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Procesos sociohistóricos argentinos‏ - Historia Social Argentina y Latinoamericana

Las oposiciones. Alberto Cimia

Las izquierdas
El partido socialista y en menor escala el demócrata progresista (Lisandro de la torre) formaron la principal oposición parlamentaria a la concordancia, hasta el levantamiento de la abstención electoral de 1935. El comunismo criollo, minoritario y en la clandestinidad, completa el cuadro de las fuerzas de la izquierda no oficialista.

La figura más representativa del partido socialista en diputados fue Nicolás Repetto, que se orientaba hacia una derecha socialdemócrata. Los socialistas subrayan en muchas oportunidades su falta de participación en el golpe del 6 de setiembre.  El gran intento de Repetto de ofrecer una alternativa electoral a la candidatura de justo constituyo en la Alianza Civil, que forman con los demoprogresistas para los comicios de 1931.

La labor parlamentaria caracterizada por sobre la posición del socialismo durante 1932-42 Busca aliados en partidos reducidos como el demócrata progresista en lugar de encarar una seria labor conjunta con sectores del radicalismo. Atraía junto con votantes urbanos de clase media no radical a obreros industriales a los que no lograría conservar.

En el congreso, los socialistas debatían proyectos como el divorcio vincular, presentaba pedidos de informes, proponían la concesión de derechos políticos a la mujer, entre otros. A la división de los socialistas independientes en 1927 hay q añadir la de los socialistas obreros de Coca en 1936. La colaboración con otros partidos, inaugurada por el socialismo en 1931 con la alianza civil y reiterada en la unión demócrata, es acompañada por el partido demócrata progresista.

El origen remoto de la democracia progresista se vincula con la decepciones sufridas por de la Torre en sus contactos con el radicalismo Yrygoyenista. Las concepciones principales de la democracia progresista se remiten en ocasiones al radical socialismo francés y hallan expresión concreta en la constitución provincial de Santa Fe de 1921.

El partido se fortificaba esporádicamente por la acción de su fundador en el senado, pero una vez muerto entro en una especie de letargo del cual nunca pudo recuperarse. También, a causa de la abstención radical, experimento una  inflación de sufragios. El partido comunista Argentino completa el panorama de la izquierda en el escenario político de esos años. Frente a Uriburu y a su sucesor Justo, el PC afronto  la represión, pero los resultados políticos de esa lucha no le produjeron dividendos apreciables.

La concepción extremista predomino hasta marzo de 1935, cuando el comité central reconoció sus errores y dispuso cambios en las altas instancias partidarias: se iniciaba la época de la Unión Soviética. El PC se dedico a buscar la unidad de acción de las fuerzas democráticas. Por otra parte, los comunistas apoyaron la candidatura presidencial de Alvear y luego al gobierno de Ortiz.

Después del ataque Hitlerista, el panorama se recompone: todos los esfuerzos comunistas se dedican a favorecer a los aliados, con olvido de los cambios sociales que venían haciéndose en nuestro país, y esto no contribuyo a aumentar su arraigo en la clase obrera y campesina argentina. La obsesión por la unidad con otros partidos políticos dará frutos en la unión democrática.

El radicalismo: oposición revolucionaria y legal
La década del 30 es uno de los momentos cruciales en la evolución de la unión cívica radical. La UCR deja de ser oficialismo. Se persigue a sus dirigentes, se le cierra el camino del comicio, el radicalismo pasa a la abstención electoral. Alvear dirige al partido en una línea conciliatoria. Surge un grupo opositor a la conducción oficial y a partir de 1943 pasa a predominar la idea de una unión democrática con socialistas y demoprogresistas. Las 3 razones que del Mazo señala por las cuales Alvear decide volver a participar en los comicios son: - poner a prueba la sinceridad de la invitación del gobierno de participar de comicios limpios. -organizar parlamentariamente una oposición. -ir tomando posiciones en los cuerpos deliberativos.

Los limpios comicios siguieron brillando por su ausencia. La oposición radical en el parlamento toleró que se incorporaran a la cámara de diputados los representantes ilegalmente electos por la provincia de Buenos Aires en 1936, sin discutir sus diplomas. Fue evidente la colaboración parlamentaria radical durante las presidencias de Ortiz y Castillo.
El radicalismo a partir del levantamiento de su abstención paso a convertirse en un partido más adentro del esquema fraudulento de la época y contribuyo a avalar las medidas entreguistas.

El mas articulado de los grupos radicales opuestos al liderazgo Alvearista fue la Forja, que intento un retorno a la doctrina nacionalista de Yrigoyen. El Forjismo se centro en la denuncia del imperialismo económico británico que dominaba a la república. Forja atravesó en su evolución por 2 periodos: El primero desde su fundación en 1935 hasta 5 años después, se caracterizo por la insistencia en renovar al radicalismo desde adentro del partido. El segundo que se clausura en 1945 se concreto en la elaboración de un programa de acción capaz de atraer a sectores no radicales del electorado. Forja hostigaba ruidosamente a los Alveaeristas del aparato partidario.

Los nacionalistas y sus relaciones con el régimen restaurado
Las corrientes nacionalistas son otro de los subproductos de la restauración. Los modernos nacionalistas (aristocráticos de derecha), se afianzan ideológica y políticamente como mentores de Uriburu en los tiempos previos al 6 de setiembre. Los nacionalistas eran básicamente antiliberales. Rechazaban los principios del constitucionalismo liberal y del laisser-faire económico. Compartían la convicción de la iglesia católica. Los nacionalistas criollos eran hispanistas. Esto es, creían en la rehabilitación histórica y cultural de la España conquistadora y colonizadora. El hispanismo nacionalista será muy importante por el énfasis que muchos de sus autores ponían en una nueva unión de “la cruz y la espada” como pilares del régimen que deseaban para nuestro país.

“Breve análisis del modelo ISI en Argentina” – Alicia Radish-
La crisis del 30 afecto la balanza de pagos del país. Se produce a demás el agotamiento de la expansión agropecuaria en la década del 20. La industrialización por sustitución de importaciones (ISI) nació como consecuencia de los cambios por la crisis. La sustitución de importaciones en Argentina tuvo un antecedente en la década anterior, durante la Primera Guerra Mundial, cuando quedo limitada la capacidad de importar los productos industrializados, ya que EE.UU y Reino Unido se dedicaban a producir productos para la guerra y descuidaban las demás industrias.

Cuando termina la Guerra no se aplican políticas que beneficien el desarrollo de la industria en Argentina, se vuelve al modelo Agro exportador, contrayéndose la producción nacional de bienes manufacturados. Al comenzar la crisis, baja la demanda de nuestras exportaciones, pero las importaciones continúan aumentando, complicando más los pagos externos, los cuales ya se enfrentaban a la disminución de la entrada de capitales. A partir de 1930 se dieron 2 factores para la implementación del ISI: Factor externo: la crisis agravó la balanza de pagos, por la falta de divisas. Factor interno: Baja de los precios internacionales de los productos primarios desde 1914 en adelante y el agotamiento de la expansión agropecuaria en la década del 20´.

El deterioro de los términos del intercambio desde 1914 presionó a la oligarquía terrateniente a evitar perder el mercado de carnes ingles firmando el tratado “ROCA-RUNCIMAN”. Este le otorgó al Reino Unido el privilegio de establecer la forma de repartir el 85% de la carne a exportar a ese país, quedando el comercio de carnes argentinas bajo el control de ese país. La relación con Gran Bretaña era de una gran dependencia respecto de las ventas.

Siendo la economía nacional basada en la exportación de productos agrarios cuyo principal mercado era Inglaterra, y frente a la amenaza de este de bajar las compras, llevo al gobierno a firmar acuerdos bilaterales como el anterior. Así se aseguró el monopolio de la comercialización de carnes, sumado a otras clausulas del mismo acuerdo, entre las que se encontraba el tratamiento preferencial del capital ingles, un tipo de cambio a su favor, y la disminución de impuestos a la importación de bienes manufacturados del mismo origen.
Con este tratado se rompió el triangulo económico que había desde 1920 entre Argentina, Inglaterra y Estados Unidos, quedando Argentina unida a una potencia en decadencia (Inglaterra). Con esto se beneficiaba a la oligarquía terrateniente que luego del golpe del 30 volvió a tener el control tanto económico como político del país.

Durante el gobierno de Justo (1932-38) el intervencionismo del Estado en la economía se fue ampliando, ejemplos son la realización de obras públicas, permitiendo la expansión de muchas manufacturas imprescindibles y accesorias a la construcción de las mismas. Para enfrentar la baja en las exportaciones y el corte de la entrada de capitales, la mayoría de los países de Latinoamérica suspendieron los pagos de la deuda externa en 1931, salvo Argentina. El Estado creo el Banco Central, a través del cual regulaba la masa monetaria teniendo como referencia la existencia de reservas en manos del mismo banco.

Las divisas extranjeras obtenidas por las exportaciones tradicionales eran vendidas al Estado a un cierto precio, a su vez estas eran re vendidas a los importadores de bienes favorecidos por el Gobierno a un precio más alto. El objetivo del control de cambios era regular el uso de divisas frente a un mercado en desequilibrio, pero el reparto se basaba en la subordinación a los grandes grupos locales de interés. La mala situación de la balanza de pagos generó la caída de los impuestos aduaneros, por lo que el gobierno decidió crear el impuesto a los réditos, creándose a la vez la DGI, organismo que se ocuparía de su recaudación.

A demás se crearon las “Juntas Reguladoras de la Producción”, que reglamentaron y controlaron todos los sectores de la industria primaria, tratando de beneficiar a los grandes productores de bienes tradicionales, que se hallaban afectados por la retracción del mercado externo, garantizándoles al Estado la compra de sus productos que luego vendía a bajo precio a las compañías exportadoras. Este proceso de sustitución de importaciones de manufacturas, elevó el producto industrial desde los inicios del siglo XX hasta 1934, cuando el producto industrial es mayor que el agrícola. Las manufacturas que más crecieron fueron las del sector liviano, o ISI sencilla, destinada a producir bienes de consumo, textil alimentos, materiales de construcción.

El desarrollo de la ISI se dio en el contexto de una fuerte concentración en pocos establecimientos con capitales en su mayoría extranjeros, utilizando el capital fijo, postergando las inversiones y una gran cantidad de mano de obra barata. En plena depresión (1933-34) aumentaron los precios de las exportaciones argentinas, los términos de intercambio mejoraron. Pero esto se revirtió en 1937 con una cosecha record en EE.UU.; con esto Argentina se vuelve a ver afectada. Como respuesta, se pone en práctica el “Plan de reactivación económica” de Pinedo (ministro de hacienda, gobierno de Castillo). En este, Pinedo, planteo la necesidad de darle créditos bancarios a largo plazo a las industrias que usen materias primas nacionales, sin afectar la relación de dependencia con el exterior, ya que solo debía favorecerse las producciones que no generaran una baja en las exportaciones de nuestros productos a los  países compradores.

En los años 60´se produjo un agotamiento de este proceso, produciéndose del 60 al 80 un estancamiento del crecimiento en la sustitución de importaciones (cuello de botella). Este agotamiento tuvo origen cuando en los 50´el gobierno de Perón comenzó a abrirse a las inversiones extranjeras quienes invirtieron en las ramas más dinámicas y tecnológicamente más sofisticadas. Un factor que genero este estancamiento fue la limitación del mercado interno, que llevo a las empresas a mantener su estabilidad a través de la redistribución del Estado. Esta expansión no estuvo respaldada por divisas por lo que se debieron tomar medidas en el sector externo para evitar la salida de las mismas, suspendiendo las importaciones, lo que generó corrupción y negociados. Frente a este desastre el gobierno pone en funcionamiento un plan liberal y firma un convenio con el FMI. Esto permitió la entrada de créditos extranjeros. Esta entrada continúo en los 70´ cuando los bancos europeos y norteamericanos prestaron fondos a los países periféricos, como Argentina, a altas tasas de interés.

Durante toda la década del 80´ hubo estrictos controles de la economía por parte de los organismos internacionales para mejorar la situación deudora. La aplicación de políticas neoliberales abrió la economía a los mercados externos, se incentivaron las exportaciones y se tomaron medidas contra la inflación, lo que permitió la entrada de capitales extranjeros. 1994 la crisis de México genera un abandono de capitales en los países latinoamericanos (efecto tequila). Esto tajo un agravamiento de la pobreza, que se acentuó al final de los 90´.

La Argentina industrial y el peronismo (1º etapa de ISI)” – Maceyra
La segunda Guerra Mundial trajo la dificultad de abastecimiento externo, al igual que la Primera Guerra, pero en esta ocasión la industria Argentina tendría una base más amplia, solida y diversificada, que permitirá aprovechar mejor el momento. Ese crecimiento industrial no estaba bien distribuido en todo el país, se concentraba en la Capital y el Gran Buenos Aires.

Condiciones externas: la nueva relación centros-periferias:
La gran crisis y la segunda guerra modificaron la relación entre el centro industrial y las periferias productoras de materia prima. Durante el siglo XIX la periferia proveía de materias primas, pero después de estos acontecimientos esto no es más posible, porque en primer lugar se da una fuerte caída de la demanda, y en segundo lugar la reconstrucción de los capitalismos centrales en la postguerra tendrá como eje la expansión de los mercados internos metropolitanos. Esto sumado al posicionamiento de EE.UU como potencia económica. Aunque Gran Bretaña mantendrá su mercado cerrado a parte de los productos de Latinoamérica. Las economías latinoamericanas intentaran generar alternativas para la expansión de sus mercados internos. La Guerra Fría provee un clima político favorable para los intentos de desarrollo independiente.

La Clase Obrera y Las Migraciones Internas:
Como consecuencia de la industrialización aumentan las fábricas y sus empleados. Se pasa de una actividad manufacturada a una industria moderna. La clase obrera industrial y el aumento de su participación en el total de la población ocupada prepararían el terreno para el surgimiento del Peronismo. En la década del 30´se produce un movimiento migratorio interno en el que se unen dos factores causales: el estancamiento del empleo en el campo y la expansión de los puestos de trabajo urbano en la industria.

La Base Social Del Peronismo: Clase Obrera y Migrantes:
Los migrantes internos recientes y los provenientes de zonas atrasadas tuvieron un papel fundamental en la integración de la base social del peronismo en sus orígenes. El peronismo caracterizado como un nacionalismo popular y por el tipo de adhesión que cosecho entre los nuevos trabajadores caracterizados como “masas en disponibilidad” carentes de experiencia política y sindical, opuestos a los “viejos obreros” que eran reticentes en su apoyo a Perón.

Sin embargo este corte entre las “dos clases obreras” no era tan marcado, la clase obrera en bloque constituyo el ingrediente social básico del peronismo en las áreas urbanas. Los sindicatos no lograban contener a una parte de los nuevos trabajadores industriales. Esto puede atribuirse a factores como la actitud patronal y del estado al respecto. El Estado no regulaba las relaciones obrero-patronales, intervenía cuando un conflicto amenazaba el orden social.

Clase Obrera y Participación Política:
La elite tradicional había recuperado el poder con el golpe del 30´. Tenia como objetivo sustraer el Estado a la presión de los sectores medios y populares, y realizar en la economía ajustes, que fueron colocando al país en el camino de la industria. La clase obrera fue tomando gran importancia económica, social, en contraposición con su poca expresión política frente a un gobierno indiferente a las demandas populares. Esto planteara una nueva crisis política. Y a demás el desarrollo de un sector de pequeños y pequeños industriales dependientes del mercado interno. Esto generara la posibilidad de una alianza de clases, que se verá expresada en el peronismo. El perfil obrero peronista fue típico en los grandes centros urbanos, en cambio en ciudades chicas y el campo genero adhesiones difusas.  El empresario pequeño y mediano prestaría su apoyo. Los empresarios tenían una política con exigencias molestas, como sueldos altos, cargas sociales, etc. Y que a demás amenazaba la autoridad patronal dentro de la empresa.

