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Resumen segundo parcial Postolski - Políticas y planificación - Cátedra: Postolski

TEÓRICOS

Canadá-Tailandia: análisis comparativo de políticas públicas. Las autopistas de la Información como resultado de las luchas políticas en el contexto de la globalización. CAROLINE CARON

Se busca comprobar la teoría que afirma que la globalización favorece la homogeneización de las políticas públicas. Se escogieron como unidades de análisis Canadá y Tailandia.

Semejanzas y diferencias

El análisis demuestra que en lo que respecta a la cronología de los acontecimientos, el camino seguido es similar en las fases de emergencia, formulación, aprobación y aplicación de políticas públicas relacionadas con las autopistas de la Información.

En 1994, el gobierno canadiense creó el Comité Consultivo sobre la Autopista de la Información (CCAI) y le dio como mandato que lo asesorase respecto de las iniciativas necesarias y  que elaborase un proyecto de política pública. Este comité está adscrito al Ministerio de Industria, lo que le confiere una orientación económica. En 1992 el gobierno tailandés dio un mandato similar al National Information Technology Committee (NITC), un comité gubernamental que depende directamente del primer ministro y está presidido por él. Compuesto por gestores privados y públicos, el NITC elaboró un proyecto de política pública, el Proyecto IT 2000 que se aprobó y puso en práctica sin demora.

En ambos países el Estado tomó la iniciativa y asumió la responsabilidad de poner en marcha el proceso de elaboración de una política pública relacionada con las autopistas de la Información. Los motivos avanzados por los dos para justificar su intervención son idénticos: remiten a los imperativos de una nueva sociedad y de una futura nueva economía. Llegará una era digital, se está gestando una Sociedad de la Información, las TIC suponen una nueva revolución. En ambos casos se hace referencia con frecuencia a una revolución en marcha, que tendrá repercusiones económicas excepcionales, de las que el país debe intentar hacerse con la mayor parte posible. Se atribuye al Estado el papel de usuario modelo. Por un lado debe esforzarse por colocar en la Red todos sus componentes organizacionales (ministerios, organismos) para mejorar la administración pública y la gestión financiera. Por otro, debe consolidar su presencia en Internet y dar a los ciudadanos la posibilidad de conseguir la información adecuada.

Conclusión

Las políticas públicas están determinadas por creencias comunes a los actores públicos y privados involucrados, que definen el modo en que dichos actores consideran los problemas públicos, y conciben respuestas adaptadas a esta percepción de los problemas.

La orientación economicista y tecnicista de las políticas relativas a las autopistas de la información no se dio por casualidad, sino que resulta más bien de la composición de los comités y del mandato que les dieron las autoridades gubernamentales.

Por lo que respecta al neoliberalismo, se hace poco caso de los desafíos democráticos vinculados a la convergencia tecnológica y a la merma de la soberanía de los Estados. Por el contrario, Canadá y Tailandia manifiestan una firme voluntad de sacar provecho de la coyuntura. A la luz de este análisis comparativo conviene matizar la tesis de la merma de la soberanía de los Estados como consecuencia de los acuerdos multilaterales de comercio en el contexto de la globalización de los mercados. El neoliberalismo económico, en contra de su presentación ideológica como algo natural e inmutable, es en realidad una elección política. La que indudablemente han hecho estos dos países.

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“¿Estado víctima o estado promotor? El debate sobre soberanía y autonomía en el capitalismo globalizado”. VILAS CARLOS

Existen dos interpretaciones predominantes respecto del estado en la globalización. Para una de ellas los movimientos transfronterizos propios de la globalización cuestionan la soberanía del estado, acotan sus capacidades de acción y conducen antes o después a su tendencia desaparición; el estado sería víctima de la globalización. A su turno, la globalización es vista como el resultado del progreso técnico y del desarrollo de los mercados. Para la otra interpretación el estado es una de las fuerzas que hacen posible e impulsan la globalización, en respuesta a crisis y desarrollos internos; el estado sería un promotor político de la globalización. El artículo describe ambas interpretaciones.

Introducción

El estado resulta así, en un primer enfoque, víctima de la globalización.

En un segundo enfoque el estado sería entonces el promotor político de la globalización.

1.       El estado víctima de la globalización

Las fronteras territoriales de los estados ya no coinciden con los límites o la extensión de la autoridad política sobre la economía y la sociedad. Producto emblemático de la modernidad, el estado cae víctima de los embates de la globalización, expresión paradigmática de la postmodernidad. “Los procesos de convergencia impulsados por la información y la tecnología ya han convertido las fronteras políticas en líneas que carecen de sentido en los mapas económicos”. Hemos ingresado a la época de los “estados-región” definidos por el hecho de tener el  tamaño y la escala adecuados para ser “verdaderas unidades operativas en la economía mundial actual”.

1.       El estado promotor de la globalización

La hipótesis plantea que el estado crea las condiciones para la globalización, tanto activa como pasivamente. En el primer sentido, ejecutando políticas y emprendiendo acciones directas que impulsan desarrollos científicos y técnicos, orientando el comercio y el sistema financiero, planificando actividades e incluso haciéndose cargo directamente de algunas de ellas. Indirectamente, estableciendo marcos jurídicos de imposición y/o regulación que definen las condiciones de acción de terceras partes –empresas, organismos no gubernamentales- y de sus propias agencias. En sentido pasivo, delegando atribuciones y funciones en entidades multilaterales o en beneficio de terceras partes.

La tesis del fin del estado tiene varias debilidades. En primer lugar, la tesis de la victimización exagera la homogeneidad de estos procesos. No todos los estados responden de la misma manera a los cambios en sus entornos y en sus propias sociedades.

Lejos de ser un desarrollo natural, la globalización resulta una estrategia de poder de determinados actores económicos y político-estatales. Un efecto de esta estrategia es la “internacionalización del estado”, es decir, la compatibilización del estado con los imperativos de la expansión transnacional de las empresas.
                          
La globalización debería entenderse como un fenómeno influenciado políticamente más que tecnológicamente. Es político, primero, en el sentido general que la apertura de mercados de capital ha ocurrido como resultado directo de los gobiernos que respondieron a presiones de intereses nacionales frente a crisis internacionales, y diseñaron la implementación de políticas efectivas. Y es político también en un sentido más específico: un número de estados está buscando directamente promover y estimular más que constreñir la internacionalización de la actividad empresarial en el comercio, la inversión y la producción.

1.       Soberanía política, autonomía estatal y conflictos de poder

Las diferencias refieren antes todo a los orígenes y fuerzas impulsoras de la globalización. Para el primer grupo la globalización es un conjunto de efectos derivados de factores instrumentales: innovaciones tecnológicas, desarrollo de nuevas herramientas financieras, y similares. Se trata de movimientos unidireccionales que obedecen a la naturaleza de las cosas y frente a los cuales no existen alternativas. Para el segundo grupo de autores en cambio la globalización es la manifestación contemporánea de la multisecular dinámica expansiva del capital; si alguna naturaleza está por medio, ésta es la del capital: “la globalización es una cuestión, el capital es la cuestión”.

Soberanía y autonomía

La aplicación de las nuevas tecnologías electrónicas de acumulación y procesamiento de información dotó al estado de mayores capacidades de vigilancia y control de la población, o de determinados segmentos de ella. El análisis y los controles cruzados de información sobre las personas provenientes de una enorme cantidad de fuentes mejora las capacidades de vigilancia y control de la población tanto por los estados como por las empresas.

Desigualdades internacionales de poder.

No es éste un proceso homogéneo. Por una parte, existen grandes diferencias en las capacidades y recursos de poder de los estados. Existe una estructura internacional de poder, una jerarquía de estados que permite a algunos imponer sus políticas domésticas, sus estilos de vida y sus intereses nacionales más allá de sus fronteras y obliga o aconseja a otros a adoptarlas.

La hipótesis del fin del estado por la erosión de su soberanía resulta básicamente un refraseo de las aspiraciones del capitalismo liberal a un estado reducido al mínimo –el viejo estado gendarme del laissez faire decimonónico. En un mundo de asimetrías crecientes, el correlato efectivo de esa hipótesis es la consolidación del poder global de unos pocos estados a expensas de la subordinación o la marginación del resto.

Democracia, identidades e imaginarios

El estado siempre posee una dimensión imaginaria o, si se prefiere, una realidad afectiva que interpela a las emociones y no sólo a la razón. “Un Estado existe sobre todo en el corazón y en la mente de su pueblo; si éste no cree que esté allí, ningún ejercicio lógico lo traerá a la vida”.

La erosión de ese sentimiento debe menos a la globalización o a determinadas innovaciones técnicas que al deterioro de las capacidades estatales por efecto de las políticas neoliberales de contracción del gasto público, sobre todo el que atendía las necesidades de las clases trabajadoras y en general populares. Lo que la globalización puede aportar a la fractura de la identidad nacional es marginal respecto de lo que es producto de esos otros factores, que en general afectan en los miembros más desfavorecidos de la sociedad.

Los procesos y escenarios de la globalización ejercen fuerte presión sobre los procesos democráticos y la vigencia efectiva de sus instituciones. La democracia es un régimen de inclusión a partir de principios básicos de igualdad ciudadana que se espera tengan un correlato plausible en el acceso a bienes y servicios. Los escenarios de la globalización son unos de profundas y aparentemente crecientes desigualdades. En estos escenarios las condiciones para el ejercicio de la ciudadanía se deterioran.

