o que las relaciones sociales en las redacciones estuvieran basadas en criterios de clase.

Empresarios: "diarios no son una empresa comercial".
A mediados de los años 1930s., la posición de los propietarios comienza a ser cuestionada. Con la crisis económica vigente el Círculo de la Prensa apela al ministro de Economía (Pinedo) para que la maquinaria, la tinta, el papel de diario y los servicios cablegráficos fueran eximidos de los controles de cambio impuestos por el gobierno. La excusa era que “el diario no es, por definición, una empresa comercial,  sino un servicio público necesario e imprescindible”. Pinedo cedió a los reclamos.

Cículo de Prensa: ley de fondo de jubilación.
Como consecuencia de las presiones de los miembros cada vez más numerosos del Círculo porteño, comenzaba a gestarse (ya desde mediados de la década de 1920) un proyecto para establecer un fondo de jubilación con aportes sustanciales por parte del Estado. El proyecto de ley del fondo de pensión debía ser para los periodistas y para los trabajadores de imprenta sin distinción. 

En junio de 1935 solamente faltaba la firma del Presidente para que el establecimiento del fondo se convirtiera en ley. El proyecto pasó con facilidad por las Cámaras pero esto precipitó una crisis no sólo en el Círculo de Prensa, sino también, en mayor escala, entre los trabajadores y los dueños de los diarios. Aprobado el proyecto en el Congreso renuncian el presidente y el tesorero del Círculo. En julio el Presidente vetó la ley de pensiones, basando su decisión en la “repentina” introducción de los trabajadores de imprenta en el proyecto (aunque ya en el borrador de 3 años antes ya estaban incluidos). La legislación laboral aprobada por el Congreso contaba cada vez con menores posibilidades de llevarse a la práctica.

Poder Judicial: demandas encuadradas en el Código de Comercio.
La innovación jurídica más temida vino sorpresivamente desde el Poder Judicial. Precisamente en el momento en que era vetada la ley de pensiones, dos jueces federales dictaminaron a favor de dos periodistas en las demandas por despido sin indemnización. En ambos casos, los jueces dictaminaron que tales demandas se encuadraban en el Código de Comercio. Para uno de los jueces, La Prensa era “un establecimiento eminentemente mercantil” y los periodistas, por lo tanto, debían legalmente considerarse como trabajadores cuyos derechos estaban protegidos por el Código de Comercio. Esto dejó en claro que la sala de redacción ya no podía seguir existiendo como un ámbito “intangible” que no se veía afectado por la división entre el capital y el trabajo que reinaba en la industria de la prensa masiva. Esto impulsó a los trabajadores a redoblar los esfuerzos para organizarse por fuera del Círculo de la Prensa de la Capital Federal y otras entidades similares del país. Las disputas originadas en el Círculo de la Prensa a raíz de la ley de pensiones mostraban que las tensiones entre los periodistas asalariados y los propietarios de los grandes diarios ya no podían contenerse dentro de instituciones fundadas en la noción de que la práctica periodística unía a sus miembros en un proyecto común en el que las divisiones de clase carecían de importancia. El Círculo de la Prensa de la ciudad de Córdoba invitó a las organizaciones hermanas de todo el país a un “Congreso Nacional de Periodistas” que se realizó en 1938. El reclamo de los delegados cordobeses se centró en la concreción de cinco propuestas básicas: 
1) el establecimiento de una federación nacional de periodistas.
2) la aprobación por el Congreso nacional de un estatuto de periodistas que regulara las condiciones de trabajo dentro de la profesión.
3) la sanción de una ley que estableciera el seguro de vida.
4) la creación de un registro nacional de periodistas. 
5) la fijación de una escala salarial.

Día del periodista y libertad de prensa como requisito esencial
Los delegados del Congreso siguieron las propuestas cordobesas. Llegaron a las cuestiones laborales, después de proclamar el 7 (en el texto original dice el "8 de junio", debe ser un error del texto de la cátedra) de junio como “Día del Periodista y de declarar la libertad de prensa como requisito esencial para la práctica del oficio. De hecho, los delegados del círculo convocante ya habían preparado una propuesta de “contrato colectivo de trabajo periodístico” que fue recibida con gran entusiasmo por el conjunto de delegados. 