El Modelo Económico Del Peronismo:
La política económica no fue uniforme, pueden distinguirse dos etapas:
La expansión: Industria y Distribución del Ingreso:
El peronismo enfrentó una doble tarea. En el aspecto económico, profundizar el proceso industrial sustitutivo de importaciones. En el aspecto social, resolver la crisis de participación que planteaba la presencia creciente de la clase obrera. El gobierno contaba a su favor con la tradicional base agroexportadora y la renta agraria. El peronismo dispondrá del crédito industrial, aplicara controles de cambio, protección arancelaria y restricciones a la importación destinada al consumo, facilitando la adquisición externa de bienes de equipo. El régimen peronista seria intérprete de los intereses de la burguesía industrial. A demás impulsó una intensa redistribución del ingreso en beneficio de los sectores populares: principalmente hacia los asalariados urbanos.

Entre las medidas más importantes: fuertes aumentos salariales, sueldo anual complementario (aguinaldo), congelamiento de alquileres urbanos y arrendamientos rurales, establecimiento de precios máximos, subsidio a productos de consumo popular, gasto estatal en la ampliación de servicios (salud, educación, etc.).

El proceso de sustitución de importaciones avanzaría fuertemente, completándose en su etapa inicial: alimentos, bebidas, metalurgia liviana, etc. Pero lo más importante es que no se basaría la industrialización en la sobreexplotación del proletariado. Mediante el manejo de los cambios múltiples y del comercio exterior, a través del IAPI, el Estado tenía la posibilidad de retener una porción significativa de la renta agraria, que destinaria a financiar al sector industrial. Se trata de una transferencia de ingresos desde el agro a la industria. Nuevo papel del Estado en la economía: Nacionalización de los servicios públicos y repatriación de la deuda externa, utilizando en parte los saldos de las exportaciones acumulados durante la guerra. El Estado asumía el control de un gran sector industrial nacionalizado, convirtiéndose en productor directo de diferentes bienes.

Los Límites del Modelo:
El modelo de industrialización sustitutiva de importaciones basado en la expansión del consumo popular resultaría funcional en presencia de una situación favorable del sector externo. La post guerra hallo a la Argentina con importantes saldos favorables de su comercio exterior y los precios internacionales de los productos agropecuarios eran altos, al tiempo que la demanda también era alta El gobierno evitó adherirse a organismos como el FMI, ya que limitarían sus márgenes de maniobra.

Toda la política de nacionalizaciones fue posible por el uso del dinero ahorrado durante la guerra y las retenciones del IAPI, que se usaron para importar vehículos y equipos necesitados por la actividad industrial. La industrialización en el sector proveedor de bienes de consumo final fue impulsada con el objetivo de abastecer el mercado interno.

El peronismo tuvo la posibilidad de encarar este proceso desde el Estado, aprovechando los excedentes del IAPI y el enorme poder político con que contaba. Esto no sucedió, el peronismo se cedió a la prosperidad agropecuaria y a la facilidad con que se generaba el excedente. Apostó a que esa prosperidad se prolongaría y que el esfuerzo industrializador podía basarse en ella.
Falló la hipótesis de una Tercera Guerra Mundial, que habría convertido al país en principal proveedor, y el costo político del no alineamiento fue la marginación de Argentina en relación con las compras del Plan Marshall. Los precios externos bajaron, no se pudieron seguir transfiriendo fondos del agro a la industria y el IAPI dejo de generar excedentes.

La segunda etapa de sustitución de importaciones, más intensiva en capital, requería más importaciones de insumos, equipos y combustibles. Se condenaba inevitablemente al estrangulamiento externo, a través de convenios bilaterales con países Latinoamericanos. Empezaba a detenerse el crecimiento del sector privado, y empezaría a crecer rápidamente la ocupación y el gasto estatal pero descendía la productividad económica. El control de precios y el alza en los salarios resintieron la rentabilidad industrial, provocando el descenso de la inversión.  En casi pleno empleo y con un consumo ascendente y baja oferta, se empezó a generar inflación.

Estabilización e Industria Pesada:
Para enfrentar la crisis, el gobierno de Perón implementó un freno al gasto, al consumo y a la inflación con el plan económico de 1952 se trato de limitar el alza de sueldos y precios, mejorar los precios agropecuarios dando subsidios, se restringieron las importaciones, se puso freno al gasto estatal y se limito la inversión pública. En 1953 se comenzó con el segundo Plan Quinquenal, que puso énfasis en la Industria Pesada. Se encararía usando parcialmente la inversión externa, para ello se sanciona la Ley de Inversiones Extranjeras. El plan buscaba el desarrollo del sector energético, la tecnificación del agro y el desarrollo de la siderurgia, química, mecánica y eléctrica. Se empezaba a fabricar maquinas agrícolas, repuestos, autos y aviones.

La Encrucijada Política: En 1954 el peronismo se recupero sin que el salario cayera demasiado Pero no era una solución duradera. Se debilitaba la coalición de fuerzas que era la base del régimen y crecía la oposición de los grupos mas perjudicados por su política.

ECONOMIA Y SOCIEDAD TRAS EL PERONISMO:
Desarrollo y Acumulación: En el proceso de acumulación de capital fue determinante el papel de las pequeñas y medianas empresas nacionales, así como las empresas del sector público. Cuando se trato de proyectos mayores, el protagonismo del estado sustituyo al privado. El resultado fue una economía mixta, con una baja inversión externa sobre la inversión privada total.

Empleo y Distribución del Ingreso: El nivel de ocupación se mantuvo alto en todo el periodo, gracias a las políticas oficiales y a la presión sindical. El periodo estuvo caracterizado por un traslado de ingresos desde los sectores empresarios hacia los asalariados y el Estado. Los altos salarios fueron una condición para el desarrollo del modelo industrial.

Estructura de Clases: El rasgo más importante del periodo fue el crecimiento en número y organización de la clase obrera. El tipo de organización sindical y la existencia de una sola central obrera contribuyeron a la homogeneidad de la clase trabajadora. Los sectores medios que crecieron fueron los relacionados con pequeños comercios o empleo estatal. La elite agropecuaria perdió influencia política y se vio privada de parte de sus ingresos. La nueva burguesía industrial logro una importante influencia sobre la política económica. El estado multiplicó y expandió sus funciones en la economía. Creció su papel como prestador de servicios y productor de bienes.

Contradicciones internas del Modelo Peronista:
Dos tipos de posibles contradicciones internas del modelo: por un lado la congruencia de esas políticas en términos de los objetivos manifiestos que se postulo el gobierno peronista; por otra, la viabilidad de los mismos objetivos dentro de los limites que el mismo peronismo se trazó. El gobierno justicialista se planteo un proyecto de desarrollo auto sustentado sobre la base de los recursos e inversión nacionales, y la ampliación del mercado interno, con eje en la industrialización sustitutiva de importaciones en un marco capitalista. Aunque hubo una ampliación de la esfera del Estado en la economía. Esto permite hablar de una economía mixta, donde predomina el modo de producción capitalista. Otra contradicción es si los objetivos del régimen peronista eran viables dentro de una economía capitalista: El gobierno nunca se planteo salir de los límites de una economía mixta, dentro de la que coexisten los sectores público y privado. La economía fue encarada sin salirse de los limites del capitalismo pero imponiendo restricciones a las modalidades de funcionamiento que asume este sistema (alta explotación del trabajador, apertura al capital externo, etc.).

“El medio pelo y el movimiento nacional” Honorio Díaz
Arturo Jauretche: El medio pelo en la sociedad argentina.
Jauretche expresa que existe una lógica entre la clase propietaria y el concepto de “país chico”, pero que el status de esa clase seduzca a un sector burgués relativamente ligado a la misma y le inspire a conductas contrarias a si mismo resulta absurdo ya que la posición de los propietarios no prevé cambios, ni los desea y el desarrollo se basa en ellos.

Una sociología nacional
Tras el derrocamiento de Perón llegan a las universidades argentinas variadas expresiones de la mentalidad liberal; se crea el Instituto de Historia Social y la carrera de sociología orientada a la escuela francesa y al funcionalismo norteamericano: Tras la expansión que experimenta la disciplina y ante el protagonismo de los jóvenes profesionales Jauretche expone su ensayo. Jauretche asume su realidad de no-sociólogo pero destaca su cualidad de observador montada en la experiencia, cuestión que le permite identificar particularidades que puedan develar los rumbos de participantes de diversos estratos sociales.

El escritor antepone la cualidad de haber vivido y aprehendido a la del diplomado, con su metáfora del “estaño como método básico de conocimiento” reivindica el hombre vivido con contacto real con las instancias de la vida sin mediación del claustro universitario. Hace hincapié en lo necesario de una postura académica menos arrogante. Jauretche propone la comprobación de la realidad empleando la praxis como método de conocimiento. En realidad el autor promovía que se mirara la realidad con ojos argentinos, que distingan los signos particulares y dirijan soluciones a medida.

El medio pelo
Se ubica el ensayo en un contexto donde el grupo golpista “revolucionario” intenta borrar de la historia los diez años anteriores y retornar en lo posible a las condiciones sociales de la década infame. Jauretche adopta una posición crítica y la comunica publicando distintos artículos. Define al “medio pelo” como ese sector que se supone en un estrato donde no está y al cual no puede ni podría pertenecer, la alta clase porteña. Este sector se ubica entre la clase media y la clase alta, que añoran lo que nunca tuvieron. Se asocian los que van con los que vienen, los nuevos ricos con los primos pobres. Jauretche afina su mirada en los primeros, emergentes la nueva burguesía industrial surgida durante el peronismo.

El medio pelo nacido como tal en los comienzos de los 50, considera el autor que si bien siempre han existido nunca como ahora y como fenómeno se da claramente en el sector de tránsito entre las capas bajas y altas de la sociedad. Cuando la alta clase se retrae y suelta la mano del medio pelo, este reacciona aferrándose a lo único que le queda de esa unión, el sentimiento antiperonista; en su desprecio por el cabecita negra superó al oligarca y en su pretensión de pedigrí concluyo en un profuso racismo antinacional.

El movimiento nacional
El tema central del ensayo expone el triple fracaso de la burguesía nacional; primero por la generación constituyente luego por la generación del ochenta y finalmente con la enriquecida por el peronismo. El autor crítica de esta que en lugar de hegemonizar el movimiento nacional se ubico como ladera de las fuerzas conservadoras antinacionales obviando el contrasentido a sus propios intereses. Crítica al peronismo por haber aislado a la clase obrera de las restantes y de la hostilidad de que fueron objeto los sectores pequeño burgueses hecho que el torno a la acción enemiga. Jauretche consideraba que la burguesía tenía un destino de liderazgo nacional, ante lo sucedido es que observa y denuncia su traición.

“Resistencia e integración”. Daniel James
El peronismo y la clase trabajadora argentina 1946-1976
Sabotaje y grupos clandestinos
La resistencia que generó el gobierno militar no estaba acotada al plano sindical; hechos de sabotaje, actividades clandestinas se habían convertido en habitual y eran remarcadas por la prensa. Había denuncias contra empleados ferroviarios, por descarrilamientos, de empresas diversas las cuales se veían eventualmente paralizadas por días. En consecuencia la Dirección Nacional de Seguridad advirtió que caerían sobre quien haga sabotaje. De todos modos la práctica siguió en variadas formas.

Hacia 1956 esta resistencia se había organizado en más de 200 comandos con alrededor de 10 mil hombres. Las células clandestinas fueron variadas en su composición, podían ser de obreros o de personas ajenas a ellos, en Junín actúo una compuesta por ex intendente local, un aviador y el capataz del taller ferroviario. Hacia ese mismo año comenzaron a utilizarse artefactos explosivos de manufactura casera con componente generalmente robados a farmacias y químicas. Estas actividades de sabotaje manifestaban el repudio al régimen usurpador y más aun una auténtica expresión de ahogo y la ilusión que alentaban era el retorno de Perón; este nivel de ansiedad conspiró contra la propia seguridad de estos grupos rebeldes y los impulsó, en la creencia de que existían militares fieles al depuesto gobierno, a buscar aliados dentro de los cuadros castrenses. Tras algunas detenciones y fracasos se abandonó esta tendencia.

Divergencias en la resistencia
A partir del 56 se intenta la recuperación de las comisiones internas y luego de los sindicatos, esto supone una línea que difusamente fue separándose de los comandos. Perón consignaba a la resistencia como un conjunto de medidas pensadas en base a una estrategia, la denominó la “resistencia civil”; proponía la guerra de guerrillas o sea nunca enfrentar al rival en su campo sino en cambio minar su resistencia con infinidad de acciones: desde paros, trabajo a desgano, sabotaje, rumores, etc. Todas estas actividades llegarían a su término con un desorden generalizado que sumado a la huelga revolucionaria y en conjunto con los comandos y las fuerzas armadas aun leales, permitirían el retorno al poder.

A partir de mediados del 56 surge una disyuntiva entre quienes participaban de los comandos y quienes lograban la recuperación de algunos gremios; fundamentalmente se desconfiaba de que estos últimos sirviesen en realidad a los fines revolucionarios. Se estaba haciendo crítica de la actitud de los gremios durante el derrocamiento; si estos no se juegan por los derechos de los trabajadores no tienen rezón de ser. En los gremios existió una postura intransigente por considerar su lucha como única y solo dedicada al retorno de Perón; estos se negaron a realizar una huelga general, propuesta por los comunistas, para la liberación de los activistas presos.

A lo largo de 1957 el éxito que lograba los sindicatos provocaba retrocesos del gobierno que permitían actividades semi legales y hasta legales. La línea combativa entendía esta situación como el avance de una línea blanda que rechazaba por considerar que nada que venga de iniciativas gubernamentales era válido para el movimiento; los gremialistas por su parte veían al levantamiento generalizado como una posibilidad. Ante los comicios del 58 quedaron dos posturas: los comandos adherían al voto en blanco, los gremialistas se inclinaron por apoyar a un gobierno que le permitiese la posibilidad de la afirmación de las posiciones ganadas al gobierno de facto y basados en la promesa de Frondizi de permitir la recomposición, mediante elecciones sindicales libres, de la CGT. Perón, reconociendo el fracaso de opción revolucionaria ordena el apoyo a Frondizi.

Reafirmación de los principios tradicionales.
Aparece un marcado nacionalismo económico contrario a las medidas que, como el acuerdo con el FMI, el descontrol de precios y el traslado de los recursos al agro, tendían a devolver a la sociedad los años 30 negando el recorrido hecho hacia una realidad técnico industrial.
Dirigentes sindicales como Rucci y Loholaberry reclamaban al empresariado una actitud nacionalista en lugar de la capitalista especulativa; este último aclaraba que no se oponía a la actividad privada ni proponía suprimir las clases sociales, sino que ambas debían concurrir a un solo interés: el bienestar social.

Elementos de un contradiscurso
Si bien los elementos tradicionales del peronismo pesaban en el discurso de la clase obrera se pueden observar otros elementos definibles como contradiscurso. Este último estaba signado por la lucha contra los empleadores y el Estado; el enfrentamiento le otorgaba a la clase obrera el sentimiento de unión y orgullo y la confirmación de que en la medida que fuera eran capaces de oponerse a una situación adversa. Acompaña a este período un recelo hacia el sistema político sustentado por la hipocresía que emanaba de un mensaje que proclamaba libertad, democracia y justicia.

Ideología formal y conciencia práctica
Los cambios en la sociedad provocados por la libertadora propiciaron dentro de la ideología de la clase trabajadora una tensión entre lo que siempre se planteaba como base, o sea el discurso peronista acerca la armonía de clases y justicia social, y lo que esta pensaba en el nuevo contexto donde esas proclamas de base ya no eran aplicables.