El estado es la forma de organización política predominante desde que el capitalismo existe. En esa larga historia esa forma de organización vivió múltiples transformaciones, como también lo hizo la economía capitalista.

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“El desarrollo del multimedia: un desplazamiento de la correlación de fuerzas”. GRANHAM .

Lo que sostengo aquí es que el concepto mismo del multimedia como revolución que conlleva un cambio económico, social y cultural sistémico e inevitable se tiene que desarticular dado que oculta más de lo que aclara los retos políticos a los que se enfrentan quienes definen la política europea; el concepto es parte del problema político porque es utilizado de forma reiterada por partes interesadas con el fin de influir en el debate a su favor y genera un profundo sentido de crisis o de euforia que no ayuda a pensar con claridad.

La digitalización es un potencial. La forma en la que se realice este potencial estará determinada por procesos y estructuras económicas, sociales, políticas y culturales y será significativamente distinta en función de los distintos campos de aplicación. Yo diría que no hay cambios tecnológicos o económicos tan revolucionarios como para transformar totalmente un estado de cosas establecido.

Históricamente, el sector de los medios de comunicación se desarrolló mediante un proceso casi geológico. Algunas formas entraron en decadencia ante la competencia de nuevas formas, pero por lo general esa decadencia era lenta y rara vez absoluta. La muerte del servicio postal, a menudo vaticinada, por ejemplo, se pospone de modo indefinido.

La incidencia de la digitalización en este sistema de medios de comunicación heredado va a romper, al menos potencialmente, las barreras técnicas entre esas industrias. Esto incide en todos los niveles del sistema: los sistemas de producción, los canales de distribución, los modos de consumo y los mercados.

En el sistema predigital, las diferencias entre industrias se agrupan en torno a dos distinciones clave que la digitalización está ahora desdibujando. La distinción entre productos y servicios y la distinción entre sentido único e interactivo.

Todas, excepto las telecomunicaciones (el teléfono), eran de sentido único. La viabilidad económica de la industria dependía del control y por ende de la capacidad de facturar por el acceso a una forma específica de comunicación. En el caso de las telecomunicaciones, en cambio, el producto era la propia interconexión sin contenido. Ante este contexto preliminar, examinemos con mayor detenimiento la incidencia potencial de la digitalización. Hay distintas formas de convergencia:

A)  La convergencia de los canales de distribución técnicos en un sistema de cable común digital, de banda ancha y conmutado.
B) La convergencia de las formas de medios de comunicación (almacenamiento controlado por ordenador, la manipulación y visualización de combinaciones de texto, imagen y sonido).
C)  La convergencia de los modos de consumo de medios de comunicación.
D)  La convergencia de modos de pago.
E)  La convergencia de los mercados domésticos y comerciales.

Las preocupaciones políticas serán distintas según el proceso de que se trate. Si nos preocupa el desarrollo de los productos multimedia, entonces el problema básico serán las cuestiones de convergencia de la industria editorial y la industria audiovisual, los derechos de autor y el desarrollo y uso de nuevos géneros mediáticos, etc.

Sostendré que si bien los desarrollos tecnológicos ofrecen sin duda las condiciones necesarias para formas de convergencia, están lejos de ser suficientes como para romper las barreras que impiden dicha convergencia.

Al mismo tiempo, a pesar de su entusiasmo por las economías de escala, los operadores de telecomunicaciones desarrollaron sus redes telefónicas por medio de una serie de redes superpuestas –por ejemplo, para conmutación de paquetes- más que mediante la integración de la red. Los primeros discursos sobre la convergencia apuntaban a la telefonía y la informática. Las primeras ofertas de servicio de correo electrónico por parte de los teleoperadores fueron en gran medida un fracaso. Internet ha crecido a partir de una cultura informática, no de telecomunicaciones.Así pues, Internet es un ejemplo de naturaleza híbrida más que de convergencia de redes o de industrias.

2 versiones: La versión  optimista de este escenario sostiene que esto incrementará la diversidad de información y entretenimiento y ampliará la elección individual y la libertad. La versión pesimista hace hincapié en los peligros del control monopolístico, del aislamiento y la fragmentación social, así como de la consiguiente decadencia de la esfera pública.

Pero este escenario ¿es realista?

Pero aunque asumamos que los problemas tecnológicos sean superables, las barreras económicas y culturales para la convergencia siguen siendo notables. Es poco probable que los titulares de las propiedades, es decir, de las emisoras, las empresas cinematográficas, los fabricantes de videojuegos o los editores de telecompra, permitan que un canal de distribución domine el mercado.

Otra gran barrera para la convergencia: el tremendo abismo existente entre las culturas de los operadores de telecomunicaciones y el sector de programas audiovisuales. Los operadores de telecomunicaciones están acostumbrados a tratar con la venta de una serie reducida de servicios normalizados, básicamente dirigidos a empresas clientes, en el mercado cuya elasticidad de precios no es muy elevada, manejando sobre la base de cálculos de probabilidades y economías de escala, los flujos de ingentes cantidades de bits no diferenciados y facturando dichos servicios. El mercado audiovisual es bastante distinto. Implica la creación constante de nuevos prototipos en un mercado doméstico muy incierto. Se necesita mano de obra creativa, control de los derechos, y el marketing. Es difícil, sino imposible, combinar estas habilidades tan distintas y asociar las estructuras adecuadas, dentro de una misma organización corporativa.

Actualmente en UK, y en respuesta a la necesidad de desarrollar empresas denominadas multimedia, la convergencia tecnológica está siendo utilizada como argumento por los principales agentes corporativos del sector de la radiodifusión y de la prensa para eliminar las actuales regulaciones de propiedad de medios de comunicación cruzados.

Una contradicción reguladora básica es la existente entre la presión para flexibilizar las normas de propiedad de medios de comunicación cruzados y por otra parte, al menos en Europa, para incrementar el nivel de competencia en la producción de programas y proteger y ampliar la diversidad informativa y cultural. Actualmente los principales agentes corporativos reclaman la flexibilización de la normativa actual sobre propiedad cruzada de emisión y contenido y un cambio hacia el uso general de la regulación general de la competencia. A la vez, a pesar de la presión que ejercen los operadores de telecomunicaciones en sentido opuesto, es probable que los temores al control monopolístico de la futura red de banda ancha lleven a la extensión del principio de common carrier existente. La simple convergencia potencial de las tecnologías de transmisión no será suficiente para la convergencia de las propias industrias. En mi opinión es poco probable que se de un solo tubo dominante.

Terminales y software

Se puede transmitir toda la información digital que se quiera por un cable de fibra óptica, pero no se convierte en un bien o un servicio vendible sin un decodificador y una pantalla. Más aún, los usuarios van a requerir alguna forma de encontrar lo que quieren entre la multitud de ofertas rivales.

Los géneros multimedia


La digitalización posibilita dos formas distintas de interactividad: la interactividad persona-máquina y la interactividad persona-persona. La característica clave del teléfono y de Internet es que los usuarios crean su propio contenido. El valor del servicio es un valor colectivo en el que un único participante no puede reclamar la propiedad intelectual. No es una base prometedora para un nuevo mercado.

La convergencia de los mercados.

Las industrias de la edición, el cine, la música y la radiodifusión se centraron en desarrollar y atender a mercados de consumo de masas. La industria de las telecomunicaciones, por otro lado, atendía principalmente a un mercado de empresas y permitía que el servicio alcanzase lentamente al mercado doméstico. Tal vez el mayor reto al que tienen que enfrentarse quienes tratan de crear un nuevo mundo multimedia sea el conflicto entre esos dos mercados muy distintos. Bill Gates, de Microsoft, contempla primero el desarrollo de los productos y servicios multimedia para atender al mercado de empresas con versiones de videoconferencia de sobremesa controladas a través de un Windows y se extenderá luego lentamente a los hogares.

Las principales empresas de medios de comunicación ven el multimedia como una forma de hacer crecer los mercados estancados de diarios y televisión, añadiendo interactividad y elección. No debemos dejar que partes interesadas nos empujen a iniciativas políticas apresuradas y mal concebidas en base a la supuesta necesidad de ir al paso de EEUU.

En primer lugar, cómo crear un entorno regulador que optimice tanto el desarrollo de redes como el acceso a la red. Es poco probable que la competencia de redes alcance un nivel suficiente como para eliminar la necesidad de una regulación fuerte. Se habrán de definir nuevos métodos de determinar los niveles de concentración que van contra el interés público.

Por último quisiera señalar la necesidad de centrarse en la dimensión social y en aprovechar las tecnologías de la información y la comunicación para mejorar la productividad social y la calidad de vida. Se habla mucho de los aportes que las Autopistas de la información pueden suponen para la educación, la sanidad, la participación política, la prestación de servicios sociales, etc. Pero muchas de esas mejoras prometidas se hubiesen podido hacer hace años con generaciones anteriores de tecnología. Las barreras son económicas, sociales y políticas y están profundamente arraigadas. No se romperán si se deja el desarrollo exclusivamente en manos del mercado que las creó en parte.

