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Descartes - Meditaciones - Psicología y Comunicación - Cátedra: Lutzky

Biografia del autor:



La Haye, Francia, 1596 - Estocolmo, Suecia, 1650) Filósofo y matemático francés. René Descartes se educó en el colegio jesuita de La Flèche (1604-1612), donde gozó de un cierto trato de favor en atención a su delicada salud. Obtuvo el título de bachiller y de licenciado en derecho por la facultad de Poitiers (1616), y a los veintidós años partió hacia los Países Bajos, donde sirvió como soldado en el ejército de Mauricio de Nassau. En 1619 se enroló en las filas del duque de Baviera; el 10 de noviembre, en el curso de tres sueños sucesivos, René Descartes experimentó la famosa «revelación» que lo condujo a la elaboración de su método.





PRIMERA MEDITACION:
de las cosas que pueden ponerse en duda.
En la primera meditación Descartes busca reconstruir lo que es verdadero e  intenta librarse de sus concepciones erróneas. Para ello observa cuáles de ellas puede poner en entredicho, puesto que en aquella que encuentre razones para ello, verá señales de error, lo que bastará para desecharla. Y no tendrá tampoco que examinarlas todas, bastará aquellas que fundamenten el resto, ya que tirando los cimientos, se viene abajo todo el edificio. Descartes comienza dudando de los sentidos, argumentando que si éstos nos han engañado alguna vez hemos de pensar que pueden engañarnos siempre.
Cuando sueño siento la existencia de las cosas igual que en la vigilia y, sin embargo, no existen. La dificultad para distinguir el sueño de la vigilia presta la posibilidad de dudar también de la existencia de las cosas. Sin embargo es cierto que, aún fuera del estado de vigilia, hay verdades que prevalecen, como las matemáticas: “Pues, duerma yo o esté despierto, dos más tres serán siempre cinco, y el cuadrado no tendrá más que cuatro lados”.  No va a dudar de las ciencias exactas.
Descartes introduce un nuevo motivo de duda: la hipótesis de que puede que Dios haya puesto en mi mente estas ideas con la intención de engañarme. Pero existiría una posible objeción a esta hipótesis: podría repugnar a la voluntad divina el querer engañarme. Para evitar equívocos con la fe, se puede interpretar, (no quiere decir que esto lo haya explicitado Descartes) que él cambia la denominación de Dios engañador por Genio maligno, un ser todopoderoso que tiene la voluntad de engañarme en todo lo que pienso. Con esta hipótesis ahora parece que no puedo tener nada por cierto sin correr el riesgo de ser engañado; incluso con las verdades matemáticas puede ocurrir que “haya querido que me engañe cuantas veces sumo dos más tres, o cuando enumero los lados de un cuadrado”.
Con todo este proceso de duda, desarrollado en la 1ª Meditación Metafísica Descartes persigue llegar a una verdad absoluta.
SEGUNDA MEDITACION.
De la naturaleza del espíritu humano, y que es mas facil de conocer que el cuerpo.
 Descartes aplica la duda a la propia duda. Y es entonces cuando encuentra un elemento que prevalece a la duda. Si dudo que dudo es indudable que sigo dudando. El hecho de dudar, aunque me esté engañando, siempre puedo tener la certeza de que estoy dudando. Y dudar implica necesariamente que estoy pensando; y si estoy pensando es indudable que estoy existiendo. Por tanto estamos ante la primera verdad inobjetable, la de mi propia existencia como verdad pensante, a partir de la cual va a construir todo el conocimiento: Pienso, luego existo.
Una vez establecida una verdad indubitable, a partir de la cual va a construir todo el conocimiento, Descartes realiza una profunda meditación analítica del pensar: por él la duda desemboca en la evidencia de la realidad del pensamiento. El contenido inmediato del pensamiento es la realidad existencial del sujeto pensante: la duda puede afectar a todos los contenidos del pensamiento, pero no puede afectar al yo donde estos contenidos están. Intuimos la existencia de un yo cuya esencia es ser pensamiento. En esto precisamente consiste intuir, en percibir conexiones necesarias, evidentes. Para poder intuir conexiones necesarias entre ideas, es preciso que éstas sean simples, pues sólo la relación entre ideas simples puede ser también simple. Y sólo de lo simple hay verdadera intuición. El resto del conocimiento es deducción.
Es por esto que afirma que se tiene certeza de toda verdad que se obtenga por medio de una intuición clara y, además, distinta.ya que es así como percibió dos certezas tales como que pienso y soy y además porque todo lo que lo rodeaba le parecia confuso
TERCERA MEDITACION.
De Dios, que existe.
En esta tercera meditación, Descartes demuestra la existencia de Dios. ¿Cómo demostramos su existencia? Los humanos son una sustancia, pero una sustancia pensante, una sustancia que desea, si desea es porque le falta algo, si le falta algo es porque hay algo mejor, completo, perfecto. ¿Cómo sabemos que nosotros no somos seres perfectos? Porque nosotros, aunque captemos las cualidades de los objetos, no sabemos si realmente estas cualidades son las auténticas o si simplemente son aproximaciones nuestras, distintas seguramente a las que realmente son de su naturaleza. Descartes distingue entre dos tipos de cualidades: las primarias y las secundarias. Las primarias son las que captamos a través de la razón y las secundarias a través de los sentidos; por lo tanto, las cualidades primarias son claras y distintas, mientras que las secundarias nos pueden llevar al error. Aún pensando que fuéramos seres perfectos y autosuficientes, se nos plantea la duda de quién nos creó. El cuerpo evidentemente nace de un parto y lo explica la biología; lo que nos falta es quién crea el alma (“res cogitans”). Evidentemente debe venir de un ser superior, Dios; sólo Él es capaz de unir al cuerpo una alma. Y así queda resuelto el segundo argumento de la existencia de Dios. Aún así nos faltaría saber cómo adquirimos la idea de la existencia de Dios. Como evidentemente no puede percibirse a través de los sentidos, nos percatamos de que sólo Dios mismo nos pudo introducir esa idea de forma natural.

Luego Descartes divide los pensamientos en ideas: pensamiento similar a la imagen de una cosa, voluntades y juicios: cuando a la idea le añado algo que la relaciona conmigo, ya que es escogida como tema por mi espíritu
Las ideas en sí mismas no pueden ser falsas al igual que las afecciones y voluntades. Sea la voluntad que sea y sobre lo que sea, es una voluntad. Es en los juicios donde se puede errar, y Descartes toma como ejemplo un error que tacha como común: el pensar que nuestras ideas tienen una existencia externa a nosotros mismos: yo siento calor al estar sentado frente al fuego. También nos puede parecer que el calor es algo ajeno a nuestra voluntad, aunque Descartes rechaza esto, ya que podemos imaginarnos lo mismo pero sin intervenir en ello nuestra voluntad, o interviniendo pero sin nosotros darnos cuenta. Puede también haber una diferencia muy grande entre el objeto y su idea - como ejemplo la diferencia entre el sol que vemos y el sol astronómico.
Descartes desarrolla la idea de que una cosa engendra otra cosa, y por esto concibe la existencia de un Dios perfecto e infinito, siendo nosotros seres creados por él y gracias a esto es que poseemos ideas como las de infinitud o inmortalidad, ya que solo un ser omnipotente e inmortal como Dios podría dejarnos estos tipos de marca.
Tengo también la idea de dios antes que la de mí mismo, ya que posee más realidad y mayor perfección. Para sentirme imperfecto, he de sentir algo más perfecto que yo con lo que compararme.








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