Nostalgia y obrerismo en la conciencia de la clase trabajadora
En su inconsciente colectivo la clase trabajadora arraigó el sentimiento de populismo obrerista; identificándose con la chusma, los grasas o los descamisados y con desprecio en relación al no obrero y en particular al “gorila”. Este sentimiento no siempre tenía su correlato en la mentalidad política de la clase, expresaba una ligazón de todo los que compartían las faltas de una vida dura de trabajador y exaltaba los valores relativos al hogar y la familia. Este sentimiento llevaba una nostalgia por la época ida en contraste con esa realidad conflictiva dada bajo el gobierno militar; la añoranza no era utópica ya que respondía a una idea sustentada en una realidad, factible de recuperar. Es en ese contexto con la expectativa del retorno a ese Estado que se apoya a Frondizi en el 58.

La revolución Argentina la crisis de la dirigencia sindical
Dirigentes de un movimiento gremial habían elaborado una estrategia conducente a su reaparición en el escenario argentino como fuerza social y política de indiscutible peso, una fuerza con la que todo aspirante al poder político se vería obligado a negociar. Para simbolizar la nueva era que nacía en las relaciones Estado/sindicatos, Augusto Vandor firmo en la Casa Rosada, el nuevo convenio de los metalúrgicos con los empleadores.

El apoyo que la dirigencia sindical dio al golpe de junio de 1966 se baso en una profunda antipatía al gobierno de Illia, al que los gremialistas consideraban tanto carente de legitimidad como adverso a las necesidades de los trabajadores. El movimiento gremial se encontraba desorganizado frente a un fuerte régimen autoritario resuelto a imponer la racionalización de la economía argentina y a modernizar el Estado.

Este enfrentamiento con el régimen de Ongania había de sumir a la jerarquía sindical en una crisis cada vez más honda que culmino en los años siguientes. La crisis de la dirigencia gremial se caracterizo por: un creciente problema de credibilidad  con sus bases en momentos de conflicto social, la aparición dentro de los sindicatos de un poderoso movimiento opositor que cuestiono profundamente las estructuras gremiales existentes, un problema cada vez más graves de divisiones internas entre los gremialistas y finalmente el peligro de quedar aislados dentro de un peronismo resurgente a medida de que era desafiado por nuevos actores.

La causa inmediata de esta crisis se encontró en la línea política del nuevo régimen militar. Uno de los principales elementos de poder de la jefatura sindical peronista, era precisamente su capacidad para participar en un sistema que obligaba a los gobiernos y a los grupos políticos a negociar. Al despojar a los grupos sociales de la posibilidad de negociar políticamente, Ongania echo las bases para la constitución de un Estado controlado por una Elite militar y económica, que no estaba en la obligación de atender a otros grupos de intereses. El principal blanco al que apuntaba la nueva autoridad estatal contra la política, eran la clase trabajadora y el movimiento gremial.

La modernización y la racionalización conducirán a la creación de un sector de la economía dominante, basado en aquellas industrias establecidas en 1950-60. Sobre la base de este moderno sector fabricante de bienes de consumo duraderos y bienes de capital modernos, la Argentina podría competir en el mercado mundial como exportadora de ciertos productos manufacturados.

El plan de Krieger Vasena, un importante objetivo de la racionalización era el sector estatal y en general la burocracia gubernamental y las economías regionales subsidiadas.  Otro claro objetivo eran  las empresas nacionales medianas. El régimen militar logro socavar las dos fuentes básicas del poder de negociación de los sindicatos en la Argentina. La determinación del nuevo régimen de controlar y si era necesario reprimir al movimiento laboral se hizo patente antes incluso de que se formulara el plan de Krieger Vasena.

La primera manifestación de la crisis que esta situación causó se produjo en el congreso convocado para normalizar la CGT, 1968. Los vandoristas postularon una estrategia orientada a recuperar la energía sindical y permanecer abiertos al dialogo con el gobierno. El fracaso de Lucha del 67 había probado que la tradicional política sindical de movilizar y negociar ya era impracticable.

Ese movimiento gremial debilitado y dividido fue una condición fundamental para el logro de la paz social que impuso el régimen de Ongania en los tres años siguientes al golpe de junio.
Para el gremialismo, las huelgas se transformaron en luchas contra el Estado y de ellas debían encargarse las fuerzas armadas. El poder del Estado central fue expandido mediante la creación de organismos a cargo de cuestiones de seguridad y de economía, responsables directamente ante el Poder Ejecutivo.

A la insatisfacción de esos grupos económicos se sumo en 1960 una oposición civil al autoritarismo del régimen de Ongania. En 1969 se desato una ola de desobediencia por el descontento social y las tensiones de la sociedad civil. El Cordobazo significo el principio del final de la Revolución Argentina, también demostró la desorganización que separaba a grandes sectores de la sociedad argentina y un Estado cada vez más aislado carente de legitimidad. En los años siguientes al Cordobazo hubo una intensificación de la crisis del liderazgo sindical peronista, al ser desafiada su posición por nuevos actores.

Nuevos actores: La rebelión de las bases
La ola de protestas obreras que se inicio en 1969 se relacionó con factores de largo plazo, que desde tiempo atrás debilitaron el poder del peronismo y facilitaban el surgimiento de nuevas fuerzas opositoras dentro del movimiento gremial. En el periodo 69-73 los movimientos de protesta asociados emergieron principalmente en Córdoba y en el cinturón industrial del Paraná.
Obtuvieron de Frondizi y después de Illia dos innovaciones decisivas de la política laboral: La primera consistió en recibir del gobierno permisos para establecer, sindicatos pro empresas, algo insólito en la estructura gremial peronista tradicional. Esta política facilito a las empresas aislar a la nueva fuerza laboral del movimiento sindical nacional y aplicar nuevos estilos de relaciones laborales basadas en el paternalismo empresario, los beneficios sociales y el tiempo libre.

La otra innovación, fue la insistencia de las empresas establecidas en esos nuevos sectores en el sentido de negociar el nivel de cada firma. Les permitía negociar salarios y condiciones de trabajo de acuerdo con sus niveles de productividad y sus necesidades de producción.

La negociación colectiva debilito el poder de la estructura gremial nacional, alejo el centro de la negociación salarial para llevarlo al plano de las empresas. La jefatura gremial ya había comenzado su crisis por el gobierno de Ongania.
El desplazamiento de las negociaciones sobre salarios y condiciones de trabajo del nivel nacional al de empresa contribuyo a reavivar las secciones y sindicatos locales en las industrias interesadas. La negociación por la plata fortaleció la iniciativa y la capacidad de las bases para actuar y presionar tanto sobre los empleadores como sobre los dirigentes gremiales. La usencia de los centros de actividad después de las derrota de la era de Frondizi causo en parte la desmovilización de las bases en los sindicatos peronistas durante buena parte del 60-70.

Todos estos factores se combinaron en el periodo siguiente al Cordobazo y crearon las condiciones apropiadas para que las bases obreras desafiaran primero a sus propios empleadores y dirigentes gremiales, después al aparato sindical nacional y finalmente al régimen militar mismo. Los delegados pertenecientes a la oposición y surgidos de las bases controlaban muchas de las principales firmas. Las empresas se encontraron con sindicatos propios incapaces de controlas a las bases rebeldes, pues no disponían del aparato de control interno de los sindicatos peronistas tradicionales cono la UOM.

La eliminación de los sindicatos nacionales, así como el restringido alcance de los sindicatos de empresa, resultaron ser muy ventajosos para la oposición de las bases. Los nuevos gremios se constituyeron en la década 60-70. La oposición laboral surgió después de 1969 en el interior. En BS. AS. El movimiento gremial tanto del sector moderno como en el tradicional se mantuvo al margen.

Clasicismo y sindicalismo de liberación: significado y límites de la nueva oposición sindical.
La ola de militancia contribuyo a desestabilizar tanto a gobiernos como a liderazgos sindicales establecidos, después de 1969. Una de las características estuvo en la frecuencia con que apelo a la acción directa y a la adopción de otras tácticas no convencionales de movilización laboral. Los denominados paros activos llegaron a ser la forma más común de lucha sindical en Córdoba. La modalidad consistía en romper con la pasividad asociada a las tradicionales protestas obreras. La característica principal fue su índole antiburocratica. Se definió de su oposición a los modelos existentes de dirigencia sindical y a las formas de gobierno interno de los gremios. Allí se origino un ataque de carácter más general contra la burocracia sindical. Los nuevos militantes ofrecían una dirección honesta, esto suponía un compromiso con la democracia interna por parte de los nuevos dirigentes militantes.

En esos años la cuestión de la dirección honesta llego a ser tema constante de protesta gremial y contribuyo a otorgar a esa protesta su naturaleza antiburocratica. La dirección honesta significaba ante todo democracia y respuesta a las necesidades de las bases. Los militantes adoptaron una política de libertad para evitar la formación de burocracias profesionales del tradicional estilo peronista,  se quería que el dirigente abriera camino desde abajo.

Muchos de esos militantes eran jóvenes y no tenían experiencia acerca de los efectos desmoralizadores de la burocracia gremial. Los nuevos líderes del moderno sector industrial dirigieron gran parte de su atención al problema de la calidad del trabajo dentro de las plantas. Una vez establecido su control de los gremios, los nuevos militantes se dispusieron a enfrentar a las empresas en torno de estas cuestiones.
Conceptos como el de clasismo y sindicalismo de liberación implicaban en el plano ideológico de los dirigentes, una identificación del movimiento obrero con la supresión del capitalismo y la creación de una sociedad socialista.

El gremialismo tenia la vital tarea de formar la conciencia de la clase trabajadora para así preparar lo que en definitiva seria una batalla política contra los empleadores y el Estado.
El clasismo tenía en potencia un significado profundo para la burocracia sindical peronista, los empleadores argentinos y el Estado. Tanto para los sindicatos tradicionales como para los empleadores, la afirmación por el clasismo de la naturaleza de los intereses de clase suponía una constante batalla entre ambos y la negación de un común terreno de acuerdo.

Este movimiento de oposición padecía de limitaciones y contradicciones internas. La debilidad fundamental radico en el proyecto político asociado al clasismo, acerca del propósito que perseguía el movimiento antiburocratico, propósito que sus bases no compartieron. Para la mayor parte de las bases el rasgo principal del nuevo movimiento estaba en una combatividad del sindicato y una dirección honesta que se tradujeran en cambios reales en su vida de trabajo.
La rebelión de las bases del interior pareció anunciar el advenimiento de una vanguardia proletaria capaz de lanzar un ataque tanto económico como político contra el capitalismo.

Los grupos izquierdistas proporcionaron a los nuevos obreros surgidos de esta movilización una identidad política más amplia, en un momento en que mucho de ellos buscaban una alternativa que no consistía en la simple militancia sindical ni en un peronismo tradicional, que estaba a la defensiva. Los trabajadores de esos sindicatos se mantuvieron en una mayoría abrumadora, leales al peronismo en el sentido político más inmediato, su apoyo a los nuevos dirigentes no se baso en la identificación política.

La estrategia adoptada por la oposición gremial fue de carácter precario. Lograron movilizar a sus bases y adoptar un papel político que desafiaba al régimen y género una revolución socialista. Pero esa movilización se baso en una lealtad a la combatividad y la honestidad de los líderes antes que en factores ideológicos.
La clase trabajadora esperaba cada vez más en 1971 el retorno electoral del peronismo como solución de sus problemas, la oposición de extrema izquierda lanzo su consiga: ni golpe ni elección, Revolución.

Crisis de los dirigentes sindicales del Cordobazo a la vuelta de Perón.
En el periodo 69-73 se produjo el levantamiento gradual de la Revolución Argentina, que culminó con el retorno del peronismo al poder político en las elecciones de 1973. En marzo de 1971, toda la ciudad de Córdoba fue sacudida por una nueva conmoción que involucro a obreros, estudiantes, varios sectores de la población, como también  se agregaron SINTRAC-SITRAM y grupos guerrilleros. El Viborazo tuvo fuerte impacto sobre las altas esferas militantes. Levingston fue destituido en reemplazo de Lanusse.

El gran acuerdo Nacional GAN, puesto en marcha por Lanusse, comprendía ese plan, proponía restablecer las tradicionales instituciones de la vida cívica y política con el fin de desactivar la convulsión social. Lanusse rompió con el tradicional antiperonismo de las fuerzas armadas e inicio conversación con figuras peronistas. La solución política concreta contemplada por los militares como resultado del gran acuerdo nacional involucraba la legitimación electoral de un candidato respaldado por los militares. Este sería aceptado por peronistas y radicales como valor necesario para la transición hacia la democracia. Lanusse propuso políticas bienestar social como a su vez se emprendería la represión de todas las fuerzas subversivas.

Peron aprovecho el nuevo panorama para restablecer su propia preeminencia. “La hora del pueblo” le permitió estar en contacto con el partido radical y una amplia gama de fuerzas democráticas para llegar a un retorno directo a la democracia electoral. En el 72 el peronismo creó su propio frente electoral, el frente justicialista de liberación (FREJULI). Perón aventajo a Lanusse, facilitado por la crisis social y cívica que seguía desgarrando la sociedad Argentina.

El  renaciente sistema de partidos políticos tradicionales no era capaz de asimilar con facilidad a esa juventud rebelde. Ese fenómeno fue simbolizado por la intensidad de las actividades guerrilleras. La amenaza que esa actividad suponía para la estabilidad política y social modifico los términos de las negociaciones entre Perón y los militares. Cuando Perón acepto a fines del 72, la única condición que los militares insistían imponer- la proscripción de su propia candidatura personal- quedo abierto el camino para el retorno del peronismo al poder.

La posición de la cúpula sindical dentro del peronismo estaba sometida a un bloqueo cada vez más activo, ante todo era consecuencia de la rehabilitación del sistema y los actores políticos tradicionales. La reanudación de la política clásica separo a muchos dirigentes sindicales.
La jefatura sindical reflejaba su preocupación por la creciente influencia de las fuerzas nuevas en el seno de movimiento, se sentía cada vez mas aislada y atacada por una corriente izquierdista que surgía dentro del peronismo.

El peronismo revolucionario centrado en organizaciones como el peronismo de base ejercía un influjo considerable en las bases especialmente en el interior desde 1970. A la cúpula sindical le preocupaba la juventud peronista y los grupos guerrilleros en especial los montoneros. Para estos jóvenes la burocracia era una casta corrupta, cuya función era reprimir y manipular a las masas peronistas desviándolas de la lucha por la creación de una nueva Argentina. La juventud peronista y los grupos guerrilleros representaron un desafío a la trayectoria del movimiento gremial dentro del peronismo.

Perón advirtió que los sectores juveniles del movimiento reflejaban la actual actitud popular de resentimiento y esperanza de renovación. En 1972 Perón recibió a los dirigentes de la juventud peronista y en sus comentarios abundaron los elogios a los muchachos. Los montoneros fueron reconocidos como “formaciones especiales del movimiento”. Los sectores juveniles eligieron como blanco a los militares y a la burocracia sindical.

El papel desempeñado por los sindicatos en la campaña electoral que llevo a Perón a la presidencia en 1973 anunciaba un desplazamiento de la influencia dentro del peronismo. La juventud peronista sintió la sensación de que participaba en la reconstrucción Nacional. La opción de Perón por la burocracia sindical y no por los sectores extremistas de su movimiento, consistía en el “pacto social”. Se trataba de un acuerdo entre empleadores y sindicatos para congelar precios y salarios. Era un proyecto para lograr la paz social y la conciliación política.

El éxito de esta estrategia consistía primero en el peso del prestigio personal de Perón y su respaldo del plan era decisivo para otorgarle legitimidad y respeto por el proyecto. Segundo dependía de la capacidad de instituciones claves, como la CGE y los sindicatos.
La futura sociedad argentina y las necesidades de sus proyectos inmediatos apuntaban a la rehabilitación de la cúpula sindical. Los líderes sindicales pasaron a ser los principales exponentes del verticalismo, un rígido sistema de respeto por la autoridad jerarquía dentro del movimiento. En 1974 expulsaron a los adversarios de la corriente principal del movimiento.