El multimedia y la propiedad transversal de los medios

Quisiera terminar intentando clarificar lo que estimo es una peligrosa confusión reglamentaria entre multimedios y transmedios. Se habla de una revolución tecnológica como argumento a favor de la eliminación de las actuales exigencias reglamentarias que rigen la propiedad transversal de los medios. Estas empresas son ya transmedios en el sentido de que ejercen su actividad en diversos medios. Pretenden que esta integración horizontal les permita por sinergia conseguir economías de escala y de envergadura. Las barreras reglamentarias vigentes frenan su esfuerzos de eficacia al limitar el despliegue de sinergias que podrían ser explotadas. Esto es en gran medida un mito. Las ventajas económicas de esas sinergias están lejos de ser demostradas. Las reglas que limitan la propiedad transversal de los medios no impiden la creación de proyectos multimedia, solo poner fronteras al poder oligopolista. No debería permitirse utilizar la llegada del multimedia como argumento contra la pluralidad deseable de las fuentes de información y diversión.

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-Los grupos de comunicación: la hora de la convergencia. DE MIGUEL

Tres décadas, tres etapas

a) en los años 80, los grupos de comunicación eran monomedia o poco diversificados, con un grado de transnacionalización pequeño. En los rankings los primeros puestos estaban ocupados por las televisiones nacionales.

b)  es la fusión de Time y Warner en 1990 la que inaugura la 2da etapa de desarrollo multimedia. En este período se desarrollan las televisiones y las radios privadas en Europa y se especula sobre las sinergias que se crean al pasar de una industria cultural a otra, especialmente entre la prensa, la radio y la TV. Se consolidan en Europa los grupos de comunicación, especialmente en torno a la actividad audiovisual.

c)  la 3º etapa comienza a principios de 2000 con la compra de Time Warner por AOL. En este período también se habla de multimedia, pero se refiere al desarrollo de la interactividad y a la coexistencia de diversos contenidos en diversos soportes, podemos hablar de etapa reticular o interactiva.

Los grandes grupos han primado una estrategia de convergencia que en la práctica ha privilegiado una estrategia de integración –horizontal, vertical, concéntrica o de convergencia-, mediante absorciones, fusiones y adquisiciones, que use las nuevas tecnologías de la comunicación y de la información, para tejer redes formales e informales, y así aprovechar mejor la descentralización que el establecimiento de las redes permite.

4. Consideraciones sobre la convergencia

Matización sobre la convergencia. Telefonía y comunicación: divergencia de culturas

Estas 2 culturas distintas e irreconciliables, explican en parte que aún no sean muchas las empresas que realicen ambas actividades. El modelo de financiación de los grupos de comunicación difiere del de los operadores de telefonía. En telefonía, la totalidad de los ingresos procede de ingresos de abonados, particulares o empresas; en los grupos de comunicación hay un porcentaje de ingreso que procede de la publicidad.

Alargamiento de la cadena de valor. Los operadores de acceso y portales

Los cambios tecnológicos y la desregulación implican cambios fundamentales en las industrias culturales. Asistimos al alargamiento de la cadena de valor.
Un caso particular de operadores de acceso son los PAI (proveedores de acceso a Internet), que adquieren una importancia crucial. Muchos PAI tienen un portal, con los que se incrementa su valor, ya que les permite multiplicar las fuentes de ingresos, mediante la captación de publicidad y otras actividades, como el comercio electrónico. Así, los portales buscan incrementar el n° de usuarios, a la vez fidelizar la viscosidad, es decir aumentar el tiempo que un usuario pasa en el portal.
Sin embargo, el alargamiento de la cadena de valor dificulta el control de la hilera a través de la integración vertical ya q además de aumentar el número de actividades a controlar, se multiplica el número de actores en cada uno de los estadios de la cadena de valor.
Los grupos de comunicación se mueven dentro de varios ejes, pero los 2 más fundamentales son la distribución y los contenidos, pero no pueden estar en los dos con un poder de mercado importante. Desde mediados de los 90, los grupos de comunicación priorizan el desarrollo hacia Internet, en la creencia de que constituirá un mecanismos de distribución fundamental.

Senda de convergencia, sinergias y marketing

Un componente de esta senda de convergencia es la asociación de la convergencia con la existencia de sinergias, concepto utilizado por los grandes grupos para justificar cualquier operación de absorción o de adquisición de activos de otras empresas.
Una de las sinergias es la que corresponde a la colocación de los productos en el mercado (la distribución). Sin embargo, las sinergias no son fáciles de conseguir. La explicación de la potencia de los grupos de comunicación norteamericanos ha estado basada en la integración vertical que les caracteriza. Esta integración les ha permitido distribuir los símbolos presentes en las películas y programas de TV en otros soportes como libros, revistas, merchandising. Esta búsqueda de sinergias entre distintas industrias culturales se realiza  a través de la marca o branding.
Los grupos de comunicación aumentan continuamente los costes destinados al marketing. Un indicador de la importancia del marketing es la utilización del SMR- sales and marketing ratio-, porcentaje de cifra de negocios destinados a la captación y posterior fidelización de los clientes.
Así, la economía de la convergencia es descrita mediante un triángulo cuyos vértices estarían constituidos por los contenidos, el lugar por donde discurren esos contenidos y los abonados.

Nuevos medios, importante concentración

La única manera de poseer sitios de gran tráfico en internet  es mediante el crecimiento externo, es decir absorciones, fusiones y tomas de participación de los sitios ya existentes.
Los nuevos medios on-line tienen una característica fundamental: los costes de entrada se consideran un décimo de los correspondientes a su equivalente off-line.

5. Problemas de análisis de los movimientos estratégicos

La horizontalidad, verticalidad, oblicuidad, referida a los movimientos de conglomerales, y los movimientos concéntricos, resultan difícil de definir, debido a la denominada convergencia. Si definimos al sector de la comunicación como el sector de la convergencia del audiovisual, de las telecomunicaciones y de la informática, entonces la mayoría de las operaciones entre empresas se clasifican de integración vertical.
Un problema fundamental aparece cuando se pretende caracterizar los movimientos desde las industrias culturales off line hacia Internet. Así para dar cuenta de estos movimientos proponemos la creación de una nueva dirección q pudiera denominarse convergencia.
La convergencia entre las industrias culturales, la informática y las telecomunicaciones complica aún más el análisis. En estas dos últimas son de aplicación las direcciones de crecimiento horizontal y vertical monoindustria. Ahora bien, cuando la dirección de crecimiento se realiza en el mismo nivel hablaremos de horizontalidad de convergencia. Ejemplo: si un operador de telefonía ofrece además servicios de televisión.

6. a modo de conclusión: una nueva etapa

a) la convergencia del audiovisual, la informática y las telecomunicaciones y su contexto inauguran  una nueva etapa para los grupos de comunicación. En esta carrera al gigantismo, los principales grupos de comunicación adquieren una presencia simultánea y significativa en varias industrias culturales, lo que les confiere un tremendo poder de influencia sobre el pluralismo
b) el crecimiento de los grupos se ha basado en la creencia de que implicaba automáticamente una multiplicación del crecimiento de los ingresos. Sin embargo el aumento de tamaño no garantiza una economía de escala.
c) los grupos, priman las estrategias financieras  y/o bursátiles, para buscar el mejor momento para proceder a adquisiciones, absorciones o fusiones.
d) el crecimiento espectacular q han unido estos grupos en los últimos años ha implicado, para algunos, un alto grado de endeudamiento que ha puesto en peligro la supervivencia del grupo.
e) a pesar de que asistimos a un proceso de globalización, los estados siguen influenciando la marcha y la estructuración de los grupos de comunicación.
f) las nuevas herramientas conceptuales necesarias para analizar  en la nueva etapa a los grupos de comunicación deben ser matizadas, porque cada grupo es un caso particular.
g) finalmente el crecimiento de los grupos de comunicación no se realiza sin riesgos: a las dificultades que aparecen con el crecimiento, como consecuencia del incremento del tamaño y de la mezcla de culturas empresariales, se suman los problemas de financiación del crecimiento (como el endeudamiento).

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Sebastián Barros: “Espectralidad e inestabilidad institucional. Acerca de la ruptura populista”
Introducción

El objetivo del trabajo es proponer una manera de entender el populismo como una forma específica de prácticas políticas radicalmente inclusivas, cuya radicalidad les permite posteriormente marcar de forma decisiva articulaciones políticas posteriores (de aquí la idea de espectralidad). Esta radicalidad, además, explicaría también la dificultad del populismo para lograr estabilidad institucional. El populismo será entendido aquí como una forma de la política antes que como un contenido históricamente específico e irrepetible de ciertas prácticas.

Economicismo, fundacionalismo y hegemonismo

Respecto al populismo, Aboy lo entiende como una forma particular de constitución y funcionamiento de una identidad política. Plantea que el populismo tiene una doble cara. Por un lado, representa una ruptura con el orden institucional vigente. Por el otro, también implica una fuerte recomposición comunitaria. El populismo es un mecanismo específico de negociación de la tensión entre ruptura y orden: “se trata de la a veces simultánea, a veces alternativa exclusión/inclusión del adversario en el propio campo de representación que el populismo aspira a asumir”. Esto perpetúa la tensión sin resolverla ni inclinarse por ninguno de sus dos extremos.

