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Ford, Aníbal (1999): “La honda de David. Antropología, comunicología, culturología en el Tercer Mundo” - Comunicación II - Cátedra: Martini


Ford, Aníbal (1999): “La honda de David. Antropología, comunicología, culturología en el Tercer Mundo” - Comunicación II - Cátedra: Martini


ANÍBAL FORD:
LA HONDA DE DAVID
 ANTROPOLOGÍA, COMUNICOLOGÍA, CULTUROLOGÍA (1995)

El juego bifronte de los estudios culturales
La relación entre la antropología y los estudios comunicacional y/o semiológicos está produciendo hoy, en ambos casos, una explosión de trabajos e investigaciones.
Esto forma parte de un proceso mayor, común a varios campos de investigación, pero también a la relación de ésta con la política, como ocurrió en la Argentina de los ’60, que puso sobre la mesa la necesidad de recurrir a diversos saberes para explicar las complejidades de las crisis contemporáneas.
Pero, en parte, este proceso es también producto de la reacomodación y crisis del campo intelectual y del mercado académico. Y de sus conflictivas relaciones con la política y las  transformaciones sociales y económicas.  De ahí que una de las mayores discusiones que se está dando es la que plantea la institucionalización de los estudios culturales en la medida en que esta institucionalización puede degradarlos o debilitarlos política y críticamente.
Los estudios culturales, al perder su condición border entre lo académico y lo político, pueden perder su densidad crítica, su autonomía y transformase en buenos “instrumentos”.


Micro/ macro: un falso binarismo
Las investigaciones micro tienen valor comunicacional y también político como ruptura de la noción unidireccional de la comunicación e incluso como reivindicación del hombre común y de sus saberes.
El binarismo micro/macro es falso. Un mismo objeto puede estudiarse desde diversas escalas, con microscopio o desde satélite y cada una nos presentará problemas específicos, pero no contradictorio con los otros niveles.
El problema es cuando no se produce el enganche entre las visiones micro, muchas veces, endolocalistas y cualitativas y las visiones macro. Y viceversa, porque no podemos reducir el mundo a un conjunto de estadísticas o de ideas generales. Pero trabajar en varias pistas a la vez parece que todavía produce angustias e inseguridades.

De cómo la reina Victoria aportó al tercermundismo
Hay dos concepciones de cultura que se vienen estudiando desde hace mucho tiempo: una se refiere a la cultura como las bellas  artes, y otra al conjunto de creencias, hábitos, destrezas, vida cotidiana, etc. (concepto de cultura  tyloriano). 
Ahora bien, tanto este concepto, como la visión de las culturas, fueron utilizados por los intelectuales del tercer Mundo no sólo para fundamentar su derecho a ser naciones autónomas, en la era de la modernidad, sino también para señalar los valores de la creatividad social de sus pueblos, muchas veces degradados por el evolucionismo racista, más allá de que hubieran accedido o no a la alta cultura.
Cada avance en el estudio del comportamiento en una villa es un avance en la conciencia colectiva. Pero, también, buen material para los encargados del control social, aunque esté santificado por alguna ONG internacional (que funciona como purificadora de la mala conducta del Primer Mundo). En definitiva, constituye una investigación suelta que no sirvió ni a la sociedad ni al conocimiento.
Por eso es peligroso que los estudios culturales se desenganchen del compromiso político macro. No se puede seguir avanzando en la problemática multicultural, muchas veces hiperdesagregada, sin tener en cuenta que su origen está en las migraciones y que éstas, a su vez, son el producto de las nuevas estrategias de los poderes ahora aparentemente errátiles de la economía internacional que han hecho que la brecha entre ricos y pobres haya llegado a los extremos en que se encuentra actualmente.
No estoy desacreditando a los estudios culutrales, sino planteando ciertas preocupaciones en el momento en que crecen y se institucionalizan. Hace años que luchamos contra las concepciones mecanicistas, economicistas, instrumentalistas. Estudiamos de todo y criticamos de todo. Pero no hay avance crítico sin conocimiento concreto de la realidad concreta. Pero también de las nuevas, o viejas formas, en que conocemos.

Dónde estoy, dónde me pongo
Los estudios culturales hoy pueden absorber distintas disciplinas. Muchas aportaron mucho a la desmitificación del discurso y retóricas del conocimiento. Pero, en muchos casos, llevaron a un rizoma desestructurador que hizo imposible hablar de los problemas sociales concretos. La pobreza se transformó en discurso sobre la pobreza pero millones todavía sufren hambre.
Todo es necesario en el análisis cultural: los enfoques sistémicos y estructuralistas, las desagregaciones post­estructuralistas, los intentos de formalizar el azar por las ciencias del desorden, pero también la inclusión no planificada de lo aleatorio, los desarrollos cuantitativos y cualitativos en sus múltiples variantes.
Siempre y cuando, si es que se quiere hacer del análisis cultural no sólo divertimento, no se pierda contacto con los problemas que, concretamente, tiene y vive la sociedad. O no se olvide que la cultura del hombre es una constante lucha entre formalización y ruptura de esta formalización. Cuando esto sucede es porque debajo hay una trampa ideológica o está jugando sus fichas la corporación académica. Hoy cada pueblito tiene su antena parabólica, pero los conflictos con más violentos que nunca.
La historia sigue y tiene grandes huecos. Y, justamente, sigue porque tiene huecos. Por eso cualquier investigador, más o menos sensato, sabe que sólo puede apresar una parte de su objeto de estudio.  Lo otro es retórica de papers.

Los hechos. Acotación marginal.
De múltiples experiencias y no de una investigación concreta, llego a la conclusión de que nuestro país en estos temas (cómo se relaciona la política armamentista con el trabajo, por ejemplo) se hizo light, desactualizado, indiferente, nostálgico o provinciano frente a los enormes desafíos que nos plantea la cultura contemporánea. A las peleas que nos plantea ya la modificación de las herramientas de análisis que necesitamos para hacerlo. Y esto es voluntad política. Y se puede hacer aunque no haya presupuestos.
Ej: muchas investigaciones sobre la transición a la democracia, pero pocos explican porqué mientras nos democratizamos, más nos empobrecemos o endeudamos.

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