 La posición de la cúpula sindical peronista era frágil. Ni la CGT ni la CGE tenían credibilidad necesaria para imponer a sus seguidores el cumplimiento del pacto. Se presento una intensificación del conflicto de clases.  Esta situación perturbo la cúpula sindical, responsable de imponer el cumplimiento de una impopular congelación de salarios, de la que grandes sectores de sus bases hacían caso. Por su parte los empleadores no facilitaron la tarea de los sindicalistas.

Muerto Perón los dirigentes gremiales presionaron para que restablecieran la libertad de negociaciones colectivas. También lograron derrotar a sus adversarios dentro del movimiento peronista y dentro de la esfera sindical. Las razones de ese éxito fueron varias, utilizando los recursos del Estado para aislar y aterrorizar a sus posibles rivales. La izquierda peronista como no peronista, se encontró políticamente aislada dentro de la clase obrera.

Horacio maceyra: “El nuevo peronismo”
El país que encontraba perón en 1973 era muy diferente del que había dejado en 1955 y diversos y complejos factores operaban sobre el margen de maniobra del nuevo gobierno. Un gobierno que había sido plebiscitado en las urnas y tenía enormes expectativas de cambio era preso de una situación contradictoria: por un lado la necesidad de responder a esas amplias demandas para preservar su carácter y su apoyo popular. Por otro la natural desconfianza que despertaba un movimiento de esa naturaleza.
La sociedad argentina padecía en 1973 profundos problemas estructurales: En lo político, una inestabilidad imposible de superar, que se había traducido en la permanente alternancia entre gobiernos civiles débiles y gobiernos militares desprovistos de consenso.
En lo social profundas diferencias entre sectores privilegiados, detentadores de elevadas cuotas de poder y sectores rezagados.
En lo económico, una evidente falta de crecimiento, un profundo desequilibrio regional y una elevada concentración de la riqueza a favor de unos pocos. A esto se le añade la violencia.

Había una tendencia generalizada a pensar que todos estos problemas se podían reducir al aspecto político. Se pensaba que un gobierno elegido democráticamente con amplia representatividad significaría una rápida resolución. No era extraño que ocurriera así ya que la inequidad social se asociaba con los gobiernos militares. El peronismo encarnaba esa negación.

Existían las limitaciones planteadas por una realidad que debía ser transformada pero se resistía a esa transformación. Por otro lado la medida de la transformación requerida no era vista del mismo modo por todos los sectores que integraban el peronismo o apoyaban la salida política. Los problemas que afectaban a la argentina no los sufría la totalidad del cuerpo social. Al peronismo lo apoyaron quienes se proponían la modificación de la sociedad argentina. Opuestos al peronismo permanecían quienes no deseaban reformas al sistema, eran los sectores minoritarios, no querían un movimiento capaz de limitar sus beneficios.

En 1930 y 1955 el ejército emprendió golpes que luego fueron capitalizadas por el liberalismo económico. Más en 1955 la clase media aleccionada por los medios de comunicación serios intentaba derrocar. En cambio en 1966 un gobierno civil débil y escasamente representativo fue barrido de la escena. El golpismo había jugado otras cartas siempre las fuerzas armadas asumiendo el rol protagónico de la escena, pero con apoyo de algunos sectores gremiales. (Revolución argentina)

Perón procuraba que el peronismo dejara de ser  partido para convertirse en  una gran fuerza centrípeta que tuviera una concepción capaz de unir a una gran parte de la sociedad. A la violencia solo perón podría contenerla. El peronismo desbordaba así los marcos partidarios, los del movimiento que tradicionalmente había sido para sumar nuevos componentes internos y externos.

La clase obrera y el sindicalismo
Este segmento social, uno de los soportes del peronismo, había experimentado importantes modificaciones en las casi 2 décadas transcurridas desde la pérdida del poder en 1955.
La diversificación de la estructura del empleo, el proceso de urbanización posterior al 55 introdujo cambios profundos en el comportamiento de las clases sociales argentinas. Los grupos marginales del interior del país, y de los centros urbanos, juntos a los trabajadores no organizados sindicalmente, constituyeron la columna vertebral del ascenso del peronismo a mediados de la década del  40.

En este contexto consolidar un amplio respaldo popular eran más complejas que años antes. El sindicalismo peronista, en 1946 había nacido alentado desde el estado. Hasta 1943 los sindicatos solo tuvieron una moderada influencia política. En tiempos de perón se convirtieron en unos de los más importantes. Ese sindicalismo no había tendió una politización independiente y los intereses de la clase obrera, hasta la caída del peronismo, se habían articulado con la burguesía industrial nacional. Luego el sindicalismo se había acostumbrado a otro papel, había tendió identidad propia y había subsistido sin perón.

La concentración industrial a favor de grandes empresas de capital multinacional, que ocupaban elevados contingentes de mano de obra calificada, había creado en los centros industriales, condiciones para los conflictos laborales. Ante esta nueva realidad el sindicalismo peronista se veía obligado a negociar su lugar en el movimiento y a incrementar su participación en el poder.
Era preciso recuperar y superar los niveles de participación en los ingresos alcanzados y posibilitar una situación de pleno empleo. Se trataba de la transferencia de ingresos a favor de los asalariados.

Las clases medias
En 1973 el peronismo se veía ensanchado con el concurso de importantes contingencias de clase media. Hubo ruptura generacional por parte de la juventud que rechazaba un modelo de país ya en crisis. En realidad, clase media designa en una sociedad como la nuestra un espectro sumamente amplio de ubicaciones socioeconómicas. Estos segmentos sociales con un alto grado de heterogeneidad (artesanos, empleados, etc.) alternan su ubicación entre una y otra identificación política, obedeciendo a sus deseos de ascenso social, a su temor  a la proletarización.

A partir de la caída del peronismo en 1955, comenzó un proceso de concentración económica que lentamente fue aniquilando formas de vida propias de los sectores medios. La violencia política terminó de vulnerar las condiciones necesarias para una vida calma y segura.
Las generaciones maduras decidieron a aceptar al peronismo en la convicción de que su ausencia tornaría imposible estabilizar políticamente al país. Las generaciones más jóvenes encontraron en el peronismo el cauce adecuado de su rebeldía. Los primeros pretendían del peronismo la reforma del sistema socio-económico. Los segundos creían en la necesidad de modificaciones más profundas. Estos jóvenes constituían la izquierda del peronismo que se enfrentaban con el peronismo tradicional.

Después de la caída del peronismo, todos los intereses que podían ser identificados como beneficiarios y sustentadores del régimen vigente se encargaban de identificar al peronismo como su instancia antinómica. Era importante que el peronismo lograra dar cause a las rebeldía de los jóvenes que fuera capaz de darles cabida y retenerlos.

Las relaciones extrapartidarias: la burguesía industrial
El peronismo halla uno de sus sostenes extrapartidarios en la burguesía industrial. Ya anteriormente a perón la industria Argentina experimentó un considerable impulso al interrumpirse las importaciones de los planes industrializados durante la guerra mundial. Perón impulso la primera fase del proceso de sustitución de importaciones. Hacia 1946 la industria argentina no había alcanzado la frontera del autoabastecimiento de manufactores provenientes.

La redistribución de ingresos a favor de los sectores populares había permitido la consolidación de los sectores populares había permitido la consolidación del mercado interno. El impacto de la elevación de los salariaos pudo ser bien compensado por el empresariado merced al crédito barato. El sustento de esta política económica fue la transferencia de ingresos desde el agro.

Impulsando el acuerdo social entre estos sectores empresarios y el sector laboral, el peronismo pudo producir importantes modificaciones en la economía argentina, contrapesando la influencia de los poderosos intereses agroexportadores y también de los grandes industriales.

En 1973 resultaba difícil esta experiencia, ya que el sector social (sectores industriales nacionales) había mermado su peso especifico. Desde 1952 el mayor crecimiento de la industria se traslado a los sectores de mayor densidad de capital y con creciente presencia de inversiones extranjeras. Durante la presidencia de Frondizi se produce un apreciable incremento de las inversiones foráneas, a partir de algunos sectores como el automotor.
Con la revolución argentina tuvo lugar un acelerado proceso de concentración y desnacionalización de la industria que llevo a las empresas trasnacionales a asumir un definitivo liderazgo en el sector. Una gran parte del reequipamiento de la industria y de su provisión de insumos está ligada a la suerte de las exportaciones agropecuarias.

Las relaciones con las fuerzas armadas
La relación entre el peronismo y las fuerzas armadas también había experimentado cambios de importancia entre 1946 y 73. Cuando el 17 de octubre de 1945 le dejo libre el camino hacia el poder perón puso cuidado en eliminar de los cargos claves del ejercito a los eventuales enemigos. Una vez en el poder perón se ocupo de delinear el papel de las fuerzas armadas dentro del régimen, busco consolidar el apoyo de las mismas a su gobierno como garantía de estabilidad.

En la adhesión del ejército al peronismo tuvo un papel fundamental la industrialización de bases alentada por perón a través de fabricaciones militares. La tradición industrialista del ejecito íntimamente ligada al concepto de la defensa nacional encontró situaciones favorables para la creación de la industria pesada en el país. Sin intervenir en forma directa en las decisiones políticas, las fuerzas armadas constituyeron uno de los pilares del peronismo. El regreso del justicialismo al gobierno poseía ideas muy distintas a las de 1946. En 1973 las fuerzas armadas admitían un gobierno peronista pero no estaban dispuestas a aparecer derrotadas. La Marina y la Aeronáutica seguían opuesta perón.

Perón deseaba redefinir el papel de las fuerzas armadas en un plano de acuerdo. Se había preocupado de no dirigir a ellas sus ataques. Cuando Campora llega al poder marca que la misión de las fuerzas armadas debían ser de defender la soberanía en el orden externo y hacer respetar  la voluntad popular en el orden interno, participando del proceso en el rol asignado por la constitución, subordinadas al poder ejecutivo.

Los partidos políticos de la oposición
El nuevo tipo de relación del peronismo con las fuerzas armadas tendía a estrechar su margen de maniobra. En 1946 el peronismo había alcanzado el gobierno. Perón había respondido entonces con agresividad equivalente: el adversario político representaba la antipatria. Se estaba con perón o contra la nación. Resultaba nocivo en el caso del radicalismo, si se tiene en cuenta que los intereses objetivos de las bases de este partido no eran opuestos sino coincidentes el peronismo. En la década del 70 perón tenía una óptica distinta.

“El drama de la autonomía militar” Prudencio García.
Factores concurrentes en el caso argentino
1- El peronismo como fenómeno político y social y su doble desviación hacia la violencia de extrema izquierda y de extrema derecha.
2- La influencia en ciertos estamentos de la sociedad argentina, entre ellos sus Fuerzas
Armadas, del pensamiento ultraderechista europeo y más concretamente del integrismo católico francés en su más reaccionaria versión.
3-El persistente intervencionismo militar en la Argentina desde 1930.
4- Colaboración y responsabilidad de las fuerzas políticas civiles en el mismo.
5- La Doctrina de Seguridad Nacional en su versión argentina; aporte doctrinal norteamericano y francés a la lucha antisubversión.
6- La tortura en Argentina antes del 1976 y La técnica de la desaparición de personas.

1-El peronismo como fenómeno político y social y su doble desviación hacia la violencia de extrema izquierda y de extrema derecha.
El derrocamiento del peronismo dejo divisiones tanto en la Nación como en las Fuerzas
Armadas; en están últimas aparecían quienes concordaban con el proyecto depuesto en su intención de reconciliar el orden social y el tradicionalismo con una modernización del país, y otra facción enemiga del mismo lo veía portador de teorías igualitarias izquierdistas.
Dentro del cuadro sindical la división tuvo su correlato con aquellos que enfrentaron el golpe y el sector burócrata que acudió al pacto con los militares. Tras casi veinte años al retorno del líder, esa situación evolucionó a sus extremos: el extremismo de izquierda, “Los Montoneros” y el de derecha, la “Triple A”.

1.1 “Los Montoneros” y el de derecha, la “Triple A”
A mediados de 1970 nacen Los Montoneros de la izquierda más radical del peronismo, el ERP que se presenta como brazo armado del PRT; se suma a ambos las FAR y conforman el frente que protagonizará el período sangriento que entre otras cosas servirá como pretexto para el golpe del 76. Las filas de Montoneros se constituían a partir de sectores del nacionalismo y de la juventud católica. Montoneros expresó permanentemente su lealtad a Perón y la evocación a Evita, de todos modos fue inevitable la condena del líder a sus métodos de violencia.

Simultáneamente el ala derecha constituya la Triple A (Alianza Anticomunista
Argentina). Su mentor fue José López Rega, un cabo de la policía que fue  secretario personal de Perón; ascendido a Inspector General, grado máximo de la fuerza, se manifestó como un hombre de notable inteligencia y una absoluta falta de escrúpulos; finalizó sus días en la cárcel, en 1989, tras ser encarcelado en EEUU. El otro cerebro de la organización fue el comisario Villar asesinado en su lancha en la localidad de Tigre. La AAA reunirá a policías en actividad, otros cesanteados por actividades criminales, matones sindicales y sectores fascista del peronismo.

1.2. Víctimas causadas por los grupos armados de ultraizquierda en Argentina durante los 70
Según publicaciones del ejército las víctimas del período asciende a más de 600, afectando a civiles y diversas fuerzas de seguridad. Existieron listas (del diario La Nación) nulas ya que incluían entre sus líneas a aquellas personas atacadas por la Triple A; esta lista publicada por La Nación era la respuesta al informe a la comisión Interamericana de Derechos Humanos en la práctica de resaltar al terrorismo de izquierda.
Entre los delitos efectivamente perpetrados por la izquierda se encuentran: Militares: como el Gral. Aramburu. Dirigentes empresariales: como Salustro (FIAT), Políticos y funcionarios: Daniel Cash (gerente BNA), Secuestros extorsivos: Enrique Metz directivo de Mercedes Benz con un rescate de 4 millones de dólares. Copamientos: Batallón 141 Pcia. De Córdoba (73), Regimiento de Azul (79). Estos copamientos se realizaban por pocas horas y tenían como objetivo el robo de armas. Estos últimos marcaron el final de este tipo de incursiones.

1.3. Víctimas causadas por los grupos de ultraderecha en Argentina durante los 70
Tras la llegada de Perón ´73 y al poco tiempo bandas ultraderechistas comenzaron con crímenes apuntando a la dirigencia sindicales, directores de publicaciones, etc.; llevaron a cabo el asesinato del dirigente de la Juventud Peronista Mosqueda y asesinaron sus hijos. La Triple A accionó contra la prensa, asesinando a algunos miembros de la actividad, allanando la policía y atentando con explosivos luego. Tras la muerte de Perón la Triple A intensifico su accionar con un protagonismo de su líder López Rega llegando a conmocionar con el secuestro y posterior asesinato de Frondizi. En el prontuario de la organización encontramos también servicios a otras dictaduras como el asesinato del Gral. Carlos Prats y su esposa. La Triple A desapareció tras el golpe de 76; ya no era necesario su funcionamiento, entraban en escena los grupos de tareas.

2. Persistente influencia, sobre la mentalidad militar argentina, del integrismo católico francés.
La “Teología de la Reacción” influyó durante décadas en la formación ideológica de las fuerzas armadas. Grasset se instaló en Argentina hacia 1962 como editor de la revista “El Verbo”, rodeándose rápidamente de colaboradores civiles, eclesiásticos y militares. Este personaje se dedicó a denunciar los peligros que amenazaban al país, en su delirio encontraba enemigos en el comunismo,  masonería,  judíos,  peronismo. Consideraba a la iglesia católica y al ejército como las únicas entidades calificadas para gobernar una nación.