Es decir, la exclusión/inclusión del adversario hace a la dinámica del proceso articulatorio que implica una frontera siempre inestable y en desplazamiento constante. En esa movilidad, los adversarios a veces quedan dentro y a veces quedan fuera de la esfera de solidaridades del populismo. Esto efectivamente es así, ninguna frontera identitaria es estática, sino que se va reestructurando de forma constante. El argumento de la negatividad de lo social y la existencia de un exterior constitutivo hace a la contingencia y dinámica de lo social. Estas fronteras populistas son además para Aboy abruptas “respecto de un pasado repudiado” que hace que el populismo pretenda “encarnar una presentación hegemónica de la sociedad frente a un adversario tan ilegítimo como no representativo. El fundacionalismo, que es una lógica por la cual el pasado es demonizado y el futuro venturoso se realiza en la gestión de la frontera presente; y el hegemonismo, la presentación imposible de clausurar cualquier espacio de diferencias al interior de la comunidad.

Aboy a sugiereel menemismo no comparte el carácter de “cierto populismo atemperado” que sí tendrían los discursos de Alfonsín y Kirchner. Según Aboy, “la frontera constituida por el menemismo se estableció como ruptura respecto del desorden y caos inflacionario” pero esta no fue una ruptura populista porque “la ruptura misma encarnó la idea de orden”.

Populismo, radical inclusión y puesta en duda de lo común de la comunidad

Mi argumento plantea que el populismo es una forma particular de articulación hegemónica en la cual lo que se pone en juego es la inclusión radical de una heterogeneidad social respecto del espacio común de representación que supone toda práctica hegemónica. Para incluir o excluir al adversario primero tengo que constituirme como diferencia dentro del sistema. Para resistir al otro tengo que antes ser considerado como una diferencia dentro del espacio común de inscripción donde se dan las articulaciones hegemónicas. El populismo es entonces la radical inclusión de una heterogeneidad que rompe con la homogeneidad institucional. Esa heterogeneidad es la idea de “pueblo” que siempre resiste la completa integración simbólica, sin dentro de una articulación populista.

La importancia del populismo, desde mi punto de vista, viene dada por un conflicto previo, el populismo sería una forma específica de ruptura de la institucionalidad vigente a través del planteamiento de un conflicto por la inclusión de una parte irrepresentable dentro de esa institucionalidad. Esto hace que el populismo pueda ser entendido como un tipo de articulación que pone en juego el espacio de representación como tal. El populismo es un tipo de articulación hegemónica que implica la articulación de demandas insatisfechas que hasta ese mismo momento no eran concebidas como susceptibles de ser articuladas y, al lograr eso, pone en duda la constitución misma de la comunidad. El discurso populista es el comienzo de la representación de un discurso excluido que hasta la llegada de la articulación no existe como tal y que en ese proceso desajusta el carácter común de la comunidad. Estas dos características marcarían entonces la especificidad del populismo: radical inclusión de una heterogeneidad social y puesta en duda del espacio común de representación que da forma a lo social.
El populismo es la forma de representación que adquiere la radical inclusión de la heterogeneidad.
La heterogeneidad entonces es esa ausencia siempre presente que desajusta toda representación. Ausencia porque supone exterioridad respecto del campo de representación como tal. Pero siempre presente porque es el suplemento que lo común necesita para poder ser representado, como lo pone Laclau: “el campo de representación es un espejo turbio y roto, interrumpido por un “real” heterogéneo al cual no puede dominar simbólicamente”.
Toda articulación hegemónica es asediada por el fantasma de lo excluido.
El populismo es así la activación de un espectro, el espectro del pueblo, que aparece y desaparece de la escena remitiéndonos a esa heterogeneidad excluida siempre necesaria.
Así como la espectralidad del pueblo haría entonces a la perdurabilidad del populismo, sus dificultades para alcanzar una institucionalidad estable también se desprenden de su naturaleza radical. Si antes que la negociación de la tensión entre ruptura y orden, el populismo es ruptura del espacio común de representación.


Conclusión


El objetivo de este trabajo era proponer una manera de entender el populismo como forma específica de prácticas políticas radicalmente inclusivas, cuya radicalidad les permite marcar de forma decisiva articulaciones políticas posteriores (de aquí la idea de espectralidad). Esta radicalidad, además, explicaría también la dificultad del populismo para lograr estabilidad institucional ya que la heterogeneidad que incluye el populismo pone en duda la existencia de un espacio común de representación. A diferencia del trabajo de Vilas, el populismo se presentó aquí como una forma política antes que como un contenido históricamente específico e irrepetible de ciertas prácticas. En relación a Aboy Carlés, el momento a privilegiar en la especificidad populista fue el momento radicalmente inclusivo que lo distingue de otras prácticas políticas que definimos como no-populistas.


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Ernesto Laclau


El término "populismo" fue acuñado por la tradición liberal sudamericana con un claro sesgo peyorativo. Lo que está implícito en un rechazo tan desdeñoso es la desestimación de la política y la afirmación de que la gestión de los asuntos comunitarios corresponde a un poder administrativo cuya fuente de legitimidad es un conocimiento apropiado de lo que es la 'buena' comunidad". Por su propia característica de significante flotante, y vacío, el referente de la palabra "populismo" siempre ha sido ambiguo y vago en el análisis social entonces "nuestro intento no ha sido encontrar el verdadero referente del populismo, sino hacer lo opuesto: mostrar que el populismo no tiene ninguna unidad referencial porque no está atribuido a un fenómeno delimitable, sino a una lógica social cuyos efectos atraviesan una variedad de fenómenos. El populismo es, simplemente, un modo de construir lo político". La claridad conceptual ausente en las referencias al populismo, sería de algún modo "sintomática" de lo propio de la política, atravesada por el antagonismo, la articulación y la lucha por la hegemonía, como características estructurales.