Estado como mediador y defensor
Además de reconocer que los periodistas eran trabajadores de empresas comerciales, el borrador del estatuto, presentado por Ernesto Barabraham, también introducía una modificación importantísima dentro de lo que era la concepción decimonónica: en las disputas cada vez más notorias entre periodistas individuales y propietarios de grandes diarios, sólo el Estado tenía la capacidad de ejercer una mediación y defender a los primeros. Cualquier ley de protección de los periodistas, quedaba claro, llevaba consigo una aceptación de que el Estado, antes que constituir una amenaza para la prensa, podía convertirse en un defensor de aquellos que practicaban el periodismo. Los delegados aprobaron el borrador del proyecto presentado y establecieron la Federación Argentina de Periodistas (FAP).

Fuera la FAP del Círculo de Periositas: Navarro Lahitte (La Prensa) - Lucha Sindical: APBA
Hubo una creciente aceptación de este doble desvío frente a la concepción tradicional (concepción comercial de la prensa y concepción del Estado como defensor). Pero el creciente obrerismo de los periodistas argentinos también precipitaba una ruptura en la organización más grande del país. La Comisión Directiva del Círculo de Prensa porteño había aceptado la agenda de su par cordobés, pero la renovación del Comité del Círculo de Prensa llevó a la presidencia de la organización a un miembro que ya había mostrado una franca hostilidad a las tendencias obreristas de un número obviamente creciente de colegas. En 1938, el presidente impuso la salida del Círculo de la flamante FAP. La exclusión autoritaria del Círculo puso a la FAP en una situación potencialmente precaria y su desafiliación puso en claro la “hegemonía” de los propietarios dentro de la organización. La oposición de Navarro Lahitte, presidente del Círculo, al sindicato, según Palazzolo, correspondía de forma curiosa a la posición del dueño de La Prensa, donde el Presidente del Círculo se desempeñaba como Secretario General. 
Los periodistas porteños organizaron una nueva afiliación en la Capital Federal: la nueva Asociación de Periodistas de Buenos Aires (APBA), depurada de las influencias propietarias, sería una organización de “lucha sindical.

Contexto nacional: 
El contexto nacional era de creciente autoritarismo por parte del gobierno nacional, la imposición de medidas de censura, la clausura de diarios y el encarcelamiento de periodistas en la práctica.




Los periodistas y el giro peronista

Si el autoritarismo del presidente Raúl Castillo hacía que el Estado pareciera cada vez más amenazador para los intereses de periodistas y propietarios, el Gobierno surgido del golpe militar de junio 1943 estuvo aún más dispuesto a usar la represión como elemento fundamental de sus relaciones con la prensa. El general Ramírez, que quería una prensa silenciada, por medio de un decreto, dictó medidas estrictas de censura sistemática. Desde 1943 en el Departamento Nacional del Trabajo se venía gestando un intento de acercamiento a la prensa encabezado por el coronel Juan Domingo Perón

1944: Estatuto.
La anulación del decreto de censura en marzo de 1944 y su reemplazo por el Estatuto del Periodista significó un giro fundamental. Más que un simple intento por “cooptar” a este sector por medio de aumentos salariales, el Estatuto dio fuerza de ley a la concepción de los periodistas como trabajadores, a la de los propietarios de diarios como jefes de empresas comerciales y a la visión del rol benévolo del Estado en las salas de redacción. El decreto, más allá de ganar las simpatías de no pocos periodistas, significó una transformación del conjunto de la red de relaciones de la prensa masiva.

Periodistas:
El Estatuto del Periodista constituyó una de las primeras medidas elaboradas por la flamante Secretaría de Trabajo y Previsión encabezada por Perón. Los periodistas ocupaban una posición clave en la producción y circulación de dos “mercancías” fundamentales para la elaboración de cualquier proyecto político: información e ideología, que vastos sectores del público argentino consumían en forma cotidiana. El Estatuto del Periodista significaba un cambio fundamental en la relación entre las autoridades y los medios de comunicación. Perón, en efecto, buscaba usar las divisiones de clase dentro de las redacciones no sólo para fracturar internamente a cada diario opositor. El Estatuto era parte del intento más ambicioso de tener mayor influencia sobre la articulación de la llamada “opinión pública”.