3. El intervencionismo militar en Argentina antes de 1930.
Argentina entre 1880 y 1930 se perfilaba no solo sobresalientemente en la región sino en el mundo. A su riqueza, la amplitud de su clase media, su nivel cultural, su homogeneizada población se sumaba a una importante tradición democrática.
Golpe de 1930: El último período militar entre 1976 y 83 es el periodo con las más funestas consecuencias para la sociedad; sirve como ejemplo la deuda externa.
Autoconsideración de las Fuerza Armadas como protagonista de la vida políticonacional.
El “partido militar”: Las Fuerzas Armadas a la convicción de que pueden y deben pronunciarse, actuar y hacerse sentir en la vida política nacional. Desde los años treinta que los militares se consideran actores legítimos en la política nacional.

3.3. Abusivo empleo de la palabra “Revolución” aplicada al golpismo militar.
Estos golpes no tienen relación alguna con lo que se entiende por revolución; no cambian casi nada en las estructuras, y por lo general esa es su función. Como contraste el golpe del 30 contra Irigoyen que en palabras de Ortiz significo la imposición de los petroleros norteamericanos, angustiados por la promulgación de la ley de minas, a través del accionar del ejército; su autor Uriburu y sus seguidores le dieron el nombre de revolución. La Revolución Libertadora del 55 y la “Revolución Argentina” de Onganía son otros ejemplos.

4. Implicación de las fuerzas políticas civiles en el permanente intervencionismo militar argentino antes de 1976. La actitud intervencionista de las FFAA tienen su correlato en la validación de las fuerzas políticas; estas acudieron a los militares como legitimadores en varias oportunidades; desde el golpe a Castillo llevado a cabo por Perón que fue festejado por el radicalismo , al derrocamiento del mismo por el golpe del 55 que fue consensuado por los partidos opositores. Los civiles articularían variados medios para lograr el apoyo de las FFAA; en la prensa los diarios conservadores La Nación y La Prensa o a través de sus organizaciones derechistas como
La legión Cívica, La Federación de Organizaciones Democráticas (ultraderecha antiperonista), la FADEA (anticomunista), el Ateneo de la República y el Club del Plata (ultraderechista). En fin los cuarteles argentinos supieron tener civiles con una amplia gama de ideologías e intereses.

5.Versión argentina de la “Doctrina de Seguridad Nacional” influencias norteamericana y francesa en materia de “Lucha Antisubversiva”, con anterioridad a 1976.
Influencia doctrinal francesa: Surge a partir de las campañas en África a fines del siglo XIX y principios del XX. El grupo Cite Cotholique impulsaba criterios ultraderechista que inspiraron al ejército en sus tácticas aplicadas en Indochina y en Argelia; una estrategia consistía en la posibilidad del manejo psicológico del pueblo en su manipulación para el apoyo; esto debía ser aprovechado por el estado. Sus postulados eran, primero: cualquier resistencia de un pueblo a su dominación colonial debía ser interpretado como una intolerable “agresión subversiva” y segundo: la tortura era una herramienta habitual y perfectamente aplicable a esta lucha.
Los militares argentinos, en su instrucción, tomaban cursos donde parte del material citaba a la guerra en Indochina. Por su parte los militares argentinos extraen como conclusión que la guerra de Indochina resulta en un fracaso para Francia por la adhesión lograda, por los rebeldes, de las mayoría de la población.

5.2. Influencia doctrinal norteamericana: Fort Gulick y la inteligencia militar
La Doctrina de Seguridad Nacional se aplico en profundidad en la Argentina. La metodología para “la represión del enemigo interior” fue dada en varios centros militares norteamericanos. Esta escuela dictaba cursos que abarcaban el amplio espectro de la lucha contrainsurgente. Los interrogatorios debían ser orientados a todo aquel que resulte sospechoso y no exceptuar a nadie que se encuentre en la zona bloqueada. Estas debían ser disimuladas con una importante propaganda tendiente a camuflarlas de necesidad para así justificarlas. Esta doctrina y sus técnicas aplicadas no pudieron evitar que EEUU probara la derrota en el campo des guerrillas.

5.3. Creación de rígida y una mística escolástica de la” lucha antisubversiva”. La lucha “Guerra permanente y Total” se había convertido en algo que excedía su propio campo, era una lucha contra un enemigo de ámbito universal. Su comprender le mecánica social excede cualquier pretensión de cientificismo o mecanicismo, las intenciones simplificistas de la Doctrina de Seguridad Nacional pueden considerarse aberrantes. En su manual teórico y práctico cita como la siguiente: Guerra permanente: el comunismo no cesa en su lucha ya que es su esencia, es permanente. Guerra revolucionaria Guerra integral: los objetivos son la conquista del poder del hombre en su cuerpo y mente; abarca todos los campos de la actividad humana. Guerra universal: la ideología del comunismo tiene pretensiones universales. Guerra multiforme: se adapta al país atacado hábil; todos los modos de lucha le son válidos.
Bajo esta perspectiva nadie está exento a esta confrontación; quien no los combate está con ellos. Esta visión es tan extrema que una sociedad que haya logrado un grado de convivencia, fruto de su trabajo y sacrificio, es mirada con desprecio ya que no está en guerra contra la subversión.

5.4. Intensa dedicación de las Fuerzas Armadas Argentinas al estudio y preparación de la guerra antisubversiva en los años sesenta, con prioridad sobre cualquier otro conflicto Ramón Camps admitía que el cuadro de las fuerzas nacionales había recibido inicialmente la influencia francesa y posteriormente la norteamericana; luego ambas se aplicaron simultáneamente hasta que al final predominó la norteamericana. De estas doctrinas emergió una propia que los condujo a la victoria frente a la subversión. Según el profesor Comblin este proceso de enseñanzas de  las Fuerzas Armadas supero a las dedicadas a otras formas de guerra.

La política económica de la dictadura militar. Mario Rapoport
Razones internas y externas de los cambios económicos
A partir del Golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 comenzó a implementarse un conjunto de medidas que tuvieron un importante impacto en la esfera de la economía argentina. El proceso de cambio se encontraba vinculado a factores internos, aunque también a las transformaciones económicas internacionales y la articulación entre ambas. La modificación de las relaciones de poder dio lugar a una realidad con características muy diferentes a las del modelo de sustitución de importaciones (ISI).

En relación con el contexto internacional las practicas especulativas en los mercados financieros en un escenario signado por las irregularidades de poder, sumado  a las políticas liberales y aperturistas, impulsado  por los centros de la economía mundial en aras de insertar a las economías tercermundistas a los nuevos circuitos financieros. Internamente existían factores resistentes a cambiar el modelo del ISI; la radicalización y armado de los mismos puso en guardia a las grandes potencias, principalmente a EE.UU. Así también, se establecen nuevas formas de control de la conflictividad social con la represión.

El plan de Martínez de Hoz
José Martínez de Hoz, sintetiza los objetivos centrales de su plan económico:
1)                  Lograr sanear monetariamente y financieramente a la economía para la modernización y desarrollo del aparato productivo exento de conflictos inflacionarios.
2)                  Acelerar la tasa de crecimiento económico.
3)                  Alcanzar una razonable distribución del ingreso, preservando el nivel de los salarios en la medida adecuada a la productividad de la economía.

La puja salarial provocaba una tasa de inflación considerable, la nueva política actuaría sobre el control de estos reclamos con un aparato represivo. Se congelaron los salarios por tres meses, se elimino el control de precios y se devaluó el peso. Para su implementación se disolvió la CGT, se suprimió el derecho a huelga y las actividades gremiales. Hasta aquí podemos considerar la primera etapa de medidas inmediatas (reducción del salario real).

Como aspectos más estructurales: se desreguló la inversión extranjera, se unifico el tipo de cambio, se eliminaron regulaciones y subsidios a las exportaciones y se redujeron los aranceles de importación. Comenzaba una segunda etapa: a principios de 1977 se implemento una reforma financiera, ubicaba al sector financiero en una posición hegemónica. “El nuevo Régimen de entidades financieras”.

El hincapié en la actividad financiera impuso su mayor rentabilidad a la productiva; entre el 78 y 79 abrieron más de mil sucursales de entidades financieras. La reforma apuntaba a incrementar el rol del sector financiero privado y disminuir la participación del Estado. La apertura plena a los capitales externos con la libertad de fijación de tasas de interés promovió que como las mismas se establecían sobre la presunción de devaluaciones y estas eran inminentes, que los intereses a los créditos internos treparan sobrepasando ampliamente a los internacionales.

Otra cuestión de trascendencia fue la creación de la Cuenta de Regulación Monetaria (CMR), la cual asumía el costo financiero del alto encaje impuesto a los bancos; en realidad era una fuente de subsidio al sector que implico una erogación. Mantener inmovilizada una parte de los depósitos implicaba para los bancos un costo que encarecería los créditos, provocando un desplazamiento por parte de los tomadores hacia fuentes financieras externas.  Para evitar esos efectos, se creo el CMR.
A partir de la Reforma, el sector financiera ocuparía un lugar central en la provisión de fondos de corto plazo, aunque el Estado continuo siendo el principal generador de inversión de largo plazo.

La inflación persistió, el salario fue reemplazado por las tasas de interés, la inversión comenzó su retracción y el sector privado no cumplió con las expectativas de mayor eficiencia. La orientación del mercado financiero a corto plazo imposibilitaba la adquisición de créditos a largo plazo, esto resultaba claro ya que con tasas de interés positivas y la garantía sobre los depósitos los capitales se volcaron a la especulación abandonando el área productiva. El alto costo que había alcanzado el dinero influía en el costo de producción, afectando gravemente a la oferta, revitalizando la espiral inflacionaria; ante esto las medidas de la reforma eran impotentes.

Ante el fracaso del modelo se articulan otra serie de medidas contractivas con una política monetaria más restrictiva que derivó en más alzas en las tasas de interés y la recesión que en 1978 contrajo el PBI. Cada medida que era tomada concluía en elevar el costo del dinero y en un círculo vicioso recurrente en la retracción de la oferta donde la inflación seguía su paso.

La implementación de “la tablita” con la fijación del tipo de cambio y proyectadas devaluaciones pretendió la internacionalización tanto de los niveles de inflación como de los precios de la producción nacional, en un intento de hacerla competitiva a esta última frente a la externa la cual recibió como incentivo una baja en los aranceles de importación.

Mediante la “tablita económica”, el Estado aseguraba el precio que iba a comprar el dólar a futuro, daba garantía. Traía reajustes del precio del dólar en forma periódica y decreciente hasta arribar a un tipo de cambio fijo en 1981. Se esperaba que la inflación local descendiera hasta llegar a los niveles internacionales.

La evolución del plan
Luego de las políticas aplicadas por el gobierno militar la economía se vio estancada y en una profunda etapa de recesión, con solo el 2 % de crecimiento.  Este proceso afectó de forma diferente a los sectores económicos; el área mayor afectada fue la relacionada con el mercado interno en la competencia con lo importado, la construcción tuvo hasta el 80 un período auspiciado por importantes obras públicas luego decayó, la industria finalizó con saldo negativo del 12%, en cambio el sector agropecuario y la minería lograron una expansión, por medio de una mayor inserción exportadora.

El mayor beneficiado en la economía de Martínez de Hoz fue el sector financiero, tuvo  un gran crecimiento hasta el apogeo de su mentor, tras la caída de Martínez de Hoz redujo su crecimiento a un saldo del periodo del 10%. Las exportaciones muestran un crecimiento, centradas en el agro y la minería. Las  exportaciones se triplicaron entre el 75 y 81. El crecimiento de las ventas al exterior se daba tanto a mayores cantidades exportadas como a mejores precios.  A partir de l 76 se transformaría el perfil comercial de Argentina. Las exportaciones argentinas se habían diversificado progresivamente en esta última etapa del proceso de sustitución de importaciones, con un avance lento pero firme de la venta de productos industriales.

Bajo las nuevas condiciones esa diversificación comenzaba a desdibujarse y las ventas externas se concentraban cada vez más en un reducido grupo de productos agropecuarios: carnes, aceites vegetales, etc. Además se produjo una expansión de las exportaciones de granos, con la firma de acuerdos con la URSS, el cual fue el país que llego a recepcionar el 80% de las exportaciones argentinas de cereales y el 20% de las carnes.

El comportamiento de las importaciones fue distinto, variaron creciendo aun mas las ventas, especialmente a partir de 1979,destruyendo gran parte de la industria nacional; el método incluía grandes facilidades al crédito internacional para compra al exterior, como contrapunto era casi improbable la obtención de uno para la producción, más para un pequeño o mediano industrial.

Si bien el boom importador fue generalizado, su incidencia se destaco en los bienes de consumo durables, como los electrodomésticos y en la importación de bienes de capital.  Así también Argentina se convirtió en el primer comprado de armamento de origen Alemán en el mundo subdesarrollado. En este período se repite una nueva versión del triángulo comercial de los años 20; en este caso el déficit por las compras a los EEUU era compensado por las colocaciones en la URSS con los vaivenes producto de la tensión entre ambas potencias.

El endeudamiento externo
La segunda parte de la década del 70, y como producto del alza del precio del petróleo, muestra a la banca internacional con una excepcional liquidez. El limitado crecimiento en los países en los países desarrollados y su escasa demanda de créditos convierten a los países en desarrollo como los más receptivos de los mismos; Argentina fue uno de los que más acudió por ellos.

En primer lugar, entre el 76 y el 79, con su sector público y en segundo lugar, en el periodo del 80 y 81, Para  solventar sus déficit en la balanza de pagos. El empresariado contribuyó al endeudamiento remitiendo el mismo no siempre a la producción sino a la especulación o a la fuga de capitales. Para retener las colocaciones se ofrecían altas tasas que potenciaban el problema. Si este sistema, que irremediablemente conducía a una crisis, se sostuvo tan prolongadamente que solo se explica por el enorme beneficio que le dió a sectores con gran peso político y económico:
- Altos funcionarios del gobierno que se enriquecían y transferían a sus cuentas en el exterior.
- Al grupo especulador conformado por sectores empresariales y financieros.
- Las FFAA que provocaron deuda a través de la compra de armamento.
- Sectores empresariales especuladores que transfirieron sus capitales al exterior.
Mientras Brasil se endeudaba por industrializarse, Argentina en cambio lo hacía para enriquecer a uno pocos y pauperizar al resto de la nación, arrasando su aparato productivo e hipotecando su economía.

La cuestión fiscal : La idea de Martínez de Hoz era liberal, o sea quitar peso del Estado en la actividad económica y hacer hincapié en la cuestión del déficit fiscal reduciendo el gasto, incrementado los ingresos, recomponiendo las tarifas y aumentando los impuestos. Lejos de conseguirlo el problema se agudizó. El gasto que fuera reducido por Alemania fue superado al año siguiente; este rubro solo se expandió a expensas de mayor actividad económica, cuando esta se retrajo el gasto también lo hizo.

La política económica del gobierno radical. Mario Rapoport
La critica situación inicial
Al retirarse del poder, el gobierno militar dejaba una herencia económica catastrófica, el país se hallaba en plena recesión, con una desocupación creciente, una inflación de más del 400%, una deuda externa de casi 45.000 millones de dólares y sin reservas internacionales. Algunos problemas eran conocidos, pero otros no habían sido valorados en toda su magnitud por la falta de transparencia de la información estadística y documental o por cifras engañosas.

En Diciembre, antes del traspaso del poder, se canceló una deuda por compra de armas para el conflicto de Malvinas, que dejo las reservas casi agotadas. La deuda con sus pagos atrasados constituía el mayor inconveniente. El endeudamiento externo era cinco veces superior a las exportaciones anuales. Existían al momento de la Asunción de Alfonsín millones de dólares de atrasos de los pagos. Repudiar la deuda no fue la opción; el gobierno opto por renegociarla a sabiendas que generarían recesión e inflación. Consistía en la renegociación de la deuda con los bancos extranjeros.