El "populismo" actúa como significante flotante, esto es, de significado permanentemente excedido y diseminado. Los intentos de explicarlo no han salido de una banal explicación que remite a términos como "imprecisión" o "vaguedad"; gran parte de la "culpa" de esto la tiene nuestra propia historiografía americana.
Del relativamente fuerte peso que tenía el proletariado versus la relativa debilidad del capital autónomo (en comparación con el capital extranjero) surge un "árbitro" que es el Estado (generalmente comandado por las Fuerzas Armadas) que media en un sentido más o menos progresivo para evitar que la confrontación social devenga guerra civil (y revolución). Todas las diferentes alternativas teóricas (tanto de izquierda como de derecha) que se propusieron abordar el populismo, parten de éstos análisis, en versiones más o menos cambiadas. El populismo entonces, se explicaría como un fenómeno de alianza de clases o bonapartismo (en el sentido de equilibrio inestable entre clases mediadas por un árbitro social) propio de la retrasada realidad social americana, hija de la más retrasada de las retrasadas realidades europeas: la española. Encontramos así un problema insalvable: "el impasse que experimenta la teoría política en relación con el populismo está lejos de ser casual, ya que encuentra su raíz en la limitación de las herramientas ontológicas actualmente disponibles para el análisis; el “populismo", como escollo teórico, refleja algunas de las limitaciones inherentes al modo en que la teoría política ha abordado la cuestión de cómo los agentes sociales “totalizan” el conjunto de su experiencia política." "Si al populismo se lo define sólo en términos de “vaguedad”, “imprecisión”, “pobreza intelectual”, como un fenómeno de un carácter puramente “transitorio”, “manipulador” en sus procedimientos, etc. no hay manera de determinar su differentia specifica en términos positivos. Por el contrario, todo el esfuerzo parece apuntar a separar lo que es racional y conceptualmente aprehensible en la acción política de su opuesto dicotómico: un populismo concebido como irracional e indefinible. Una vez tomada esta decisión intelectual estratégica, resulta natural que la pregunta “¿qué es el populismo?” sea reemplazada por otra diferente: “¿a qué realidad social y política se refiere el populismo?”. Entonces dice Laclau, si la pregunta por "qué es el populismo", es reemplazada por "¿de qué realidad o situación social es expresión el populismo?”, el populismo está realmente relegado a un nivel meramente epifenoménico. En palabras de Laclau, "de lo único que estamos hablando es de los contenidos sociales (intereses de clase u otros intereses sectoriales) que expresa el populismo, mientras que permanecemos en tinieblas con respecto a las razones por las cuales ese tipo de expresión resulta necesario".
Entonces: "en lugar de contraponer la “vaguedad” a una lógica política madura dominada por un alto grado de determinación institucional precisa, deberíamos comenzar por hacernos una serie de preguntas más básicas: “la ‘vaguedad’ de los discursos populistas, ¿no es consecuencia, en algunas situaciones, de la vaguedad e indeterminación de la misma realidad social?” Y en ese caso, “¿no sería el populismo, más que una tosca operación política e ideológica, un acto performativo dotado de racionalidad propia, es decir, que el hecho de ser vago en determinadas situaciones es la condición para construir significados políticos relevantes?”
Finalmente, “el populismo, ¿es realmente un momento de transición derivado de la inmadurez de los actores sociales destinado a ser suplantado en un estadio posterior, o constituye más bien una dimensión constante de la acción política, que surge necesariamente (en diferentes grados) en todos los discursos políticos, subvirtiendo y complicando las operaciones de las ideologías presuntamente ‘más maduras’?” Se dice que el populismo “simplifica” el espacio político, al reemplazar una serie compleja de diferencias y determinaciones por una cruda dicotomía cuyos dos polos son necesariamente imprecisos. "Por ejemplo, en 1945, el general Perón adoptó una postura nacionalista y aseveró que la opción argentina era la elección entre Braden y él. Y, como es bien sabido, esta alternativa personalizada tiene lugar en otros discursos mediante dicotomías como ser el pueblo vs oligarquía, las trabajadores vs explotadores, etcétera. Como podemos ver, existe en estas tres dicotomías, así como en aquellas constitutivas de cualquier frontera político-ideológica, una simplificación del espacio político (todas las singularidades sociales tienden a agruparse alrededor de alguno de los dos polos de la dicotomía), y los términos que designan ambos polos deben necesariamente ser imprecisos (de otro modo, no podrían abarcar todas las particularidades que supuestamente deben agrupar)." Estamos en presencia aquí de algo muy importante: la lógica misma de la política, como lógica específicamente discursiva y que pone en juego la hegemonía. Generalizadora y vaga, pero condición misma del llamado a la interpelación (recordemos aquel viejo y celebérrimo texto de Marx, el Manifiesto, en el que Marx nos dice que el mundo se divide en burgueses y proletarios), la dicotomía sería la condición de posibilidad misma de la articulación hegemónica, es decir, la posibilidad de otorgar un sentido precario al Significante-Amo.
En un pasaje verdaderamente esclarecedor, Laclau nos dice: "Sólo en un mundo imposible, en el cual la administración hubiera reemplazado totalmente y gradualmente a la política al tratar las diferencias particularizadas, hubiera eliminado totalmente las dicotomías antagónicas, hallaríamos que la “imprecisión” y la “simplificación” habrían sido realmente erradicadas de la esfera pública". Entonces los tecnócratas cuando nos hablan de "complejidad de la cuestión social" o de una esfera “pública" y otra "privada", ¡quieren política sin política!, La especificidad propia de lo político es lo discursivo,entonces como el arte discursivo, el "arte político" sería el espacio... de la retórica. "Tomemos el caso de la metáfora. Como sabemos, ésta establece una relación de sustitución entre términos sobre la base del principio de analogía. Ahora bien, como ya hemos mencionado, en toda estructura dicotómica, una serie de identidades o intereses particulares tiende a reagruparse como diferencias equivalenciales alrededor de uno de los polos de la dicotomía. Por ejemplo, los males experimentados por diferentes sectores del pueblo van a ser percibidos como equivalentes entre sí en su oposición a la “oligarquía”. Pero esto es simplemente para afirmar que son todos análogos entre sí en su confrontación con el poder oligárquico. ¿Y qué es esto sino una reagregación metafórica?". Cuando los mismos tecnócratas nos hablan de demagogia o de retórica, parecen olvidar que lo político mismo se constituye de ese modo: nuevamente braman porque la política se les ha infestado de... política. No nos sorprenderemos, si revisamos que lo que contraponen frente al fenómeno populista es la vieja y querida Racionalidad. Con esta operación se condena éticamente a todo movimiento popular, denigrando y degradando al populismo a la esfera "irracional" en el mejor de los casos. Pero este fenómeno de denostación de las experiencias políticas populares, se inscriben dentro de lo que podríamos denominar el "pánico a las masas".
En «La razón populista», usted afirma que, contra lo que suele pensarse, el populismo no es un contenido sino una «forma»: un modo de articulación consustancial a la política que no es necesariamente un problema, algo «negativo»...
E.L.: No: sin una dosis de populismo no habría política. En una sociedad donde toda demanda se resuelve en forma administrativa y sin disputas, evidentemente no hay política. La política adviene cuando las demandas sociales chocan con un sistema que las niega, y aparecen distintos proyectos que disputan por articularlas. Por otra parte, una sociedad que fuera totalmente reglamentada, donde no hubiera política, sería una sociedad donde el pueblo o «los de abajo» no tendrían ninguna forma de expresión.
A.P. Recién mencionó el mito del «fin de la política». Existirían dos posibilidades: una es la «pura administración de las cosas». La otra, la más temida hoy por los argentinos, es el fin de la política por disolución, porque las demandas parecen irreconciliables entre sí. ¿Existe hoy ese riesgo en la Argentina?
E.L. Veamos las posibilidades lógicas: por un lado, sí, está el fin de la política porque todo es administración. Esto significaría que no hay protesta ni disenso porque el Estado es un administrador eficaz, total. Es la imagen que uno tiene de las sociedades escandinavas, que se acercan bastante a esta descripción. La otra posibilidad es que se diga «que se vayan todos». Esto significa el final de la clase política; y ahí el modelo se acerca al Leviatán, el Estado absoluto de Hobbes. Porque decir «que se vayan todos» es decir que se quede uno, porque alguien tiene que reglamentar la sociedad. Contra el mito de la sociedad totalmente gobernada, el «que se vayan todos» es el mito de una sociedad ingobernable, que necesita de un amo que restablezca el orden.


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Nicolás Casullo: “Populismo”


La preocupación de este texto es sustraer el problema que se discute de aquello que oculta lo que en realidad se discute.
En ocasiones el populismo puede resultar funcional al liberalismo.
Un populismo que en la actualidad se caracteriza por “la búsqueda de la polarización social y la crispación permanente” gestándose desde raíces peronistas y respaldos castristas para quebrar o interrumpir un reciente ayer “donde éramos muchos los que pensábamos que el populismo estaba definitivamente enterrado en la región”.
La connotación que hoy establece la noción de populismo conduce a su propia espectralidad. Su permanente referencia periodística instrumental instaura la idea de una repetición que entre otras cosas daría cuenta de lo difícil que resulta enunciar este presente que finalmente posterga siempre su inteligibilidad. Porque aquello que se repite nunca es igual a lo ya entendido: rompe su propia representación. Es la repetición de otra cosa.
La experiencia del pasado se piensa, se vive y se enuncia muy frecuentemente como una mágica, o amenazante, o reparadora, o irracional alusión que ampara el pensar. Como un recurrente déjà-vu que trastoca traumáticamente el orden de las temporalidades y de las propias teorías sobre praxis políticas e intelectuales.
La necesidad de no confundir liberalismo, entendido como concepción totalizadora de la economía y de la política como propuesta global de la organización de la sociedad, con democracia. El peronismo se define como antiliberal pero no como antidemocrático. Solamente le ha quitado la bandera de la democracia y la representatividad al liberalismo para incorporarla en el proceso de creación de una democracia real.


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BALSA


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Félix Ortega: “El populismo de la opinión mediática”
Populismo en la democracia de audiencias


Populismo político. A la supuesta ambigüedad pretérita se le viene a sumar otra más reciente, la derivada de su empleo como “neopopulismo”, que en unos casos sirve para designar políticas neoliberales y autoritarias tendientes a desmontar el Estado del Bienestar; en otros para vincular estrechamente el concepto con la racionalidad específica de los medios de comunicación.
Si deseamos percatarnos del sentido que hoy pueda tener el populismo, hemos de ponerlo en directa relación con los rasgos que definen con mayor precisión el tipo de sistema político en que emerge. Designa un complejo de dimensiones que cada vez se articula y funciona de manera diferente.
Estimo que los elementos centrales de todo populismo son: (1) el uso político de una categoría, “pueblo”, (2) que se opone y enfrenta a la fórmula de gobierno vigente, (3) por no ser adecuada ni suficientemente representativa, (4) de donde se derivan gran parte de los problemas que aquejan a una sociedad dada; que (5) pueden resolverse rápidamente si se permite activar formas genuinas de representación en las que se exprese fiel y directamente la categoría mítica (e irracional) del “pueblo”, principio y fin de la legitimidad y acción políticas, y todo ellos personalizado en la figura de alguna forma de liderazgo carismático.
El “pueblo” como arquetipo de esta praxis política es precisamente el núcleo duro del populismo y lo que requiere de su necesaria incardinación en un modo concreto (histórico) de ejercer la política. Modalidad de representación típica de nuestros días, la llamada democracia de “audiencias” o de “públicos”. Por tal ha de entenderse aquella en la que juegan un decisivo papel los medios de comunicación, encargados de hacer llegar al votante la oferta electoral inducida mediante imágenes elaboradas por expertos en comunicación. (1) El campo de batalla político se ha desplazado de los escenarios tradicionales (parlamentos, calle, mítines) al nuevo espacio público, (2) donde tiene lugar una confrontación de los políticos de acuerdo con reglas creadas en el campo de la comunicación mediática; y (3) que de esta particular contienda se derivan dos fórmulas de representación política simultáneas y no coincidentes, la del sistema electoral y aquella otra que elaboran de manera permanente los medios de comunicación.
La representación dual no sólo permite el populismo, sino que lo estimula y fortalece. La opinión pública se convierte en el núcleo esencial del populismo; o con mayor precisión, el “neopopulismo” es la retórica política en la que la opinión pública se esgrime tanto para invocar un poder social genuino, como para enfrentarlo a formas espurias de representación cual son electorales.