Los trabajadores de prensa, como otros trabajadores cuyas postergadas demandas materiales fueron repentinamente acogidas por el Secretario de Trabajo, se encontraron ante a un poderoso representante del Estado que parecía compartir el entusiasmo por su propia agenda. Los periodistas, en buena medida, tenían sólidos motivos para pensar que eran ellos quienes estaban “capturando” al nuevo Secretario.

Estatuto: avances.
1) sueldos mínimos en escalas progresivas según la dimensión económica del diario empleador.
2) aumento salarial inmediato para todos los periodistas, con futuros aumentos no menores al 5% cada tres años.
3) regulación estricta de los motivos legítimos de despido y compensación significativa de los periodistas afectados.
4) también impuso un límite –antes inexistente– de 36 horas a la semana laboral dio a los periodistas, ya acostumbrados a horarios caóticos y extendidos, la oportunidad de emplearse en más de un diario o de buscar trabajo adicional en la cada vez más activa Subsecretaría de Información y Prensa.

Respaldo al Gobierno.
Los avances materiales incorporados en el Estatuto llevaron a no pocos periodistas a respaldar a un gobierno que, dado el estado de sitio, seguía manteniendo una fuerte política represiva contra la prensa en su conjunto. Más allá de la cuestión de la censura, el Estatuto del periodista generó no poca simpatía por el proyecto social del gobierno militar entre los trabajadores de la prensa y dificultó cualquier reclamo de unidad opositora por parte del sector como conjunto institucional. A largo plazo, sin embargo, ni las conquistas materiales ni las simpatías políticas de los periodistas fueron los factores que tuvieron más influencia en el proyecto mediático del peronismo. 

Relación entre Estado y periodistas:
La acumulación de los cambios que impuso el Estatuto se constituyó en el mecanismo más eficaz para transformar de manera sin precedentes la relación entre el Estado y la prensa en los años siguientes. La nueva forma de intervencionismo establecida con el Estatuto se basaba, entonces, en el rol esencial del Estado como mediador de los conflictos sociales. El Estado tenía la obligación de mediar ante las tensiones de clase que habían surgido con el proceso de industrialización.  Según los creadores del Estatuto, la intervención estatal en el funcionamiento de la prensa bajo la forma de regulación de las condiciones de empleo de los periodistas y la mediación obligatoria en las disputas laborales no amenazaban el buen funcionamiento de la prensa. A cambio del concepto liberal que ubicaba al Estado en una posición de amenaza inequívoca y permanente, el Estatuto propone la idea de que podía servir de preceptor de la “verdadera misión” de la prensa y de los periodistas. 
El Estatuto daba al Estado mismo un espacio en las salas de redacción como mediador en las relaciones entre periodistas y propietarios. La clasificación jurídica de los diarios de circulación masiva como entidades comerciales abría la industria de la prensa a la regulación estatal de la mano de obra, del papel de diario y de los otros factores de producción.

Hacia una nueva prensa para la Nueva Argentina

Sería este aumento de legitimidad del intervencionismo estatal el que serviría como uno de los elementos centrales en la transformación peronista de los medios a partir de las elecciones de 1946. El movimiento peronista pudo armar un discurso de la relación entre Estado y prensa que ubicaba al primero en una posición contraria a la que ocupaba en la concepción liberal, sin abandonar del todo otros aspectos de tal discurso acerca de la “libertad de prensa”. 

Los más visibles opositores de Perón no lograron configurar un discurso alternativo que no reforzara las tentativas estatizantes en relación con la prensa ni cayera en el idealismo de la posición liberal. Fue el peronismo, entonces, el que tuvo no sólo la capacidad institucional, sino también la legitimidad ideológica suficiente para insertarse con habilidad en las importantes fisuras existentes entre periodistas y propietarios, entre diarios débiles y económicamente poderosos y entre la prensa tradicional y el público peronista. La historia de la “peronización” de la prensa es más que un simple ejemplo de autoritarismo político. Antes bien, resulta inseparable de la historia de las múltiples crisis que atravesaron toda la red de relaciones que conformaba la prensa argentina desde el momento mismo de su industrialización.

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