La primera etapa de la política económica: la gestión de Grinspun
El Ministro de Economía Bernardo Grinspun planteo objetivos ambiciosos para su programa económico dada la situación del país: - Un crecimiento del PBI en el orden del 5% - Bajar la inflación - Aumentar los salarios un 8% - Aumentar los ingresos tributarios - No aplicar medidas recesivas - Controlar salarios, precios y divisas. Se resolvió posponer pagos al exterior hasta junio de 1984 e intentó constituir un frente de deudores.

El enfoque de las autoridades era ajustar gradualmente las variables económicas, con el fin de conciliar las reclamaciones de distintos sectores sociales y armonizarlas con los objetivos de saldar la llamada deuda social y lograr la estabilidad de precios.
Las medidas que se fueron implementando fueron: aumentos de salario de suma fija y de las tarifas de los servicios públicos, la fijación de pautas para el incremento futuro de los precios, salarios y tarifas públicas. Además se presentaron al Parlamento medidas de emergencia, como la creación del Plan alimentario Nacional, un incremento del 25% del presupuesto educativo y la reducción simultánea del gasto militar.

Sin embargo, los proyectos y las medidas implementadas no lograron la aproximación a los objetivos iníciales, y el gobierno se topo con dificultades como el proceso inflacionario, presiones monopólicas de los nuevos grupos económicos, planteos sindicales, déficit fiscal, y trabas en la negociación de la deuda externa.

La realidad distó de la proyección; producto de una suma de importantes conflictos más la falta de comprensión en profundidad de lo que se había convertido la dinámica de la economía.
Las medidas de carácter keynesiano para el impulso de la economía no significaron cambios importantes en el empresariado, que pensando en la transitoriedad de esas medidas prácticamente no variaron su nivel de producción; se habían adaptado a un esquema especulativo de inversiones financieras muy rentables.

La banca acreedora impuso sus condiciones y tras un memorándum de entendimiento se firmo un acuerdo de “stand by” con el FMI. Existieron factores que provocaron que las mejoras brillaran por su ausencia: la perceptible cuota de improvisación en las acciones de gobierno quitaban solidez a lo implementado, el ingreso de divisas disminuía producto del deterioro de las condiciones de intercambio y los intereses de la deuda pública no permitían el equilibrio en dichas cuentas. El comercio exterior era como una esperanza trunca ya que las condiciones mundiales llevaron a que la sobreoferta disminuyera los precios de los productos del agro.

Todas estas complicaciones llevaban las torpezas técnicas con una actitud de los centros de poder económico despreocupada y en nada colaboradora de la nueva democracia en cambio en la actitud de llevar agua para su molino, secaron el río de la nación ya en una baja límite.
A quince meses de haber asumido, en marzo del 85, Grinspun debió renunciar siendo reemplazado por el hasta ese momento secretario de Planeamiento, Juan Vital Sourrouille.

El ajuste “heterodoxo”: la gestión de Sourrouille y el Plan Austral
Sourrouille había dado a conocer un documento denominado Lineamientos de una estrategia de crecimiento económico. El proyecto se fijaba como objetivo como crecimiento alcanzable un 4% anual por medio de lo que dio en llamarse “el ajuste positivo”, es decir, el crecimiento basado en las exportaciones y la inversión. Se trazaba allí también la necesidad de reducir las tasas de inflación a fin de lograr niveles de inversión aceptables, mientras se manifestaba la necesidad de una coherencia entre las medidas económicas de corto y mediano plazo.
Las primeras medidas del nuevo equipo apuntaron a recomponer los ingresos públicos y profundizar la inserción exportadora por medio de reajustes del tipo de cambio y de las tarifas públicas. Proponía la baja de la inflación para estimular la inversión.

Una de las primeras medidas apunto a recomponer la exportación por medio de un tipo de cambio conveniente, se redujeron los plazos para el ingreso efectivo de los pagos impositivos y aduaneros para evitar el negativo efecto de la inflación; estas fueron parte de medidas con el objeto de preparar el terreno para la implementación de un plan antiinflacionario con características de shock.

En junio de 1985, Alfonsín declaro una “economía de guerra”, anunciando la reducción del12% del gasto publico, el congelamiento de vacantes en el sector publico, un fuerte aumento de las tarifas y los precios de los combustibles y transportes, la paralización de las inversiones publicas y la privatización de empresas estatales.  Poco después, por medio de un decreto de necesidad y urgencia se inicio el denominado “Plan Austral”. Este plan económico “heterodoxo” implico un fuerte ajuste, aun mayor que el solicitado por el FMI, con el objetivo explicito de evitar el peligro de la hiperinflación.

Así nace el austral como moneda equivalente a 1.000 pesos y viene acompañado de medidas tales como la congelación de precios y tarifas; bajan las tasas de interés del 28% y 30 % para depósitos y préstamos al 4% y al 6% respectivamente. Finalmente se devalúa en un 15% y se fija el cambio en 0.80 centavos por dólar; para evitar la transferencia de la inflación esperada se crea la tabla de “desagio”. Las empresas apoyaron inicialmente el plan ya que los costos financieros que desaparecían se restaban de sus precios de costo pero no de los precios de venta.

El plan tuvo un efecto favorable inmediato que incluyó un incremento de las exportaciones: un aumento de las liquidaciones de divisas por parte de sus tenedores, lo que permitió el crecimiento de las reservas del Banco Central, el incremento de las retenciones agropecuarias y la aprobación de la Ley de Ahorro Forzoso , que inmovilizaba fondos de las empresas para financiar gastos del Estado, la disfunción del déficit fiscal y de la emisión monetaria y la reducción de la tasa de inflación al 2%.  El éxito a corto plazo, logró cierta estabilidad pero el programa no incluía objetivos de reactivación y crecimiento. La falta de un plan a largo plazo indicaba debilidad.

El deterioro del Plan Austral y los primeros reajustes
Luego del éxito inicial comenzaron a visualizarse algunos efectos no deseados. Ya que la inflación se originaba en el lento pero firme incremento del precio de un conjunto de artículos como la carne y las hortalizas (los precios Flex), mientras otros productos (productos industriales) permanecían más estables.  El plan no incluya vías de escape para corregir esa distorsión desde el momento en que se pensaba que los precios Flex encontrarían pronto un punto de equilibrio.

El efecto del Plan Austral sobre los ingresos de los asalariados no era homogéneo en todos los sectores. El mas afectado fue el sector público, ya que las remuneraciones estatales, junto con los retrasos en los pagos a proveedores del Estado formaron parte del ajuste de las cuentas publicas. La recaudación aduanera había caído debido a la reducción de los precios de los productos agropecuarios en los mercados internacionales y a la contracción en las cantidades exportadas. La Ley de Ahorro Forzoso había caducado y las tarifas públicas se deterioraron en tiempos reales.

Por otra parte, las compras de divisas del gobierno para cancelar sus compromisos con el exterior generaban una expansión monetaria que se trataba de esterilizar por medio de altas tasas de interés. En consecuencia, los salarios se ajustaban en virtud de las negociaciones de los sindicalistas con los empresarios, las tarifas públicas y el tipo de cambio estaban indexados y los precios se encontraban “flexibilizados”.

Las crecientes complicaciones indujeron a la adopción de nuevas medidas. En 1986, se creo un Directorio de Empresas Públicas, que agrupaba a todas las empresas del Estado. El objetivo se orientaba a organizar y racionalizar las compañías con criterios de eficiencia propios del sector privado planteándose la posibilidad de su privatización total o parcial.

En el 87’ se crea un proyecto de ley de presupuesto. Se planteaba que pese a los éxitos parciales logrados en la lucha por la estabilidad de precios y la recuperación del crecimiento económico, los resultados  no eran definitivos y estaban cuestionados por las pautas de comportamiento perversas de los actores económicos.

La ultima tentativa de control de la economía: Plan Primavera. 
A mediados del 88, la economía argentina se encontraba en una situación crítica en la que se combinaban la recesión,  inflación y  desocupación, mientras que la deuda interna alcanzaba a los 46.000 millones de dólares.  El retroceso salarial generó huelgas en distintos sectores y un paro general de los trabajadores de servicios públicos, termino con un importante despliegue en Plaza de Mayo y actos de vandalismo en los alrededores.

Una sequía en el Hemisferio Norte elevaba los precios internacionales de algunos productos agrícolas. Ante esta situación se presento una nueva versión de plan de shock el llamado “Plan Primavera”, de agosto del 88, que contaba con el apoyo de diversas entidades empresarias, como la UIA, CGT y la CGI, pero dadas las medidas implementadas otros se oponían, como la SRA (Sociedad Rural Argentina).

El plan incorporaba varias medidas: -Ante la promesa de Alfonsín de no aplicar nuevos impuestos a los productores rurales para las exportaciones agropecuarias, se produjo un desdoblamiento en el mercado cambiario: el segundo mercado, llamado financiero fue liberado pero se anunció que el Banco Central intervendría en el mismo para que la diferencia entre ambos no supere el 25%.

En el primer mercado, se liquidaran el total de las exportaciones agrícolas, el 60% de las industriales, mientras que en el segundo se negociaran las divisas correspondientes al resto de las exportaciones manufactureras, importaciones e intereses de la deuda externa de los particulares. Por medio del desdoblamiento cambiario, el gobierno trataba de redistribuir a favor una parte de incremento del precio de los productos agrícolas sin recurrir a las retenciones.

-La estabilidad de precios se basaba en un acuerdo desindexsatorio con las empresas lideres y refrendado por las cámaras patronales mas importantes no en un congelamiento.
-Dado que el Congreso había aprobado a fines del 87 una ley en la que se restablecen las negociaciones paritarias libres, los salarios no podían ser fijados unilateralmente por el gobierno.
-La cantidad y variedad de documentos de deuda publica emitidos, en general a plazos cada vez mas breves y con todo tipo de cláusulas de indización fue creciendo, dando lugar a un fenómeno conocido como “el festival de bonos” entre los que se contaban los Bonor, Barra, Bagon, Tildor.

Los tres peronismos. Sidicaro
Los tres peronismos y las transformaciones estatales
Los dirigentes del primer peronismo unificaron sus políticas a la consolidación y expansión del Estado intervencionista. El programa era continuar con la acción económica, social, cultural, e institucional del régimen militar anterior. El modo en que se ubicaron los dirigentes partidarios y sindicales llevó a importantes conflictos antes y en el gobierno. Unos expresaron de manera más directa y en otros con puntos de vista ideológicos para dar más legitimidad a sus reclamos.

En el primer período peronista, la sociedad civil argentina de mediados de los 40 era mucho más moderna y estructurada, el tipo de privilegios a los que accedían los dirigentes peronistas no daban lugar a la formación de una clase distinta como sucedió en otros países del tercer mundo. En América latina, Fernando Cardozo utilizo el concepto de burguesía de Estado para analizar a una nueva categoría de actores sociales que aparecían con los regímenes autoritarios. Cardozo la relaciono con la expansión del sector público de la economía. Se refería a la formación de una camada social que controla políticamente los aparatos estatales de producción.

Los dirigentes políticos que fundaron y gobernaron el primer peronismo, ampliaron las funciones estatales y una parte de ellos fue administrador de bienes y empresas públicas, pero no constituyeron una burguesía de estado en la medida que sus objetivos se centraron en la dirección política de la sociedad. Los peronistas de 1946-55 constituyeron un partido político estatista por su modo de organización e ideología. El estado intervencionista fue el componente principal, había búsqueda de mayor igualdad social. La racionalidad asociada a la ampliación de la ciudadanía social diferencio a los peronistas de los conservadores.

La segunda experiencia del gobierno peronista ya no contó con las capacidades estatales fuertes de la primera, los trabajadores del primer período fueron sustituidos por un sindicalismo que negociaba el sistema político más que los intereses sociales de la clase obrera y asalariados, los actores estaban divididos; el peronismo como fuerza política fue un reflejo de  muchas divisiones que atravesaba la sociedad y la crisis del Estado. En 1973 se estaba muy lejos de disponer de los recursos económicos estatales  de Banco Central pero tampoco se encontró con un país endeudado externamente. El primer gobierno peronista pudo doblegar empleando el poder estatal las resistencias de los actores socioeconómicos, el segundo necesito convocar a una acuerdo con el mundo empresario y no consiguió establecerlo, para luego quedar atrapado en conflictos sociales y políticos que debilitaron las capacidades estatales.

Los aparatos del estado en crisis del segundo peronismo fueron los lugares institucionales desde donde libraron sus conflictos. Todas las corrientes partidarias sindicales tenían como objetivo el control de ministerios, de la administración pública nacional, provincial o municipal, de las universidades o medios de comunicación oficiales, por los beneficios que tenían.
La autoridad carismática de Perón no operó, tampoco, neutralizando las luchas entre sus seguidores. Perón quedó enfrentado con las organizaciones sindicales porque no aceptaban el acuerdo pero los más fieles fueron los notables de la anterior gestión. El “retorno de Perón” había sido logrado. Los que habían participado en la anterior gestión usaron la tradición como recurso de legitimación, los radicales propusieron  la resistencia contra la pasada dictadura.

El primer peronismo había sido posible con un estado y personal político gobernante que se unificó, el segundo transformó a los aparatos estatales en crisis y diluyó el poder del comienzo. La tercera experiencia presentó notorias diferencias con estos. La distancia de los dirigentes peronistas con el proyecto neoliberal salió a la luz a la hora del fin de la gestión menemista, cuando las opiniones contrarias al modelo abundaron. La realidad de la sociedad y del estado del periodo de Menem, era muy diferente a la del primer período de gobierno peronista. Beck agrega que el tercer gran proceso de la Segunda Modernidad es la pérdida del trabajo asalariado bajo las condiciones de la globalización y de las nuevas tecnologías de las informaciones.

El esquema propuesto por Beck es útil para la comparación entre la primera y la tercera experiencia de gobierno peronista. Perón (1946-55) ejerció la presidencia con condiciones de Primera Modernidad, el mundo del trabajo y del pleno empleo conformaron los colectivos de asalariados a los que se dirigió la convocatoria de su gobierno y de su proyecto estatista, integración social por la vía de las funciones estatales de bienestar.

La estructura social argentina se modernizo con el impulso dado desde el Estado, pero las relaciones políticas y sociales del periodo anterior cubrieron la vida pública de conflictos y debates. El gobierno menemista se desenvolvió en condiciones similares, el debilitamiento del Estado-nación propio de la globalización se presento agudizado. Los peronistas del 89 no solo se encontraron con capacidades estatales débiles, sino que hicieron un programa para crear alianzas con los actores socioeconómicos predominantes. La participación en la globalización acelero la declinación de las condiciones del anterior mundo del trabajo asalariado, registrada en el aumento de los porcentajes de desocupación y de la población socialmente excluida.

Corrupción administrativa: Las corporaciones perdieron su ilusión ideológica que las llevaba a crecer, los ganados y la industria fabril se identificaban con la construcción de la nación. Los esquemas que ordenan las transformaciones de las sociedades occidentales dejan un periodo de transición por protestas de nuevos actores sociales en los 60 y se cierra en los 70. En esos años intermedios se reconoce como aspecto común el voluntarismo político. Uno de sus rasgos fue la rebelión contra los mecanismos burocráticos y la cultura del consumo en las sociedades más desarrolladas, y en los países periféricos las luchas contra la dominación extranjera y dependencia política, económica y cultural.

El peronismo fundador se inscribió en la primera modernidad y el menemismo en la segunda. La escena pública de fines de los 60 y 70 mostro un altísimo componente de voluntarismo política. Este modo fue compartido por sectores del peronismo, oficialistas y críticos que organizaban huelgas patronales, uniformados o civiles reclamaban represiones para asegurar el orden.