El mito de la “opinión pública”


La relación principal de la opinión pública es con el poder político. Y si bien el significado de la opinión pública no se agota en sus manifestaciones políticas, empero es en este terreno donde más rentabilidad adquiere. Una versión corresponde a lo que podemos denominar idea racional de la “opinión pública”, que contribuye al avance del conocimiento sobre lo que las sociedades son; la otra es característica de los mitos, y su objetivo no se dirige a conocer sino a movilizar emocionalmente a una sociedad dada.
La soberanía específica es aquella detentada por el orden institucional que mejor (al menos formalmente) la representa. Y ese orden no es otro que el constituido por el sistema de la comunicación, el único que públicamente se erige en genuino y permanente representante de ella. Y en efecto así es, ya que la “opinión pública” no dispone de otro ámbito institucional capaz de hacerlo. Los medios de comunicación asumen el doble poder de construir y de representar a una opinión pública que, en términos globales, resulta ser la más decisiva para una sociedad. Son sus imágenes las que a postre proporcionan una matriz común para edificar identidades compartidas (o en ocasiones enfrentadas).
De esta manera, los medios de comunicación se han convertido en los depositarios de la soberanía entendida como la opinión pública que ellos elaboran. En este proceso de transfiguración los medios institucionalizan la opinión, con lo que se apropian del poder espiritual específico de nuestra época. Un poder que ha procedido a un doble proceso de sustitución: primero de la sociedad por las audiencias o públicos; después, de éstos por la “opinión pública”. La cual, por carecer de entidad objetiva y de recursos propios para articularse, no es otra que la opinión mediática. En vez de soberanía popular, soberanía de la opinión pública mediática.


La construcción de la “opinión pública”


Respecto de la opinión pública, los medios se muestran como los genuinos representantes de la misma, ya que tienen a su disposición de cauces variados para conseguirlos, del que las encuentras rigurosas son tan sólo uno (y no el principal) de los recursos empleados. Porque junto a ellas hay, al menos, otras modalidades de representación (no científica) de la opinión pública igualmente válidas (si es que no más). Entre las más frecuentes pueden señalarse las siguientes: encuestas ad hoc, la “voz” de la calle y la representación “natural” (resultado de la vinculación empática de los profesionales con su medio local).
La opinión pública tiene un “vocero” privilegiado, que de manera “natural” se revela en las prácticas profesionales. En otras palabras, el componente principal de la profesión periodística viene a ser el permitir el libre flujo de opinión, confundida con las propias opiniones de sus ejecutantes.
Tiene lugar así una de las formas más acusadas de lo que Grossi ha denominado “percepción errónea de la opinión pública”. Un proceso de sustitución del todo (la opinión del conjunto de una sociedad) por una parte (la opinión de los media). Periodistas y medios hacen pasar sus evaluaciones por las de la generalidad. Esta ficción de hacer pasar la parte por el todo forma parte sustancial de la ideología profesional propia sobre todo de un modelo de periodismo sacerdotal.


Las funcionalidades populistas


En el plano político los medios de comunicación se atribuyen una tarea central: ser la principal plataforma de expresión de las necesidades (auténticas y arraigadas) de la sociedad. Las que además se proyectan en forma de opinión pública, que viene a confundirse con la sociedad misma. No hay más sociedad que la que refleja la opinión pública mediática, es el lema dominante. De modo que el conjunto del sistema de la comunicación se transforma en una agenda social, a la que (se supone implícitamente) el actor principal (la sociedad) ha transferido la capacidad de intervenir socialmente.
La representación de la “gente corriente”
Los medios de comunicación transmutan así una práctica profesional en todo un sistema de representación social. Porque no se trata sólo o preferentemente de narrar acontecimientos que en sí mismos son dispersos y fragmentarios, sino en proporcionar un cuadro completo de la sociedad. Y ello es posible porque la comunicación mediática ha construido, de sí misma, una imagen en la que sus procesos se presentan como los más capaces de dar cabida a las necesidades colectivas. Y en los que por ende sus integrantes son bastante más que meros profesionales; se constituyen en líderes, capaces sobre todo de organizar la opinión pública en un discurso coherente y significativo.
Esta figura del líder popular mediático (que no es el político, sino el profesional de los medios en un sentido amplio) es de enorme importancia para comprender el neopopulismo. La sociedad queda subsumida en (es decir, sustituida por) la “distinción” y “visibilidad” del líder, que encarna cuanto de más típico tiene esa sociedad.
Una vez producida esta transformación, los medios de comunicación se encuentran en condiciones (estructurales y culturales) para disputar el liderazgo social a los líderes políticos (y por extensión a cualquier otra modalidad de liderazgo, particularmente el que se constituye en el ámbito cultural). Tal liderazgo es competitivo con el de la política en una doble dimensión: la de la representación y la del diseño de las políticas. La diferencia entre ambos es, sin embargo, notable: el “popular” ni se somete a prueba electoral alguna, ni ha de dar cuenta de las acciones que otros puedan emprender en su nombre, porque este liderazgo se mueve en un terreno muy distinto. De un lado, trata de seducir a sus públicos ofreciendo promesas irrealizables, cuanto más radicales mejor. Y de otro, tiene como objetivo prioritario a la clase gobernante, a quien constantemente presionará para que dé cabal respuesta a sus exigencias, y de la que podrá en todo momento distanciarse cuando sus acciones resulten fallidas. El líder populista, en definitiva, como la opinión pública que dice representar, nunca se equivoca.
Una participación en forma de ficción
Las democracias representativas nunca pusieron un énfasis especial en la participación. Sólo en momentos históricos muy concreto, justamente cuando la representación social no era viable, es cuando encontramos esa movilización general del cuerpo social. Pero estar movilizados no es ciertamente estar representados.
El espectáculo de la deliberación
Al ser los sistemas democráticos fórmulas en las que es necesario hacer reconciliables intereses antagónicos mediante la discusión, ésta ha sido siempre invocada como parte esencial de aquellos. Para que la misma prospere, se requiere de escenarios y reglas que la posibiliten. Se ha ido construyendo toda una legitimación en torno a los espacios públicos mediáticos como los apropiados para permitir la deliberación política y social. Tendríamos que aceptar que el debate público de nuestros días es exclusivamente aquel que tiene lugar en los escenarios mediáticos. Los debates se realizan conforme a las reglas del espectáculo mediático. Por lo general, estos programas amalgaman las tres funciones: la representación, la participación y la deliberación. De modo que se ha ido creando un tópico que es el siguiente la democracia deliberativa ha desaparecido del espacio político y se ha transformado en un atributo específico de la comunicación mediática.
¿Qué se encierra en tal aseveración? Al menos estos significados. El primero, que en la naturaleza de la sociedad hay un nivel de convicciones y expectativas que la política no es capaz de recoger a través de sus mecanismos institucionales. El segundo, que es sentir profundo de la sociedad puede expresarse libre y fluidamente en la opinión pública. La cual, en tercer lugar requiere de procesos de deliberación que ni la política ni la sociedad están en condiciones de proporcionar. Y en cuarto lugar, que es el sistema de los medios el único que facilita que la soberanía popular expresada en la opinión pública disponga de cauces para exteriorizarse y legitimarse.
¿Cómo llevan a cabo este proceso los medios de comunicación? Convirtiendo los debates que ellos propician en el espectáculo de la opinión pública. Con lo que opinión pública y las supuestas deliberaciones que propicia no es diferente de las cualidades que caracterizan a las noticias: novedad, impacto, titulares llamativos y eslóganes.


La confrontación política basada en la opinión mediática


A partir de estas transformaciones se produce una fuerte dependencia cognitiva de la sociedad respecto del sistema de medios. No sólo porque en él encuentra su principal encuadre referencia, sino también porque en él suele confiar como modo de intervención social eficaz. El mecanismo funciona de manera tal que los ciudadanos se convencen de que movilizando a los medios de comunicación es como mejor pueden obtenerse resultados tangibles en la estructura de la sociedad y de la política.
Dos conclusiones: la primera es la necesidad de emprender un sistemático programa de investigación empírica que nos permita descripciones más minuciosas y realistas de los procesos aquí expuestos. La segunda, que frente a la ideología mediática dominante, que sacraliza su opinión pública, se requiere la elaboración de una teoría crítica de la opinión pública.










PRÁCTICOS

El alfonsinismo, contexto sociopolítico y medios de comunicación. SERGIO COM.

Se puede apreciar desde los primeros momentos de gestión el predominio del doble discurso y la incoherencia.

Al año siguiente del histórico juicio a los jefes militares, y ante la asonada de “Semana santa” se promovió la ley de Punto final que fijaba un plazo de 20 días para presentar las acusaciones contra militares por violación de los DDHH. Poco tiempo después la ley de Obediencia Debida dio lugar al desprocesamiento de oficiales y suboficiales involucrados en la represión.

Durante los primeros dos años, con Grinspun, se trató de cumplir promesas electorales de reactivación económica y recomposición salarial y, aplicación de políticas antiinflacionarias. El sector financiero había adquirido proporcioness enormes y las prácticas especulativas dominaban la actividad en un contexto de quiebra del erario público, endeudamiento superlativo y fuga de capitales.

En 1985 Sourrouille impulsó la necesidad de acercarse a los pedidos internacionales, renegociar los servicios caídos y refinanciar la deuda a largo plazo. El 14 de junio de ese año se lanzó el plan Austral, que tenía la intención de revertir el proceso inflacionario.