El poder económico
La “oligarquía agraria” fue el principal adversario del peronismo en los años cuarenta. La modernización económica posterior a la crisis de 30, con migraciones rurales, transformaciones de la urbanización, difusión de nuevas ideas modificaron el espacio social. Hubo un poder económico de las familias tradicionales y riqueza del agro. Llegaron miles de inmigrantes cuyos descendientes iban a contribuir al éxito político de los yrigoyenistas primero y de los peronistas después, coincidentes a la oligarquía. Se encargaron de reintroducir el tema de la oligarquía y de su fuerza. Pero en los dos casos, existía una situación que se prefería omitir; los golpes militares evidenciaban la incapacidad política de la oligarquía.

Tourine diferencia los modos de acción y las relaciones sociales que establecen las clases dirigentes en contraste con las clases dominantes. La definición de clase dirigente remite al concepto de historicidad, en el cual se distinguen tres esferas de la acción social:
1)                  El modo de conocimiento, en el que se elabora y propone una imagen de la sociedad;
2)                  la forma de organizar la acumulación y la inversión de recursos
3)                  el modelo cultural de comprensión e interpretación de la capacidad de la sociedad para actuar sobre ella misma en su transformación.
Una clase dirigente establece predominio sobre las 3 esferas de la acción social, identificando sus propios intereses con los de la sociedad, y responde o satisface expectativas materiales y simbólicas sin conflictos. En una clase dirigente es posible reconocer la existencia de intereses económicos.
En las relaciones políticas, los regímenes democráticos revelan en las sociedades la existencia de una clase dirigente. En oposición a las dirigentes, Tourine elabora las clases dominantes para referirse a los actores que ocupan posiciones superiores en una sociedad y que en sus sistemas de relaciones sociales desenvuelven practicas centradas en la defensa de sus privilegios, no incluyen los sectores sociales.

En el plano económico se ven las desigualdades sociales en cuanto al capital o control de decisiones de inversión, y se incrementan la protesta de los perjudicados. La gran burguesía agraria debe ser una clase dominante. En los años 30 había perdido su situación de clase dirigente, defendiendo sus intereses mediante el intervencionismo estatal, surgieron conflictos con los conservadores a principio de los 40, que llevaron a una nueva disminución sobre los asuntos públicos. Esta etapa culmino con el ascenso de Perón y la separación entre los poderes públicos y sus intereses sectoriales.

Durante 1946-55 la tensión entre el gobierno de perón y el poder económico disminuyo. Los cambios que suponía el proceso de ISI impusieron la necesidad de aumentar las exportaciones agropecuarias, creció, la importancia estratégica de los grandes productores rurales. La relación contradictoria de ese primer gobierno fue la pérdida de poder político de la burguesía agraria y el carácter clave que asumió la producción por ella controlada. El anti-peronismo empresario de estos años fue una ideología individual sin prácticas.

¿Como se puede conceptualizar la relación del estado del primer peronismo con los grandes intereses socioeconómicos?: las respuestas son diferentes, con Weber se sitúa el análisis en el vínculo entre la acción del estado y la dinámica del capitalismo, y en la racionalidad de los comportamientos de los agentes estatales. El peronismo forjo una situación favorable al desarrollo de conductas empresarias modernas. La decisión de organizar la economía se vio acompañada por la desconfianza que mostraban los gobernantes hacia la libre acción de los intereses privados.

Las capacidades del estado políticas Burocráticas- técnicas y económicas se debilitaban por la  vinculación con los intereses de los más poderosos de la sociedad. El poder del sindicalismo peronista se transformó en una de las principales preocupaciones. El periodo quedó marcado por la diferencia entre lo estatal en crisis y la modernización de los países centrales. En principio favoreció a los peronistas y luego precipito su fracaso y llegada de la dictadura.

Desde 1955 no habían faltado los intentos de acuerdos entre las fracciones del capitalismo.
El primer y el tercer gobierno peronista duraron 10 años, y solo 3 el segundo. La solidez de los aparatos estatales garantizó en el primero la neutralización de las agresiones de los actores socio-económicos predominantes que perdieron su influencia sobre decisiones públicas. El segundo, el estado en crisis, propuso las instancias institucionales de conciliación de intereses que se transformaron en el espacio de luchas de clases entre los empresarios y sindicales que la totalidad de los sectores patronales se movilizo contra la política y social y alentó el golpe militar.

Durante el gobierno de Menem las principales entidades empresarias de la industria y rural, no tuvieron influencia sobre la toma de decisiones públicas. Perdía sentido la demanda al estado. El plan de convertibilidad perjudicó una parte de los empresarios, los condicionamientos del endeudamiento externo y los límites por el FMI o el Banco Mundial, redujeron los límites de las decisiones estatales y restringieron las demandas de las corporaciones. Los grupos económicos de capital local y los nuevos empresarios transnacionales se relacionaron con el gobierno.

La estrategia “de salida” adoptada por algunos grandes empresarios consistía en vender activos y sacar capitales del país en tanto que otros se descapitalizaban. Los nuevos actores transnacionales se convirtieron en participantes centrales de las relaciones de poder. Para asegurar el pago de la deuda externa condujeron a la lenta disolución del bloque empresario formado en torno al proyecto neoliberal.
Bauman propone una conceptualización para analizar los nuevos actores transnacionales que se instalaron en los 90 en el país: El único interés del terrateniente en su tierra era llevarse el producto excedente. Los grupos económicos de capital nacional perdieron posiciones frente a lo transnacional, entraron en competencia. Vender parte de sus activos en el país, y contraer deudas en dólares en el banco local, a la espera del previsible colapso de la convertibilidad consientes de que el estado dispuesto a transformar las perdidas en reales ganancias.

Los actores socioeconómicos predominantes de la tercera dispusieron de una capacidad económica para imponer condiciones favorables a sus intereses mayores y contaron con más recursos para intervenir en las tomas de decisiones oficiales. En la segunda la oportunidad de Perón de acceder a la conducción estatal se encontró con fracciones empresarias que a pesar de las divisiones se enfrentaron con las iniciativas reformistas que lesionaban sus intereses.
En el tercer el proyecto del gobierno fue convertir al mercado y a sus más poderosos agentes en orientadores de la economía y sociedad; los dirigentes menemistas conservaron el acceso a los beneficios materiales y simbólicos derivados de los cargos públicos.

Los apoyos populares
En la primera gestión el apoyo de los sectores populares se expresó electoralmente y mediante masivas movilizaciones, multitudes en plaza de Mayo. No existía un dialogo con el público.
La adhesión popular al nuevo movimiento se encontró asociada a la distribución de ingresos, mejoras salariales, y reformas sociales. El primer peronismo tendió a pensarse como obligado a realizar las políticas que le proveían apoyos sociales, reforzó los componentes favorables a la justicia social. Sus apoyos surgían de sus posesiones favorables a mejorar lo social.

Al iniciarse esa segunda experiencia, los sindicatos disponían en la política de una trayectoria y recursos que le daban ventajas para presentarse como populares. Si en el anterior gobierno peronista se había usado la plaza para la puesta en escena del pueblo, en el segundo se la empleo para conflictos internos y se impuso el sindicalismo contra sus adversarios.  Los sindicatos de los años 1946-55 fueron controlados con el estado mientras que los del 70 mostraron independencia. El segundo peronismo no paso pruebas electorales para contar sus apoyos populares.

El tercer peronismo contó con el apoyo de la mayoría de los votos provenientes de los sectores más pobres, y con la adhesión de los sindicatos más fuertes. En cambio en el decenio de Menem creció la desocupación y se desarticularon las solidaridades emergentes del trabajo, se profundizaron la marginación carencia de ingresos, exclusión de materia educacional y asistencial. No declinaron los votos por el oficialismo provenientes de los pobres.
En el período de Menem la gente de los medios populares expresaban conductas negativas ya que en años el gobierno les saco ingresos, ocupación, salud y educación. Frente esto  las dirigencias oficialistas provinciales respondieron con mecanismo de asistencia a una parte de los pobres, revelando preocupaciones sociales y búsqueda de la neutralización de las protestas, evitaban pagar los costos del proyecto neoliberal en el que los beneficiados políticos eran los menemistas.

Los apoyos  otorgados por los sindicatos al gobierno de Menem presentaron muchos aspectos distintos a las experiencias anteriores y combinaron cuestiones no exentas. El ingreso real cayó un 30% respecto a los 80, mejoro la capacidad adquisitiva de los trabajadores para adquirir medios electrónicos. Los sectores asalariados perdieron derechos laborales e ingresos pero los empresarios protestaron pidiendo más retrocesos de leyes sociales y de salarios.

En comparación con el anterior gobierno peronista, no se registraron grandes conflictos entre sindicatos oficiales y las corporaciones patronales. Las entidades empresarias insistieron en profundizar la flexibilización laboral. El FMI y el banco mundial exigieron la realización de políticas de flexibilización laboral y de ajustes de los presupuestos nacionales y provinciales que generaron despidos y huelgas. Esto mostro la debilidad de las corporaciones sindicales al desarticularse la relación estatal que los constituía.

Las mayorías electorales obtenidas por el menemismo luego fueron resultado de la suma del apoyo de los sectores peronistas y de la adhesión de quienes se solidarizaban con la política  social. El sostén se lo dieron individuos contrarios al peronismo ubicados en los superiores de la distribución de ingresos. La experiencia gubernamental de los 90 se caracterizo por la ausencia de grandes actos públicos. El clientelismo les sirvió a los pequeños jefes para disputar en partidos o elecciones locales. La ruptura que realizó el menemismo al captar la motivación tradicional de los votos populares no surgió de estudios sino de la propia práctica del gobierno.

El “otro” Carlos Menem. Mario Daniel
Menem produjo un gran giro político al reemplazar la predica populista, la “economía popular del mercado” que consistía en la exaltación de orientaciones por la ideología tradicional del peronismo: el fin del intervencionismo estatal, la privatización de empresas públicas, el ajuste fiscal, la apertura de la economía. El plan BB a partir de 1989 por el ministro de Economía Ángel Roig puso énfasis en las reformas estructurales, y privatizaciones  de empresas públicas. Lograron un éxito inicial importante aunque resultaría muy poco duradero.

Dos leyes: la de Emergencia Económica que unió las medidas al ajuste fiscal de corto plazo que requerían aprobación parlamentaria, como la ley de Reforma de Estado, que fijaba las normas orientadas a regular la trasferencia de activos públicos al sector privado. Se estableció también el igual tratamiento para las inversiones de capital nacional y extranjero. Estas leyes fueron aprobadas por el Congreso. La devaluación del dólar, la fijación del tipo de cambio, ajustes tarifarios. La conducción económica negoció un acuerdo de precios con las empresas líderes, adoptando el compromiso de “anclar” el tipo de cambio y tarifas públicas. Durante el Austral: baja muy fuerte de las tasas de inflación, mejora fiscal, inflación “residual”. Un intento de reformular el plan fue anunciado en diciembre de 1989. Al abrirse los bancos, al día siguiente de los nuevos anuncios  las tasas de interés subieron a niveles del 50%, revelando la aceleración inflacionaria. Estas medidas fueron el detonante de la segunda hiperinflación, hasta 1990.

La “Revolución cambiaria” y la segunda Hiperinflación
Un nuevo ministro de economía, Antonio González, anuncio la eliminación del control de cambios, la libre flotación de la paridad de la moneda y la supresión de todo control de precios. El gobierno de Menem acentuaba su orientación hacia la apertura comercial y la reforma de la economía pública basada en las privatizaciones de empresas estatales. Se combinaron con alineamiento de la política exterior con las orientaciones de las potencias occidentales, y de los EE.UU. esta actitud generó decisiones como la de la participación de fuerzas argentinas en la guerra del Golfo.

El tipo de cambio volvió a crecer fuertemente y las tasas de interés subieron otra vez agravando la deuda pública interna. Con el propósito de ir contra los bancos, el gobierno opto por una solución drástica, permitió eliminar la carga de intereses a corto plazo sobre la deuda interna publica. El llamado Plan Bonex de 1990, dispuso que los depósitos a plazo fijo seria sustituir en títulos de la deuda externa a diez años. Es decir, convertir en Bonex bonos externos, serie 1989 a 1830 australes por dólar. Estas medidas significaron una importante pérdida de capital para los plazos fijos y las tarifas públicas mostraban un atraso. El gobierno aplico un nuevo shock tarifario. La inflación promedió el 80% mensual a principios del 90.

El gobierno respondió exigiendo a los bancos la cancelación de redescuentos por iliquidez concedidos en los meses previos, y fijando límites estrechos para el endeudamiento de las entidades financieras con el Banco Central. Presionados por el gobierno los bancos liquidaron divisas o forzaron a sus clientes a cancelar créditos. Como consecuencia se produjo en Marzo, un exceso de oferta en el mercado cambiario. La acción del banco logro contener la burbuja cambiaria y logo así poner freno al segundo proceso hiperinflacionario sin otro instrumento que la política monetaria y anuncios de naturaleza fiscal, significo una victoria del gobierno.

A comienzos de marzo, por otro lado, el gobierno anunció un nuevo conjunto de medidas fiscales de emergencias se postergo por 60 días  el pago a contratistas de obras públicas y se suspendieron todos los trámites de contrataciones y licitaciones como también los reembolsos a las exportaciones, se prorrogo la suspensión de desgravaciones y demás beneficios industriales y  se anunciaron diversas disposiciones referidas a reestructuraciones administrativas de varias aéreas.

Luego de superado el estallido hiperinflacionario que siguió a la “revolución cambiaria”, Menem recupero popularidad y espacio político. Se produjo un cierto consenso a favor de la autonomía del Ejecutivo. Se otorgo una valoración a la privatización y al recorte del gasto estatal. Menem mostró tener una gran intuición para captar estos cambios en el estado de ánimo y percepciones sociales. Su imagen se benefició con el surgimiento de este consenso pos hiperinflacionario.

El periodo de rápida apreciación cambiaria
La contención de la burbuja cambiaria se reflejo en una caída de las tasas inflacionarias en los meses siguientes. Luego del shock monetario-fiscal de febrero-marzo las tasas de inflación tendieron a oscilar entre 10 y 15% al mes. Se produjo una declinación del tipo de cambio real, si bien desde el progresivo deterioro de las cuentas fiscales que mostraban un panorama desfavorable hacia fin de año: ambos factores alimentaron una nueva corrida contra el peso a inicios del 91. El dólar libre subió un 70%. La corrida llevo a la renuncia del ministro de economía Gonzales, lo reemplazo Cavallo, que anunció mejoras en las cuentas públicas. El primer logro de los nuevos anuncios fue la contención de la burbuja cambiaria que amenazaba con detonar una tercera hiperinflación. Poco después, el establecimiento por la ley de la libre convertibilidad de la moneda nacional con relación al dólar daba inicio formal a un nuevo e integral intento de estabilización de precios, el plan de convertibilidad.

La convertibilidad y el nuevo endeudamiento: El programa de estabilización y reformas asumía que la Argentina debía renunciar a la política monetaria y establecer fuertes restricciones a la política fiscal para superar la inestabilidad macroeconómica. Debía abrirse completamente a los flujos internacionales de comercio y capitales. El plan de estabilización se baso en el uso del tipo de cambio como ancla del sistema de precios, con régimen de caja de conversión. El banco central debía mantener el pleno respaldo de la base monetaria.
 Reformas que acompaño a la política de estabilización: Se destacan una apertura comercial y financiera, incluyendo el igual tratamiento de los capitales independientemente de su origen; las privatizaciones de empresas públicas, telefonía y telecomunicaciones, etc. Se estableció la autonomía del banco central. Otros dos cambios muy importantes: el sistema provisional fue reformado dando lugar a la coexistencia de un sistema privado de capitalización con sistema público en el que estarían los trabajadores retirados y activos. Desde el 95 se profundizó la integración regional en el Mercosur lo que daría lugar a un crecimiento de los flujos comerciales.

El contexto externo en los 90: Aspectos en el que se lanzo la estabilización: El primero es un cambio favorable del marco financiero externo. Las tasas de interés internacionales cayeron desde 1989 en adelante. Esa caída alentó los flujos de capitales hacia mercados emergentes. La baja de las tasas de interés y recuperación del acceso a fondos en los mercados privados permitió remover la escasez de divisas que limitaba el crecimiento.

Un segundo aspecto tendría consecuencias, el programa lanzado en 1991 fue precedido por la modificación de precios relativos. Las condiciones iniciales de la década se definieron por el establecimiento de unos nuevos precios relativos, con salarios en dólares muy elevados. Uno de los componentes de la desregulación financiera fue la legalización de las transacciones internas en cualquier moneda. Esto sentó la base de una dolarización del sistema financiero.

Baja inflación y crecimiento
La convertibilidad tuvo eficacia antiinflacionaria notable. La inflación mayorista bajo al 1% mensual. El índice de precios al consumidor (IPC) se incremento en 58%. La caída de la inflación fue abrupta. Desde 1994 hasta la crisis del 2001 las tasas de interés fueron cercanas al 0%. Luego de1994 seguiría una fase de estabilidad hasta el quiebre de 2001. Entre 1991 y 94 el salario real medio en las manufacturas eran un 11% inferior al lado 1986-90. El programa tenia valoración positiva en la opinión pública, lo que contribuyo a consolidarlo.

Apreciación y desempleo: El desempleo comenzó a incrementarse. Hacia 1992 hubo pérdidas de trabajo en las industrias manufacturera, Muchas firmas no sobrevivieron. Además hubo Pérdida de puestos de trabajo industriales que afecto a jefes de hogar.

Recesión y después
La economía describió 2 ciclos en los noventa luego de tres trimestres de declinación. El PBI recupero el sendero ascendente. A mediados del 98 se inició una contracción que culminaría en 2001 con el abandono de la caja de conversión, en medio de una crisis económica y política.
Entre 1998 y 2001 la declinación fue de 15%, dos tercios de esa caída son anteriores a la devaluación y la ruptura de contratos, factores como causa de la crisis. El resultado de balances de pagos, juega un papel importante durante el régimen ya que se refleja en el estado de liquidez de la economía y la demanda agregada.

En 1992 los ingresos de capitales adquirieron significación. En la fase inicial de los 90 se acumularon reservas de divisas a un ritmo importante. Esta acumulación dio lugar al crecimiento de dinero y crédito interno lo que alimentó la expansión de la demanda agregada y de la actividad. En 1994 hay aumento de las tasas de iteres internacional. Comenzó a afectar negativamente los ingresos de capitales y las reservas de divisas dejaron de crecer.  La flexibilidad externa de la economía aumento: el déficit en cuenta corriente había tendido a crecer y se acumulaba deuda. El desempeño macroeconómico se había tornado más vulnerable a cambios. Esta vulnerabilidad fue potenciada por la inexistencia de restricciones de capital.

En 1994 México soporto una corrida contra el peso, se expandió a la Argentina. El shock externo negativo dio lugar a una veloz y masiva fuga de capitales a comienzos del 95 con suba de tasas de interés. Estos factores llevaron a la economía a una contracción y crisis financiera. Seguida de concentración bancaria. En esta fase las tasas de desempleo incrementaron. La ayuda del FMI permitió cambiar el estado y frenar la declinación de la actividad interna. El sistema financiero recupero la normalidad y el sistema financiero argentino sería como un ejemplo para el mundo.

A fines de 1995 se iniciaba una nueva expansión económica. Se recupero el acceso a fondos externos, los ingresos netos de capital comenzaron a superar el déficit en cuenta corriente. Se acumularon reservas y se expandió el dinero y crédito. Una dinámica cíclica se manifestó con rapidez. El déficit de cuenta corriente volvió a aumentar, se acumulo deuda. La fuerte apreciación del dólar contribuyo a complicar el factor externo, porque el peso también se valorizo frente al euro. Hasta que en un nuevo shock financiero producto de la crisis rusa del 98 y de su impacto sobre Brasil abatió la economía. Los ingresos de capital declinaron. Se freno la expansión.

El segundo ciclo de los 90 se diferencio del primero. Uno de los aspectos fue el distinto papel del sector público y del privado en la generación de capital que alimentaron las reservas. A los largo de la primera expansión, los ingresos de fondos privados fueron predominantes. La colocación de deuda pública paso a ser significativa a partir de 1995. Los fondos obtenidos por el sector estatal a través de paquetes de ayuda permitieron amortiguar el efecto negativo de ese shock. Pero luego los ingresos de capitales se mantuvieron en un nivel muy elevado, la segunda expansión de los 90  fue alimentada por ingresos de fondos externos al estado.

Desde 1998 los capitales privados dejaron de afluir para iniciar un movimiento contradictorio durante 2001. Desde fines del 99 al asumir De La Rúa, la política macroeconómica estuvo dominada por la idea de que el depresivo de la economía tenía su origen en el mal manejo fiscal. En un elevado déficit de las cuentas estatales y acumulación de deuda pública se imponía una política fiscal contractiva para sacar la economía de la recesión. Era necesario dar dureza fiscal para la credibilidad, lo que permitiera reducir el riesgo que la deuda pública debía afrontar, y recuperar el acceso a los mercados de fondos privados. El desequilibrio de las cuentas públicas en 1997 se originaba en el déficit  del sistema de seguridad social.

Aumento de la deuda pública externa y privada en los 90. La acumulación de activos externos por el sector privado se acentuaría en la segunda mitad de la década, a partir de la experiencia del tequila.
Sucesivos paquetes de medidas se implementaron en 99, 2000, 2001. Normas como la “ley de solvencia fiscal” y “ley de déficit cero” sin lograr desencadenar el shock de confianza que debía revertir la deflación. La política fiscal actuó de manera  autodestructiva. En 2001 hubo intentos de reforzar el manejo fiscal con acciones de apoyo externo y canjes de deuda. Se anuncio el apoyo internacional y local en 2001 luego se concreto un “mega canje” y finalmente un canje voluntario. El FMI aprobaría luego un nuevo paquete para Agosto.
En noviembre, hubo fuga de depósitos  y llevo al gobierno a establecer restricciones a los retiros de efectivo de bancos. Era el fin de la conversión, dada por Cavallo. En diciembre hubo agitación en las calles, cayó el gobierno electo en 99. El país entro en default en los pagos de servicio de deuda pública y abandono el 1 a 1 con el dólar.

“Ascenso y caída de la Alianza”.  Rossi
El 2 de agosto de 2001 se creó la alianza para la producción, el trabajo y la educación, que reunía a la unión cívica radical y al frepaso. El radicalismo había sufrido una derrota importante en 1995, pero mantenía un caudal electoral significativo a nivel provincial y municipal, el frente había obtenido casi un 30 % de los sufragios. Desde su creación la Alianza intento elaborar un discurso que apuntaba a la superación de las falencias del modelo económico social, sin poner en riesgo ninguno de los éxitos alcanzados. El objetivo fundamental era imponerse frente al menemismo.

La Alianza tenía un organismo que se encargaba de la elaboración de un programa, el instituto programático de la alianza. Las líneas centrales del discurso de campaña eran definidas por De la Rúa y Chacho Álvarez. En octubre de l 99 ganan con el 40% de los votos, pero las provincias más populosas tenían gobiernos peronistas y como en la Cámara de senadores era del PJ.

La política económica
Durante los gobiernos de Menem se habían producido importantes cambios económicos: se había logrado contener la inflación, el PBI había crecido así como también el consumo, la inversión, etc. Pero al mismo tiempo la desocupación había aumentado fuertemente, llego a un 18 % en el 95, además había un fuerte incremento de la deuda externa, con importantes vencimientos a partir del 99. Estos desequilibrios serian un riesgo en caso de que la economía perdiera dinamismo.

El ministro Machinea buscó el equilibrio de las cuentas públicas a partir de un aumento de los ingresos, sin hacer ajustes del gasto publico. Presento una reforma tributaria que incrementaba y ampliaba el impuesto a las ganancias. El resultado fue el freno en el proceso de recuperación de la economía por la incertidumbre que producía la aprobación de ese paquete impositivo y el riesgo percibido por los sectores afectados por el incremento de las ex acciones. Este freno produjo que en el 2000 surgiera una propuesta para bajar los sueldos superiores a 1000 pesos. Estas bajas dificultaron las reformas en el aparato burocrático, hizo más compleja la búsqueda de excelencia en actividades que quedaban en manos del estado.

Hubo fuertes conflictos en el interior del gobierno. Dentro este surgieron sectores que criticaban la continua concesión a los pedidos del fondo monetario. Para hacer frente a los compromisos  internacionales y para sostener la convertibilidad en la moneda se gestó una operación denominada blindaje. Se logró una ayuda de 300 millones de dólares, de los cuales 20 mil serian otorgados al FMI, el banco mundial, etc. Al mismo tiempo el gobierno nacional negociaba un pacto fiscal con las provincias, que fue atacado por el grueso de los gobernantes peronistas.

Confiando en que el blindaje traería un cambio en las expectativas, a principios de 2001, Machinea permitió una expansión considerable del déficit fiscal en un intento por estimular la economía estableciendo un plan de infraestructura. La respuesta fue un incremento de la desconfianza hacia el país y lo llevó a la renunciar. En su lugar fue designado López Murphy, la prioridad era conseguir rápidamente el equilibrio fiscal. Su gestión al frente del ministerio duro poco más de 2 semanas.

En marzo se decidió un conjunto de medidas que intentaron encauzar la situación fiscal, sin tocar los salarios ni jubilaciones, lo que en el equipo económico se consideraban privilegios presupuestarios. El plan fue bien recibido en los sectores empresariales pero ocasiono una profunda crisis en el seno de la alianza. Como el plan preveía un recorte del fondo nacional de incentivo docente, se abría un foco de conflicto con este sector. El presidente opto por dejar de lado el programa, renunció López Murphy y asumió Cavallo.

Cavallo supo que no era posible reducir el gasto público, por lo tanto, intento incrementar rápidamente el nivel de ingresos y favorecer el progreso de recuperación de algunos sectores de la economía que enfrentaban la competencia del mercado externo. Planteo un impuesto a las transacciones financieras, introdujo además cambios en los acuerdos arancelarios en el interior del Mercosur, para proteger algunas ramas de la producción, que no podían competir con Brasil.

Se modificó la ley de convertibilidad incorporando al euro como moneda de paridad al momento que alcanzar el dólar. Se remplazo al presidente del banco central, asumió Maccarone.
Menem recomendó a la población que comprara dólares si no quería perder sus ahorros. Comenzó una fuga de capitales.
Frente al agravamiento de la crisis, Cavallo lanzo la ley de déficit cero, ajusta los sueldos estatales y las jubilaciones, salvo los ingresos más bajos. Se realizo una operación conocida como el megacanje, que implicaba un cambio parcialmente voluntario de deuda. El objetivo era extender los plazos de la deuda pública para reducir las necesidades financieras a corto plazo, pero se incrementaran los costos a futuro. La población reacciono retirando sus depósitos de los bancos y el riesgo país creció aceleradamente.

A principios de diciembre Cavallo introduce el “corralito” que limitaba la cantidad de plata que se podía retirar de los bancos. Esto se propuso cortar con el retiro de depósitos que podía hacer quebrar a muchos bancos. Por otra parte, para proteger a algunos sectores que no estaban cubiertos, instituía el beneficio de100 pesos para mayores de 75 años que no tenían propiedad.

Finalmente el gobierno podría flexibilizar el menú de inversiones de las AFJP estableciendo que ninguna de ellas podría cubrir más del 27% del mercado. El gobierno intento en primero realizar estos cambios por ley. Cuando la iniciativa se estanco en el parlamento, recurrió a un decreto de necesidad y urgencia. Toda esa situación genero un enorme desgaste en el interior de la alianza.

La crisis económica llevo a que se forzara a las administradoras a comprar bonos del estado. Con relación a la reforma laboral, luego de una negociación con la CGT para que se mantuvieran las contribuciones obligatorias de las obras sociales, De la Rúa logro generar consensos en torno a un proyecto aprobado por el senado. Se proponía extender el periodo de prueba para los ocupados. Chacho Álvarez firmo el decreto de necesidad y urgencia para desregular las obras sociales.

El gobierno de De la Rúa continúo con la idea de mantener la práctica de asignar recursos y controlar la administración a través del mecanismo de acuerdos de programa para la realización de determinadas actividades. Se aprueba el nuevo plan nacional de modernización del estado. Este plan partía de la idea de que el problema del estado no era su excesiva dimensión sino su forma inadecuada. Las reformas se basaban en el cambio del modelo de gestión, proyectos y modernización estructural y transparencia y política anticorrupción.

El modelo buscaba introducir la idea de responsabilizar a los gerentes por los resultados alcanzados por la organización. Muchas de estas iniciativas no se pudieron aplicar a causa de la creciente inestabilidad que afectaba al gobierno. En aéreas como las políticas sociales había una enorme fragmentación entre las diferentes secretarias.

Relación con los sectores políticos y sociales y factores que llevaron a la caída
El gobierno de De la Rúa sufrió un fuerte aislamiento casi desde su comienzo. La Alianza se fue desangrando a lo largo de sus 2 años de gobierno, se produjo la retirada de un número de legisladores que pasaron a formar parte de otras agrupaciones. En la alianza lo que primaba era la falta de coincidencias programáticas definidas. El resultado abrumador de De la Rúa sobre Meijide en la interna presidencial dejo al radicalismo y al frepaso en condiciones muy desiguales para negociar. El frepaso solo contaba con 2 ministerios y un reducido número de secretarías.

El gobierno aliancista no logro establecer buenas relaciones con ningún sector del sindicalismo. Se plantearon importantes diferencias con CTA y la CGT disidente. La CGT oficial mantuvo negociaciones con el gobierno, pero en general fueron opositores. Muchas de las iniciativas de la ministro de trabajo Patricia Bulrich referidas al manejo de los sindicatos fueron rechazadas por esos sectores.

Con relación a los grupos empresariales el gobierno de De la Rúa obtuvo el apoyo para muchas iniciativas destinadas a alcanzar el equilibrio presupuestario. El estilo de gobierno fue señalado como causa de su progresiva pérdida de legitimidad. Numerosos sectores de la alianza lo criticaban por no escuchar los reclamos de sus aliados políticos.

De la Rúa optó por adoptar una forma de gobierno buscando consenso, lo que le quitaba dinamismo. Para muchos era un presidente débil porque muchas de sus iniciativas anunciadas públicamente no se llevaban a la práctica por presiones de los grupos afectados.
También hubo maniobras de algunos sectores del peronismo que conspiraban contra la gobernabilidad. El gobierno sufrió en las elecciones de octubre de 2001 la paradójica situación de no tener candidatos que apoyaran abiertamente la gestión oficial. Hubo candidatos de la Alianza que impugnaban la mayoría de  las decisiones que se estaban adoptando. El incremento de los votos nulos, la abstención y el voto en blanco, dieron origen al denominado “voto bronca”.

Tras las elecciones el peronismo quedó consolidado como primera fuerza. El PJ aprovecho las limitaciones que gobierno delarruista tenia en ese momento para ocupar posiciones de poder.
El 20 de diciembre De la Rúa declaro el estado de sitio y ordeno la represión. La falta de respuestas por parte del gobierno profundizo el descontento de la población y provoco su caída. Un factor significativo fue la posición adoptado por el PJ que se negó a conformar un gobierno de coalición. Lo decisivo fue la debilidad de la coalición oficialista.



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