El plan contó inicialmente con el apoyo del pueblo, establecía congelamiento de precios y salarios, creación de un nuevo signo monetario, promesa de no emisión monetaria.

En la campaña, el radicalismo propuso: la creación de tres sistemas para la explotación de tv y radio: estatal, privado y no gubernamental; comisión bicameral de radio y tv; integración de programas de educación a distancia de radio y tv.

Por el decreto 1154 de abril de 1984, se suspendió el PLANARA, hasta que no se modificase la Ley de Radiodifusión. Esto significó que cualquier ciudadano que deseaba hacer uso de alguna de las frecuencias tenía cerrado todo camino legal.

Comenzaron a verificarse intentos de instalar emisoras comunitarias. El clientelismo político fue uno de los fenómenos marcadamente distorsivos. Muchas radios fueron instaladas por punteros y conducidas luego por afiliados. Hay provincias y municipios donde, a pesar de conocerse su ilegalidad, los gobiernos les dieron publicidad oficial.

Muchas radios comunitarias fundan ARCO que posteriormente se convierte en FARCO (Federación Argentina de Radios Comunitarias), una asociación en defensa de la comunicación comunitaria.

Desde diciembre del 83 se manifestaron en el gobierno dos grandes tendencias respecto de las políticas audiovisuales. Una esencialmente privatista, centralista y comercial, que estaba liderada por el delegado normalizador del COMFER, Pedro Raúl Sánchez. La otra, con base en la SIP, pretendía impulsar un régimen con mayor participación estatal, estimular la participación de organizaciones intermedias y promover la descentralización de la autoridad de aplicación.
El proyecto del COCODE establece el derecho a la información como complemento de la libertad de expresión. Se propone una autoridad de aplicación colegiada, con entes descentralizados. Creación de un sistema audiovisual gubernamental y otro estatal. Se permite publiciadad a todos los sectores. Se crea la figura del defensor del público. Se establecen límites a los medios gráficos (sólo pueden tener el 33% de los votos). Las redes no pueden tener más de 5 emisoras, estas no pueden tener más que el 30% de programación de su cabecera. Se establecen porcentajes obligatorios de producción propia: 15% los primeros dos años, 25% los siguientes. Se contempla que las emisoras no autorizadas puedan incorporarse al sistema. El proyecto es abandonado en abril de 1988.

Ese año se envía otro proyecto, con varios guiños al sector privado: se eliminó el canal público no gubernamental. Se eliminaron las autoridades descentralizadas. Se aumentó el tiempo de publicidad para los privados. Se establecían cadenas de hasta 8 emisoras. Se adjudican estas modificaciones a la presión del Diario Clarín.

Desde un comienzo la lógica de la competencia entre VCC y Cablevisión quedó eliminada ya que realizaron acuerdos para dividirse el territorio sin conflictos.

En términos generales la mayoría de los decretos y resoluciones que se implementaron en relación a los medios beneficiaron la concentración, el negociado y la manipulación los medios masivos de comunicación a favor de empresas privadas y en detrimento de lo que pudo haber sido una comunicación con sentido comunitario.


Al fin solos: el nuevo escenario de las comunicaciones en la Argentina. ALBORNOZ, HERNANDEZ, POSTOLSKI.

Proponemos una aproximación al proceso de conformación de los dos grandes conglomerados mediáticos que dominan el sector de las comunicaciones, destacando su relación con la administración estatal.
Nuestro enfoque pretende distinguir los puntos de inflexión en las estrategias de crecimiento que consolidaron a dos grupos dentro del panorama mediático argentino: el Grupo Clarín y el tándem CEI Citicorp Holdings - Telefónica Internacional SA (TISA). Describiremos la evolución de cada grupo en los últimos años y el reflejo de sus crecimientos en la normativa vigente a partir de una estrecha relación con el aparato estatal.

La Argentina comenzó el proceso de privatización de los servicios de radiodifusión y de telecomunicaciones a fines de 1989, con la adjudicación de los principales canales de tv abierta del país. Esto junto al otorgamiento de dos licencias en régimen de exclusividad para operar la telefonía marca el inicio de una etapa muy dinámica de las comunicaciones, caracterizada por un fuerte incremento de la inversión de capitales y la rentabilidad.

* grandes masas de capital financiero internacional.
* acelerado proceso de concentración económica, desplazando a actores tradicionales.
* tendencia a adecuar la normativa a los intereses del sector privado
* superposición e inestabilidad de organismos de control
* judicialización del tema.
* ausencia de debate en la sociedad civil y en los partidos políticos.

Aparición de un duopolio privado. Por un lado, el Grupo Clarín, por otro lado CEI-TISA.

Clarín:
En la década del 80, violando las limitaciones del decreto ley 22285, Clarín compró Radio Mitre a través de testaferros. Alineado con Menem en la campaña, presiona para privatizar los canales de tv capitalinos y modificar el artículo 45, lo que le permitiera participar en la licitación. Mediante la sanción de las leyes de Emergencia Económica y de Reforma del Estado se modificó la normativa para la radiodifusión.

En 1992 compra Video Cable Privado e ingresa al negocio de la tv por cable. En ese momento se asocia con sus futuros competidores (Telefónica y el CEI) para atraer capitales. En cinco años se convirtió en el principal operador del mercado argentino, con una facturación anual de 250 millones USD. A fines de 1997, la tercera empresa de tv por cable fue vendida en partes iguales a sus competidores: Multicanal y CableVisión.

Clarín ingresó al sector de telecomunicaciones a través de CTI, que en 1994 fue la primera empresa en prest ar servicios de telefonía celular fuera del área metropolitana.
Hacia mediados de la década produce un cambio en su estrategia empresarial, concentra sus activos en el sector y se presenta en sociedad como grupo para reforzar su estructura y protegerse frente a la competencia de inversores y multimedios extranjeros.

TISA CEI:
La empresa Telefónica de Argentina SA, controlada por COINTEL de Telefónica de España, el Citibank, el Banco Río y Techint SA resultó adjudicataria de la región sur del país. La explotación de un mercado cautivo sin competencia garantizó niveles de rentabilidad superiores al 15%. A ello se sumó la dolarización de las tarifas por pulso en 1991, lo que permitió no sólo afrontar los gastos de inversión de capital sino obtener ganancias muy superiores a las que actividades similares logran en economías desarrolladas.
Con la idea de alcanzar zonas de cobertura donde prestaba servicios Telecom, ante la futura prestación de servicios en un mercado desregulado, se expandieron hacia la tv por cable en la zona norte. Para ello durante 1996 se asociaron, en la empresa Multicanal con Clarín. La intención del CEI por conquistar una participación accionaria mayor en el negocio, llevó a una primera ruptura entre ambas empresas, acentuada cuando el holding anunció la compra de CableVisión TCI. Se constituyó así el segundo operador nacional de televisión por cable, detrás de la empresa Multicanal.
La inversión más importante del CEI fue su asociación con la Editorial Atlántida de la familia Vigil que al privatizarse los canales capitalinos ganó la licencia de canal 11.
El Estado nacional, ante la negativa de canales de Córdoba y Rosario a vender, anuncia la próxima licitación de canales de tv abierta en esas localidades. Ante la presión, los canales venden. Una semana después, las licitaciones son suspendidas con nuevos decretos.

El estado aparece entonces como administrador directo de los intereses del capital., presionando por medio de la normativa para que un sector transfiera el control de sus empresas a otro. Así, la capacidad casi ilimitada de contar con recursos financieros adicionada a su proximidad con el poder ejecutivo, le permitieron al CEI aventurarse con éxito entre los más diversos emprendimientos.

Durante los últimos meses de la década del 90  se agudizan los procesos de concentración e internacionalización. Por un lado, el CEI es controlado por un fondo de inversiones norteamericano (HMT&F) y al divorcio del CEI-TISA; y por el otro, al ingreso al Grupo Clarín de uno de los mayores bancos de inversiones del mundo, Goldman Sachs.

El Citibank se ve obligado a vender sus acciones por leyes de la bolsa de NY que indican que una entidad financiera no puede controlar una empresa de servicios. Por su lado TISA se despliega en el área de contenidos. La empresa prestadora de un servicio de telefonía nacional se convierte en un grupo multimedia internacional orientado por la convergencia tecnológica, la integración económica y el control de todos los procesos y soportes.

A dos meses de concluir su segundo mandato, Carlos Menem dictó el DNU 1005/99 modificando artículos del decreto ley 22285. Se modifica la cantidad de licencias, de 4 a 24 permitidas. Se autoriza la transferencia de licencias, la formación de cadenas y libera el tiempo publicitario.

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La radiodifusión en Argentina entre 1995 y 199: Concentración, desnacionalización y ausencia de control público. ALBORNOZ, HERNANDEZ.

Transformismo a la argentina.

La desarticulación de emprendimientos estatales a través de los programas de privatización, particularmente de las comunicaciones, se consolidó a la sombra de una nueva fracción hegemónica que combinó capital financiero internacional, operadores internacionales de servicios públicos y capital nacional y redujo definitivamente la política a subsistema de la economía.

En la segunda presidencia de Carlos Menem se observa presencia del capital financiero transnacional, concentración del capital, incorporación intensiva de nuevas tecnologías y expansión de los servicios ofertados. Se transfirió casi la totalidad de medios de radiodifusión a nuevos agentes vinculados al mercado financiero y a los protagonistas de la convergencia tecnológica.

De 1989 a 1995, en la radiodifusión hay agentes nacionales en un mercado oligopólico, cuya expresión sobresaliente fueron los grupos multimedia. Clarín - Canal 13 y Editorial Atlántida - Canal 11.
De 1995 a 2000, aumenta la presencia de capitales extranjeros que adquieren las principales empresas de radiodifusión del país.

Los años 90 estuvieron signados por la conformación de grupos multimedia, caracterizados por la conformación de grupos de interpenetración patrimonial de empresas de radiodifusión, telecomunicaciones, producción audiovisual y prensa escrita, cuya actuación se verificó en la mayoría de los segmentos de la comunicación masiva. En el ámbito de la radiodifusión, se asistió al debilitamiento de los mercados oligopólicos radiofónico y televisivo, construidos sobre el sistema de alianzas de las burguesías propietarias de los medios de comunicación y el aparato del Estado y protegidos por barreras de entrada principalmente regulatorias. Las pérdidas de poder y de control de mercados que experimentaron los tradicionales agentes no se produjeron debido a un incremento de los capitales en competencia en la radiodifusión, sino por el traspaso de propiedad a empresas extranjeras en un escenario de convergencia e incremento de servicios, violando o modificando la legislación vigente. Por otro lado, se acrecentó la presencia de capitales transnacionales en los servicios públicos privatizados, particularmente en las telecomunicaciones. Una presencia caracterizada por la combinación de fondos de inversión y operadores de gran volumen de capital disponible.

CEI-Telefónica compró en 1997-1998 los canales 9 y 11 y sus repetidoras provinciales con apoyo del gobierno nacional.

Los canales UHF fueron usados para tv codificada. La irregularidad de suministrar frecuencias para que empresas comerciales exploten servicios con cargo para el usuario sin la existencia de un plan estratégico de frecuencias ni una nueva legislación.

En 1996 apareció Televisión Directa para el Hogar, única prestadora de señales de radiodifusión satelital. En 1998, gracias a un acuerdo de reciprocidad entre argentina y EEUU, el Grupo Clarín lanzó DirecTV.

En 1998 argentina adoptó la norma estadounidense para la tv digital hertziana (TDT). Un argumento esgrimido por el sector privado es la potencia y escala del mercado estadounidense.

La búsqueda de una economía de escala fue el principio rector del sector de las radios, en un mercado donde la pauta publicitaria se alejaba cada vez más respecto a la de la televisión. En segundo lugar, se produjo la adquisición de las principales radios por parte de capitales extranjeros.

Pese a que agentes de diversa naturaleza fueron autorizados a prestar servicios radiofónicos, las organizaciones civiles sin fines de lucro fueron excluidas de la adjudicación de licencias.

Las restricciones antimonopólicas, los límites a la publicidad las responsabilidades del servicio derivada de la licencia, fueron modificados poco a poco durante los gobiernos de Carlos Menem, siempre en una dirección unívoca que salvaguardó los intereses de los grandes grupos económicos en desmedro del interés general.
Los tratados internacionales, que adquieren estatuto de Ley a partir de 1994:
* Protección recíproca de inversiones.
* Reciprocidad de servicios satelitales.

Decreto 1005/99.

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El conflicto agrario y los media.

La sanción de la Ley de Protección de las Industrias Culturales, negociada durante la administración de Duhalde y sancionada bajo el gobierno de Kirchner fue el primer gesto de acercamiento. La negociación planteada entre un gobierno entrante, con 22% de votos, y los dueños de los medios con deudas en USD y con ingresos en pesos devaluados. La fragilidad compartida da cuenta de la necesidad de la alianza en la que unos buscaron fortaleza política y otros superar la debilidad económica. El rescate del puñado de empresarios monopolistas que dominan la producción de bienes simbólicos se trató otra vez de un eufemismo para  designar a la relación de patronazgo que venían ejerciendo  impúdicamente los dueños del poder mediático sobre los supuestos representantes del pueblo.

Así se dio entre otras medidas la sanción del decreto presidencial 527/05 que decidió las prórrogas de las licencias, sin requisitos. En la misma orientación podemos señalar el mantenimiento de la suspensión para la instalación de servicios de cable. El decreto 703/05 que permitió separar una AM de una FM, para que la compre Tinelli. En plena campaña presidencial de 2007 la aprobación de la fusión entre Cablevisión y Multicanal.

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Ley de Preservación del patrimonio cultural: el poder mediático al desnudo. BULLA, POSTOLSKI.

Cram down consiste en abrir la posibilidad de que los acreedores de las empresas endeudadas pudieran canjear deuda por acciones de las mismas, evitando la quiebra pero no su extranjerización.

Clarín y la Nación impulsaron una excepción para el régimen del cram down, alegando la importancia estratégica de las industrias culturales y los medios de comunicación. En 2003 se sanciona la Ley.

La protección incluye a diarios, revistas, empresas editoriales, servicios de radiodifusión, productoras de contenidos audiovisuales y digitales, proveedores de acceso a internet y empresas de difusión en vía pública. Se limita al 30% del capital y/o de los votos en el Directorio de las empresas de comunicación, la participación de personas físicas o jurídicas extranjeras. Esta norma sólo contempla la posibilidad de ampliar la participación de capitales a pedido de la firma concursada. Pero para eso es necesaria la autorización previa del poder Ejecutivo.

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Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual ó el retorno de la centralidad de la política. BULLA.

Raúl Alfonsín no supo no quiso o no pudo avanzar en radiodifusión. Ninguno de los proyectos de la época surgió de un debate público extendido en torno al para qué del sistema de medios electrónicos: “se estaba poniendo al carro delante del caballo”. Los resultados electorales de 1987 significaron el certificado de defunción para cualquier impulso para sancionar una nueva ley. No se sancionó la prometida ley democrática de radiodifusión, los canales de TV heredades con el control estatal permanecieron con ese tipo de gestión durante todo el período, lo que es peor, adjudicadas sus respectivas conducciones a distintas líneas internas del partido gobernante, un esquema similar al que habían aplicado las FFAA durante la dictadura.

Las políticas de re-regulación a favor de los grupos locales de comunicación más concentrados y luego, a partir de 1995, con la apertura del ingreso de capitales extranjeros, permitió, la propiedad cruzada de medios, la conformación de redes a nivel nacional y la diversificación de los grupos en el sector de las comunicaciones.

Quedó así planteada una suerte de maridaje por conveniencia entre los magnates propietarios de medios de comunicación y los miembros de la autodenominada clase política.

Los gobiernos que se sucedieron hasta el 2003 siguieron una línea similar: sin capacidad y/o convicción para avanzar en la democratización del sistema de medios de comunicación, y hasta beneficiándolos tras la crisis devastadora que terminó la aplicación sistemática de políticas neoliberales en nuestro país.

NK firmó el decreto 527/05, prorrogando por 10 años las licencias.

Una vez tomada la decisión política de democratizar la comunicación era necesario contar con sectores organizados y movilizados del campo popular para resistir y vencer los embates mediáticos que no tardarían en hacerse notar ni bien se manifestara la voluntad oficial de avanzar.

La Coalición por una radiodifusión democrática, un espacio que nucleó a 300 organizaciones sociales (CGT, CTA, Madres, etc) consensuó un programa básico para la democratización.

El manifiesto de los “21 puntos para una ley de radiodifusión democrática” elaborado y presentado en 2004 fue retomado en 2008 por CFK quien instruyó la redacción de una propuesta de Ley.

La Ley de SCA (26522) apunta a revertir la conformación oligopólica y monopólica que presenta nuestro sistema de medios electrónicos a partir de las reformas neoliberales impuestas fundamentalmente durante la década de los 90. Lo hace por dos caminos: reconoce tres tipos de titulares de licencias: sector público, sector privado y organizaciones libres del pueblo; por otro lado, retrotrae el panorama concentrado y limitando las posiciones dominantes.

En una misma locación, quien produce y emite contenidos por tv de aire no puede distribuirlos por cable. Nadie podrá emitir por aire a un público potencial mayor al 35% de la población nacional, ni nadie podrá acumular una cifra mayor al 35% de los abonados nacionales a la tv paga. Amén de que puede acumular más de diez licencias de radio y/o tv a nivel nacional, más de tres en la misma localización, o más de veinticuatro de tv por cable a nivel nacional.

La autoridad de aplicación de la ley, el AFSCA está compuesta por un directorio pluralista que incluye a las primeras tres minorías parlamentarias, dos representantes del PEN, dos propuestos por el Consejo Federal de Comunicación Audiovisual, de los cuales uno debe provenir del ámbito académico público.

Los canales y emisoras radiales de todo el país sólo se podrán sumar a redes privadas durante el 30% de la jornada de emisión, esto implica al menos un 70% de elaboración propia. El 60% de los contenidos televisivos deberán ser de producción nacional, el 30% de producción propia y entre el 10 y el 30% de producción local independiente, según la densidad poblacional del área de cobertura. El 30% de la música que se emita debe ser argentina, y el 50% de ella de carácter independiente. Todos los canales de tv deberán estrenar anualmente 8 filmes argentinos, habiendo adquirido los “derechos de antena” de manera previa a la filmación de las mismas.


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